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Del mundo virtual a la dulce realidad

Ma Petite Patisserie

Ma Petite Patisserie, pastelería con obrador de Oviedo, es un ejemplo de las denominadas profesionales del siglo XXI, o de cómo un proyecto web se convierte en actividad profesional

Carmen Ordiz Pérez
CARMEN ORDIZ PÉREZ

Hace 10 años, Aymar Baliela Valls decidió comenzar un blog en el que compartir sus trucos y recetas de repostería. Allí hacía un hueco a todas aquellas creaciones que nacían de la inspiración de otras webs extranjeras y de libros internacionales. Adaptaba los dulces a los gustos de Asturias y así comenzó también a impartir talleres en su casa. Gracias al mundo virtual, conoció a muchas personas que, posteriormente, fueron sus alumnas, clientes o amigas.

«Cuando impartí mi primer taller vinieron chicas de Santander y León, fue algo que me hizo una ilusión tremenda», explica Baliela Valls. Su pasión por el dulce no es casual: le viene de su abuela materna, quien desde siempre le inculcó su amor por este mundo. «Mi primer bizcocho lo hice con seis años. Los domingos mi abuela siempre hacía pasteles para todos y a mí me encantaba mirar cómo los elaboraba».

La vida de esta joven no siempre estuvo unida a la alta pastelería. Aymar Baliela Valls se licenció en Derecho en la Universidad de Oviedo, siguiendo la estela de su padre, y vivió en Roma, donde continuó sus estudios. «El blog nació un verano en plenos exámenes. Me dije, ¿y porqué no? Lo creé con el nombre que hoy nos acompaña también en la tienda».

Aymar Baliela fue pionera en un campo que, en el año 2008, era aún un desconocido en España y pocas eran las páginas Web que albergaban esta temática. «Estaba en Nueva York visitando a mi familia y quise encargar una tarta. Fui a parar a Carlos Bakery, la tienda del famoso pastelero americano, que ahora tiene un programa de televisión mundialmente conocido. En el escaparate vi una tarta de fondant. Me sorprendió mucho porque nunca había visto nada igual. Miré a mi madre y le dije que yo tenía que aprender a hacer eso», recuerda.

A su vuelta, sin dudarlo, se puso manos a la obra hasta que consiguió realizar sus propias tartas. Así, empezó con encargos a familiares y de amigos la que hoy es su actividad profesional. Unos años después, tras las dificultades de conseguir licencias, hace su sueño realidad abriendo su pequeño obrador en la calle Soto del Barco, de Oviedo. Apenas pasado un año, ediciones Nobel llama a su puerta y le ofrece escribir un libro, ‘Tartas fondant’.

«Al principio nos dedicábamos exclusivamente a las tartas fondant, pero actualmente las bodas y los eventos son una parte fundamental de nuestro negocio. Mi marido Guillermo y yo nos encargamos de todo, desde la producción al montaje y decoración de las mesas dulces», detalla la pastelera.

Aunque, indudablemente, para sus clientes los reyes de la casa siguen siendo sus macarons. Un dulce muy asociado a la cultura francesa, pero de origen italiano, que se realiza con claras de huevo y almendra molida, y que se puede decir que esta pareja ovetense domina a la perfección.

Un claro ejemplo de que internet puede ser el impulsor perfecto para hacer realidad un sueño, en este caso, con un final muy dulce.

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