Trump celebra con errores de protocolo la invitación de la Reina de Inglaterra

Donald Trump. /Reuters
Donald Trump. / Reuters

El magnate que quiso terner relaciones sexuales con Lady Di disfrutará del 2 al 6 de junio la pompa real de la vieja Europa durante el aniversario del desembarco en Normandía

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Tercera temporada del Ala Oeste. Un personaje comete el imperdonable error en el severo mundo del protocolo británico de dirigirse en un comunicado a la Reina Isabel como tal, en lugar de «Su Alteza la Reina Isabel». Parecido a lo que ocurrió este martes en el comunicado de la Casa Blanca en el que el presidente de Estados Unidos Donald Trump aceptaba la invitación del Palacio de Buckingham para visitar el Reino Unido el 3 de junio.

El encargado de escribirlo debió recordar que también se le puede llamar «Su Majestad», pero «¿Qué es eso de 'Su Real Majestad'?, se preguntaban escandalizados los británicos por Twitter. «Todavía no ha llegado y ya nos está avergonzando», lamentaba uno. Cuando llegue la fecha tal vez deseen que eso haya sido todo.

En su anterior visita el atorrante mandatario se saltó todos los protocolos caminando por delante de la Reina, dándole la espalda, como hace frecuentemente con su esposa Melania, ignorando las indicaciones de la monarca para que siguiera la coreografía en la revisión de la guardia de honor y obligándola a seguirle como un perrito faldero, disminuida en dignidad tras el hombretón americano con aires de matón y en estatura a sus 93 años.

La visita de estado es la deferencia más alta del estado británico que la reina Isabel de Inglaterra solo ha concedido a George W. Bush en 2003 y Barack Obama en 2011. Es también el caramelo con que Theresa May trató de ganarse al nuevo presidente cuando lo visitó por primera vez en la Casa Blanca en 2016 con los deberes hechos, consciente de cuánto anhelaba esa pompa.

En las conversaciones preparatorias que se mantuvieron en los años siguientes, fuentes de la prensa británica dijeron que el mandatario quería que la reina lo viera jugar al golf en el Palacio de Balmoral, mientras su equipo veía en esa oportunidad una foto icónica como la de Reagan montando a caballo en el castillo de Windsor, junto a una monarca mucho más joven.

Las conversaciones se vinieron abajo porque Londres no le pudo garantizar que no habría protestas contra él, lo que limitó el año pasado su visita. Esta vez dormirá en el palacio real pero se conformará con el banquete de honor para 150 personas y un discurso ante el Parlamento británico que aún está por verse. El portavoz de la Cámara de los Comunes John Bercow tiene potestad para oponerse y había jurado hacerlo. La delicada situación del Reino Unido ante el caos del 'brexit' y la necesidad de establecer alianzas podría convencerle de cultivar esa «relación especial» que alega la Casa Blanca para justificar la visita en el aniversario del desembarco de Normandía. Trump continuará después a Francia, donde ya admiró de un vistazo la forma física de la mujer de Emmanuel Macron, a la que al menos no llamó «el máximo trofeo de esposa», como dijo de Lady Di. Según escribió la presentadora Selina Scott en el Sunday Times, Trump la incomodaba al «bombardearla» con flores en el palacio de Kensington. En una de sus «charlas de vestuario» radiadas, el magnate bromeó sobre cómo tendría sexo con ella invitándola a su limusina «a que la revise el médico», algo a olvidar ante sus hijos en esta cena de estado.