Un recorrido por la memoria en el pulmón verde de todos los gijoneses

Clara González, Carmen Moriyón y el resto de visitantes atienden a las explicaciones del guía. / ARNALDO GARCÍA
Clara González, Carmen Moriyón y el resto de visitantes atienden a las explicaciones del guía. / ARNALDO GARCÍA

El Consistorio prevé repetir en primavera las rutas guiadas por el parque de Isabel la Católica tras agotarse las plazas

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

De marismas, mosquitos y escombros a pulmón verde de la ciudad. El origen mismo del parque de Isabel la Católica constituye una curiosa -y afortunada- anécdota: nació de la propia transformación de Gijón. En la primavera de 1941, el Ayuntamiento acordó proceder al saneamiento de la 'charca del Piles', una zona pantanosa e insalubre, para transformarla en parque público. Y para conseguir fijar los terrenos, obligó a los constructores a verter todos los escombros en las huelgas del Piles.

Esa es la primera de las muchas historias que vertebraron un parque que desde ayer se puede conocer de una manera diferente, a través de las visitas guiadas organizadas por el Área de Sostenibilidad y Cambio Climático del Ayuntamiento. Una manera distinta de pasear por el entorno verde que forma parte de la vida de todos los gijoneses pero que, paradójicamente, pocos conocen en profundidad. «El parque de Isabel la Católica es una joya que no tiene nada que envidiar a los de otras ciudades», resaltó Clara González, directora de Medio Ambiente, antes de comenzar el primero de los recorridos que cumplen con una las medidas incluidas en el plan de uso y gestión del espacio puesto en marcha el pasado mes de marzo y que trata de «fomentar el uso del parque, valorar su arquitectura, su fauna y su flora».

'Anecdotario del parque de Isabel la Católica' es el título de la experiencia. No podía ser más apropiado, ya que en las visitas fluyen los recuerdos de infancia y la memoria de cada uno de los gijoneses que vivieron el parque a su manera ayuda también a reconstruir su historia. «Todos, cuando fuimos pequeños, veníamos a ver los patos», dijo ayer la alcaldesa, Carmen Moriyón, quien participó en la visita. «Recuerdo los carritos de golosinas», señaló una visitante, mientras que otra, Josefina María Viñas evocó aquellas tardes en las que «venía con mis primas y veíamos el parque como algo mágico, un auténtico cuento de hadas en el que además había un tiovivo». El guía, Alberto Martínez, animaba a intervenir mientras contaba los hechos: que fue Ramón Ortiz, responsable de los jardines de la Casa de Alba, quien diseñó el espacio y que no se dio por terminado hacia finales de los años 60.

El recorrido comienza en las escaleras cercanas a la avenida de Castilla y pasa por el templete modernista que originariamente estuvo ubicado en la plaza de Europa, por la rosaleda de corte francés cuyos rosales han sido recientemente replantados y aún están creciendo o por el lugar donde en 1987 un rayo tiró el sauce plantado en honor a Jovellanos. El visitante podrá descubrir cuáles son las especies de plantas más frecuentes, aprenderá que «en 1953 se trajeron cinco parejas de venados de los Picos de Europa» que habitaron en el parque hasta la década de los ochenta y, si tiene la misma suerte que hubo ayer, quizá pueda ver un huevo de emú. Dado el éxito de la iniciativa -que ya ha agotado sus plazas, veinte por jornada los días 16, 23 y 30 de este mes y el 7 de enero, además de la ruta inaugural -«la idea sería continuar en primavera», anunció la alcaldesa.

 

Fotos

Vídeos