«La gente de 30 a 50 años es la más alejada de la Iglesia»

Juan Lozano Belmonte en su despacho. / ARNALDO GARCÍA
Juan Lozano Belmonte en su despacho. / ARNALDO GARCÍA

Juan Lozano Belmonte, nuevo arcipreste de Gijón, afronta el nuevo cargo con la intención de «fortalecer el trabajo de Cáritas» y potenciar la actividad en equipo de las parroquias

JOSÉ LUIS RUIZGIJÓN.

Juan Lozano Belmonte (Madrid, 1970), nuevo arcipreste de Gijón, tomará posesión del cargo en septiembre. Misionero claretiano, ha estado destinado en colegios y parroquias de Madrid, en un equipo itinerante de formación de laicos que recorre toda España. También pasó dos años en Rusia y desde hace tres años está a cargo de la parroquia del Corazón de María.

-¿Qué supone el nombramiento?

-Pues ante todo una sorpresa. El obispo me dijo que en los sondeos consultivos previos entre el clero tenía un respaldo importante y lo acepté como un servicio a la iglesia aunque no deja de ser una complicación.

-¿Cómo es su arciprestazgo?

-Muy grande, ocupa 51 parroquias entre la zona rural y urbana y consiste en coordinar las tareas comunes. En Gijón, por ejemplo, los cursos prematrimoniales se hacen en común, la formación de adultos también y el año pasado se creó un consejo pastoral arciprestal. Normalmente, en una ciudad grande suele haber cinco o seis parroquias y cuatro o cinco arciprestazgos. Antes Gijón tenía tres, pero desde hace años es toda la ciudad. Pero lo acepto con muchas ganas.

-¿Cuáles son los retos que se le presentan para estos tres años?

-La Iglesia en Gijón siempre tiene el reto de hacerle una propuesta atractiva a la gente en la franja de los 30 a 50 años, que es la que está más alejada. La población mayor ya está presente en las iglesias. Los niños de catequesis, también. Pero los que hoy son padres son los que más tenemos que trabajar. En Gijón se está haciendo muy bien el trabajo en Cáritas arciprestal, que coordina las Cáritas que tiene cada parroquia y a su vez esa misma está en coordinación con la del Arzobispado. Potenciar eso para que no decaiga y trabajar más en comunicación y contacto es el objetivo. Por último, también hay promover el trabajo en equipo, que siempre es complicado. Pensar juntos el trabajo que hacemos los equipos parroquiales, y cómo atender a los retos que se nos presentan, como el de la inmigración.

-¿Cómo ve la relación de los más jóvenes con la Iglesia?

-Alejada, pero vamos a incrementar un año la preparación a la comunión, antes eran dos años y ahora serán tres. Nos hemos dado cuenta de que los niños llegan a primer año de comunión sin una base cristiana esencial. Se le llama despertar religioso y se les enseña cómo se hace la señal de la cruz, cómo se reza el 'padrenuestro', cosas que antes se aprendían en casa y que ahora no. También se invita a los padres a que acudan a la parroquia una vez al mes y así puedan conocerse y comentar los temas que les preocupan y acercarles a la fe. Sabemos que su rutina hoy en día no es fácil, pero queremos encontrar espacios para que también puedan incluir a la iglesia en sus vidas.

-¿Echa de menos más colaboración institucional?

-A lo mejor más que colaboración, quizá habría que buscar más espacios para sentarnos a dialogar. Es verdad que a ninguno nos sobra el tiempo, a veces estamos distintas instituciones trabajando en favor de un colectivo, pero no nos hemos sentado para ver cómo lo hacemos cada uno y cómo podemos ahorrar recursos y esfuerzos. Ahí sí creo que hay que romper algunos prejuicios y sentarnos para trabajar en equipo. Al final todos trabajamos en favor de colectivos que nadie atiende. Pero quiero ser optimista y pensar que eso es posible y que podremos trabajar unidos porque eso va en beneficio de toda la ciudad.