«El conflicto vecinal con Milsoles llevó mucho trabajo, pero está ya resuelto»

El interior reformado del centro de día Milsoles, poco después de su inauguración. / JOAQUÍN PAÑEDA
El interior reformado del centro de día Milsoles, poco después de su inauguración. / JOAQUÍN PAÑEDA

La reforma, que duplicó la superficie de las instalaciones, «fue muy positiva para los usuarios y los vecinos», destaca la Fundación Siloé

EUGENIA GARCÍAGIJÓN.

A finales de septiembre del pasado año, la Fundación Siloé inauguró el nuevo espacio del centro de día Milsoles. El dispositivo para personas sin recursos abierto en El Coto en el año 2004 se había quedado pequeño, una situación que llegó a generar problemas de convivencia con los vecinos -que incluso recogieron 1.200 firmas contra el centro-, por lo que la entidad decidió duplicar su superficie.

La reforma, financiada por el Ayuntamiento de Gijón, a través de la Fundación Municipal de Servicios Sociales, supuso una inversión de 85.000 euros y sumó otros tres bajos comerciales al espacio que Milsoles ya ocupaba en la confluencia de las calles de Quevedo y Leopoldo Alas. Se duplicó así tanto su superficie como el número de duchas, se mejoró la lavandería y se añadió una zona de fumadores así como una amplia área de lectura y uso de internet. El cambio, sostiene el director de programas de la ONG, Pablo Puente, «ha sido muy positivo». «El centro estaba en una situación arquitectónica muy poco funcional». Se buscó que la obra estuviera ligada a una metodología de trabajo, favoreciendo una utilización de los espacios «más funcional» que permitiera trabajar aspectos como la autogestión del bar. «Los usuarios del centro tienen este espacio social en el que colaboran y trabajan, lo que ayuda a normalizar y evitar el estigma que a menudo acompaña a una persona que acude a un centro de baja exigencia».

Disponer de un lugar en el que «les gusta estar» y donde «les motiva participar» implica «un compromiso mayor por parte de los usuarios» que se traduce en «una dinámica más positiva para todos, tanto vecinos como usuarios».

El conflicto vecinal, reconoce Puente, «fue en su momento algo complicado que llevó mucho tiempo de trabajo», pero finalmente llegaron a una solución: el servicio de mediación vecinal. Éste implica «un seguimiento diario por parte de los profesionales del centro de lo que ocurre en los alrededores y, en caso de conflicto, establece una mediación para que los vecinos se dirijan directamente a los educadores». «Afortunadamente», resume Puente, «el nivel de conflictividad ha prácticamente desaparecido».

Otro de los programas que gestiona la Fundación Siloé, el denominado 'Housing First', acaba de recibir un espaldarazo. La Fundación Municipal de Servicios Sociales ha sacado los pliegos de otras cinco viviendas -por valor de 30.000 euros- que se unirán, previsiblemente en octubre, a las cinco ya disponibles. Estos apartamentos se conciben como «un trampolín para que personas con una larga trayectoria de vivir en la calle pueda iniciar un proceso de integración».