«La incorrecta dosificación de un antibiótico puede favorecer que reaparezca la infección»

Álvaro Domínguez-Gil. / P. UCHA
Álvaro Domínguez-Gil. / P. UCHA

El doctor en Farmacia Álvaro Domínguez-Gil explicará hoy sus 'cubos de la salud' a las 19.30 horas en el Ateneo Jovellanos

EVA FANJULGIJÓN.

«Un sufrimiento innecesario, el retraso en la mejora del paciente e incluso la muerte». Estas son algunas de las consecuencias en las que puede derivar el abandono de los tratamientos prescritos por los médicos, advierte el doctor en Farmacia y especialista en Farmacia Hospitalaria Álvaro Domínguez Gil. Se refiere así al incumplimiento terapéutico una práctica «nociva» alarmantemente extendida sobre la que lleva décadas concienciando.

Esta tarde, a las 19.30 horas, Dominguez-Gil impartirá la conferencia 'El paciente ante los medicamentos', en la sede del Ateneo Jovellanos -segunda planta de la Escuela de Comercio-. En su ponencia, explicará cómo «el paciente no cumple los tratamientos prescritos por el médico por cambio de horarios, vacaciones, olvidos, desmotivación o porque no es consciente de su enfermedad», explica.

Ante la evidente gravedad de este problema, el experto farmacéutico pantetó en 2004 'Los cubos de la salud', un sistema didáctico y de comunicación para que los pacientes comprendan de forma visual la importancia de cumplir los tratamientos. «Este juego te explica cómo debes tomar los medicamentos y que si no lo haces así no llegas a lo que se llama concentración mínima eficaz, es decir, la concentración mínima en sangre que se necesita para que los medicamentos de síntesis química hagan efecto, porque de lo contrario es como si tomásemos agua», recalca. El juego permite hacer un seguimiento del tratamiento y constatar qué errores comenten los pacientes en la administración de los fármacos. Además, no todos las sustancias son iguales. «Los medicamentos tienen un nivel mínimo y otro máximo y la diferencia entre ellos es lo que se llama el margen terapéutico», indica.

Graves consecuencias

En algunos casos, «una incorrecta dosificación de un antibiótico puede favorecer la reaparición de la infección y el desarrollo de tolerancias». En otros, como la interrupción de los antihipertensivos o el olvido de una dosis de un fármaco para el corazón puede conllevar graves consecuencias ser incluso el fallecimineto repentino».

Para conseguir concienciar a la población de la importancia de seguir las indicaciones médicas en lostratamientos farmacológicos «es necesaria la cooperación e implicación de los profesionales sanitarios, los pacientes y los políticos», asegura.

La trascendencia de este asunto quedó reflejada en las primeras jornadas científicas de adherencias a los tratamientos, que se desarrollaron en octubre de 2012. Allí quedó constatado que «el 52% de los pacientes no presentan una correcta adherencia o cumplimiento de los tratamientos, lo que se traduce en un mayor número de reingresos hospitalarios de cuadros agudos y, por lo tanto, un mayor coste par el Sistema Nacional de Salud», advierte Domínguez-Gil. Los sobrecostes para el sistema sanitario, vaticina, se disparán «porque las personas no son conscientes de lo que supone el medicamento». En concreto, un estudio europeo sobre el cumplimiento del tramiento alertaba en 2013 de que «el 49% de los pacientes olvidan tomar la medicación y el 29% la abandonan una vez iniciado el tratamiento, el 31% no retiran el fármaco prescrito de la farmacia y el 24% toman una dosis menor a la indicada», recuerda el especialista.

Pastilla para el colesterol

De ahí, «la necesidad de informar y concienciar la paciente de su patología así como de las tomas de su medicación», añade. «Si tomamos una pastilla para el colesterol una vez a la a semana no vale para absolutamente nada», advierte el farmacéutico que apuesta por la divulgación como medio para concienciar a la población de la importancia de tomar de forma adecuada los fármacos prescritos.

Álvaro Domínguez-Gil cuenta con una amplia experiencia docente y profesional que inluye, entre otras cosas, la dirección técnica del Instituto Farmacológico Español en Santiago de Compostela, de 1975 a 1979; también fue profesor de Farmacología de la Escuela de Enfermeras de Gijón entre 1980 y 1990.