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Un gintonic de 700 litros en Vegadeo

Un gintonic de 700 litros en Vegadeo
David Martínez brinda al público el primer gintonic.

Cuatro horas tardó la destilería en llenar el vaso con la elaboración que esperaba agotar a las dos de la mañana. Según el público, estaba «muy rico»

BELÉN G. HIDALGO VEGADEO.

No podía ser de otra forma. La ocurrencia de crear el gintonic más grande del mundo surgió en un bar, «como las mejores ideas», confesó Rubén Leivas, fundador de la destilería cántabra Siderit. Ayer, a primera hora de la mañana, Leivas y su socio, David Martínez, pusieron en marcha la maquinaria para comenzar su hazaña, aupados por su amiga, Patricia Díaz, gerente del bar La Flor, de Vegadeo. «Es complicado», dijo Leivas, aludiendo a las exigencias del reto. De hecho, al mediodía, comenzaron los trámites de certificación con la presencia de un notario, al que se sumaron un ingeniero agrónomo que realizó las mediciones y un veterinario, que llevó a cabo los controles sanitarios. Y, junto a ellos, tres testigos independientes: dos personalidades y un tercero que elegirá al azar la notaría entre el público. Después, comenzó la aventura: elaborar los 700 litros de gintonic. «Calculamos que se agotará en ocho horas», estimaba David Martínez, esperando que se cumpla su pronóstico. Eso significaría que habrían batido el récord, que pasa por beberlo antes de las dos de la madrugada.

«El proceso de elaboración es el mismo, pero en grandes cantidades», apuntó Leivas. Así, en vez de cubitos de cincuenta gramos, se volcaron otros de veinte kilos. Lo mismo sucedió con las botellas, que multiplicaron su capacidad. «Todo en tamaño XL». Igual que el vaso en el que se preparó, con capacidad para mil litros. O la pala con que mezclaron todos los ingredientes, que alcanzó los dos metros.

La expectación en la plaza del Ayuntamiento era máxima. «Tuvimos que descolgar el teléfono porque no paraba de sonar y la gente estos días se sentaba en la terraza y nos preguntaba si era aquí donde se haría el gintonic más grande del mundo», relató Díaz. A algunos, en cambio, les pilló por sorpresa. «No esperaba encontrarlo. Atrae gente y te emociona, porque se da a conocer Vegadeo», dijo Maite Pérez, vecina del pueblo. Las 2.700 copas comenzaron a servirse a partir de las cuatro de la tarde, tras el aplauso de la plaza, que esperaba para catar los primeros combinados. «Está buenísimo, pero hay que tener cuidado. Engaña. No sabe mucho a alcohol», advirtió Beverly Ballesteros, natural de Manchester. Pronto la plaza comenzó a dar buena cuenta del colosal combinado.

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