«José Franco Baizán era algo más que un cura, fue muy querido»

José Franco Baizán, rociando con agua bendita. /
José Franco Baizán, rociando con agua bendita.

El sacerdote allerano, canónigo de la Catedral desde 1985 y excapellán del Centro Asturiano falleció ayer en Oviedo a los 83 años

DANIEL LUMBRERAS

José Franco Baizán Pando, canónigo de la Catedral de Oviedo desde 1985, falleció ayer a los 83 años. Sacerdote muy conocido por su constante presencia en el primer templo de la diócesis, quienes lo conocieron coinciden en destacar su «carácter afable».

Además de cura, Baizán también fue jurista; llegó al honor de ser miembro correspondiente de la Real Academia Asturiana de Jurisprudencia. De cuando estudiaba Derecho, y ella Filología, en la Universidad de Oviedo lo recuerda la cronista de la ciudad, Carmen Ruiz-Tilve: «Era amigo de muchos años, un hombre muy cercano. Nos vamos quedando sin referentes».

Baizán era un enamorado de la Catedral. «Siempre que puedo estoy aquí y se ha convertido ya en mi casa. Es una enciclopedia de arte», relataba a este diario en 2014. Sus lugares favoritos eran el claustro y el cementerio de peregrinos, que dan «tranquilidad y paz, despiertan en uno alegría».

Dentro del Cabildo, el finado era el fabriquero, una suerte de administrador y custodio del templo. El también canónigo José María Hevia contó que hace veinte días, cuando fue relevado del cargo por motivos de salud, «se emocionó». «Se dedicó al cuidado de la Catedral con gran esmero, pasaba muchas horas allí. Era una figura importante de la ciudad y celebró muchas bodas por llamada directa de los novios. Conocía a los padres y casaba a los hijos», relató.

El actual fabriquero, José Ramón Garcés, describió a Baizán como «un hombre afable, con cantidad de amigos en Oviedo, muy conocido y popular y con una proximidad especial en el trato». En sus últimos momentos, aquejado del corazón, «mantuvo su talante vital intenso hasta el final. Se hacía querer, lo vamos a echar de menos», concluyó.

Nacido en Moreda, Baizán estudió entre los seminarios de Oviedo y de Valdediós. Se ordenó sacerdote en 1957 y comenzó ejerciendo su ministerio en Mieres. Más tarde, fue coadjutor de San Tirso el Real, sacristán mayor de la Catedral y finalmente canónigo. «Era un allerano de pro, referencia de las vocaciones del concejo», aseguró Hevia.

Ya asentado en el sacerdocio, Baizán fue profesor, entre otros, en el desaparecido colegio de San Isidoro. Así lo rememoró el presidente de la Asociación de Amigos de la Catedral, José María Casielles. «El centro hizo verdaderos milagros, recogieron muchos chavales que habían fracasado y los sacaron adelante». «De él tengo una imagen sensacional, era un modelo de lo que había que ser. Es una pérdida grande para Oviedo», añadió.

El fallecido fue también director espiritual de la Adoración Nocturna en Oviedo. «Hemos quedado como huérfanos. Fue una gran persona y un gran apóstol, logró formar un grupo de cuarenta y tantos jóvenes», apuntó el presidente de esta agrupación en Asturias, Efrén Díaz.

Otra responsabilidad que ejerció durante «más de cuarenta años», y con gran abnegación, fue la de capellán del Centro Asturiano. «Era algo más que un cura. Tuvo una dedicación constante y fue muy querido, lo siento de corazón», declaró, muy emocionado, el presidente de la entidad, Alfredo Canteli.

El funeral por el eterno descanso del sacerdote tendrá lugar mañana jueves a las doce del mediodía en la Catedral, presidido por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes. La capilla ardiente de Baizán quedó instalada ayer en la Casa Sacerdotal.