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«No tenemos la cultura del vino que tienen en Europa»

Rafael Blanco, presidente de la DOP León. / FERNANDO OTERO
Rafael Blanco, presidente de la DOP León. / FERNANDO OTERO

Los vinos de la provincia vecina han sentado un precedente en Europa al cambiar de nombre: ya no son Tierra de León

POR JESSICA M. PUGA

La denominación de origen protegida (DOP) más extensa territorialmente de Castilla y León ha cambiado de nombre. La Unión Europea ha permitido a las 40 bodegas adheridas, repartidas a lo largo de 3.317 kilómetros cuadrados entre León y Valladolid, dejar de operar como Tierra de León para ser DOP León. Una decena de ellas estuvo esta semana en Gijón haciendo negocio, no en vano sus responsables saben lo que el Principado les repercute en cuanto a ventas. El presente de la DOP pasa por abrirse al resto de la cordillera Cantábrica, apostando por sus variedades principales: albarín y prieto picudo. El actual presidente de su consejo regulador, Rafael Blanco Fernández, no es enólogo ni bodeguero, sino comunicador, por lo que aporta un punto de vista diferente.

Nombre nuevo. «Hemos cambiado la denominación de la DOP; dejamos de ser Tierra de León para ser León porque la palabra 'tierra' remite a una calificación del vino inferior. Es el resultado de un proceso administrativo que iniciamos hace cinco años y resultó complejo, ya que la Unión Europea nunca se había enfrentado a una situación similar. Desde el pasado mes de noviembre teníamos una autorización transitoria del Ministerio de Agricultura y la Junta de Castilla de León, por lo que los últimos vinos ya salieron con esa denominación, pero el 8 de abril conseguimos la autorización definitiva de la autoridad europea».

Asturias, como en casa. «El Principado es nuestro segundo mercado por volumen de ventas. Tenemos, lógicamente, un interés comercial, pero también afinidad, factores emocionales y proximidad territorial. Nuestra sede está en Valencia de Don Juan, con eso lo digo todo (Ríe). El Principado es un mercado que nos encanta y en el que nos encontramos cómodos; lo consideramos nuestra punta de lanza en el Cantábrico, por la que pronto empezaremos a ir a Cantabria y La Coruña».

Nueva era. «La DOP nació el 17 julio de 2007. Es, por tanto, hija de la crisis, la cual condicionó mucho su desarrollo. En 2017, cuando asumí la presidencia, entendíamos que debíamos considerarlo como un punto de inflexión, nos dijimos que se acababan las excusas y que íbamos a empezar a comernos el mundo. Ese mismo año tuvimos un mazazo terrible a consecuencia de las heladas: llegamos a perder el 70% de la producción y aún no nos hemos recuperado. La pasada vendimia alcanzamos un 70% de lo que sería una producción normal, que suele rondar los 3.800.000 kilos, y este aspiramos al 90%».

Romper la pared. «En España no tenemos la cultura del vino que tienen en otros países de Europa. Es muy complicado llegar al público. Los estadounidenses y los asiáticos son gente muy informada que sabe lo que quiere y por qué. Ellos conocen los vinos no solo en términos generales, sino también a pequeños productores, las diferencias entre zonas y las variedades de uva. Esto está empezando ahora en España. Hay una generación de gente joven que sí está entrando en el mundo del vino, que sabe lo que quiere, cómo lo quiere y dónde tiene que conseguirlo. El tinto está perdiendo hegemonía en favor del blanco y el rosado, que suponen el 70% de nuestra producción. La DOP León tiene que luchar para que se reconozcan sus vinos, pero también para que se valore a quienes los hacen. Para eso tenemos que explicarnos».

A vueltas con el precio. «La uva es la base de todo el proceso y el trato debe ser acorde. No se hace, y creo que esta es la otra gran debilidad del sector actualmente. Soy el primer presidente externo -es periodista, no viticultor ni bodeguero- del consejo regulador, por lo que no tengo intereses concretos y entiendo que los viticultores no han sido justamente tratados a lo largo de la historia. Las DOP no tenemos la competencia de fijar los precios ni de mediar, pero creo que los bodegueros tendrían que ser respetuosos con el precio de la uva y no comprar nunca por debajo del umbral de rentabilidad. Es un tema difícil».

¿Dónde lo compro? «Hace unos años, el vino se consumía tradicionalmente en los restaurantes y bares y se compraba en grandes superficies. Ahí se acababan las opciones. Ahora, en cambio, hay muchas vinotecas y tiendas especializadas con gente informada y selectiva. Esto ha supuesto un cambio de concepto grande. Además, la venta 'on line' es una realidad y pienso que quien no se suba a este tren estará perdido en los próximos años, sobre todo si tenemos en cuenta que el perfil del comprador también ha cambiado».