«El alcohol es especialmente peligroso para los menores de edad»

Su ingesta produce en los jóvenes una «poda neuronal» que evita el normal desarrollo del sistema nervioso central

C. RODRÍGUEZ GIJÓN.

Los asturianos de 14 a 18 años siguen siendo los que más beben del país. Así lo reflejan los datos de la encuesta Estudes que presentó en abril la Consejería de Sanidad. El 76,10% de los encuestados confesaron haber bebido alcohol en el último año, frente al 75,6% de la media del país.

El consumo de alcohol entre los menores de edad es un problema «global» y muy difícil de abordar, que necesita de un plan conjunto para su resolución, explican los expertos. «En los últimos tiempos no se ha producido un aumento del consumo de alcohol en los jóvenes, pero sí un inicio a edades más tempranas. Aumenta la precocidad», alerta Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría. «Además, las mujeres se han incorporado plenamente a los consumos, ahora beben prácticamente lo mismo que los varones, lo que supone una gran diferencia en los patrones tradicionales, en los que la ingesta de alcohol se realizaba sobre todo por hombres», detalla Bobes.

Además, es «especialmente peligroso» el consumo de alcohol por parte de menores de edad. El sistema nervioso, fundamentalmente el cerebro, no concluye su desarrollo hasta los 22 o 24 años y el alcohol es una sustancia neurotóxica, sobre todo si se consume en grandes cantidades. «Los chavales no tienen ni idea del daño que se están haciendo. Con la ingesta de alcohol, en cantidades importantes, se produce un dispendio de neuronas que se van muriendo y como el sistema nervioso no tiene, por el momento, la capacidad de sustituir dichas neuronas, se produce algo que nosotros llamamos 'poda neuronal'. Esto evita el normal desarrollo del sistema nervioso de las personas jóvenes», explicó Bobes.

«Todavía no se sabe cuales son las consecuencias a largo plazo de este consumo a edades tan tempranas», señala Laureano López Rivas, médico y expresidente de Alcohólicos Anónimos. «No se lleva tanto tiempo produciendo y por tanto todavía no se han podido medir los efectos pasados varios años», puntualizó. Recalca asimismo que además el torno al 10% de estos jóvenes acabarán siendo «dependientes del alcohol de forma definitiva». El principal problema en la lucha contra estos comportamientos, en opinión de los expertos, es que «se ha banalizado el consumo del alcohol». La sociedad no tiene conciencia del daño real que produce su consumo, sobre todo en los jóvenes.

Es por tanto, consideran, necesario hacer más incidencia en la prevención y concienciación. Algo que no deben hacer solo los médicos, psiquiatras y epidemiólogos, sino que necesita del «apoyo y la sinergia de todo el sistema social». Se necesitan sobre todo medidas de disuasión y de prevención. También, hacer cumplir las normas, porque a pesar de que el alcohol está prohibido para los menores de 18 años, existen múltiples «trucos» con los que hasta chavales de 14 años consiguen las bebidas. «La prohibiciones no son siempre las mejores medidas, pero es necesario que se dificulte el acceso de los menores de edad a las bebidas alcohólicas», valoró Rivas. «El consumo en la calle se debería regular de forma estricta».

Es precisamente en los botellones, donde se produce gran parte del consumo alcohólico que realizan los menores de edad. «Los botellones tienen un aspecto social, de encuentro, necesario y saludable, pero se mezcla con la ingesta de alcohol y drogas que provoca daños en su salud», indica Bobes. También está relacionado con conductas incívicas porque el alcohol al ser un desinhibidor propicia que algunos chavales acaben cometiendo actos vandálicos.

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