«Me parecería bien que trasladasen San Mateo a otra zona de la ciudad»

El deán, Benito Gallego, en la Catedral de San Salvador./Hugo Álvarez
El deán, Benito Gallego, en la Catedral de San Salvador. / Hugo Álvarez

Según distintos arquitectos, el alto volumen de los conciertos ha acelerado «el envejecimiento»de la Catedral

ALBERTO ARCE

El máximo responsable de la Catedral de San Salvador, la Catedral de Oviedo, es el leonés Benito Gallego (Villamoratiel de las Matas, 1943), que fue elegido deán en 2005 y reelegido en 2010. Además, es doctor en Teología y su canonjía en el Cabildo es la de Penitenciario. Lleva toda una vida dedicado al oficio eclesiástico y, bajo su etapa como responsable, se han llevado a cabo labores de restauración en objetos tan emblemáticos como el Arca Santa, y están previstos –y aprobados– otros como el de la capilla de los Vigiles, que contará con un presupuesto de 366.665,46 euros del Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE, dependiente del Ministerio de Cultura). Tras las festividades de San Mateo, el clérigo hace balance del papel que ha representado el histórico edificio, para algunos, seña de la verdadera identidad de la ciudad.

–¿Qué le parece que otro año más se hayan celebrado las fiestas de San Mateo en el entorno de la Catedral?

–Siempre es un incordio, porque casi ni se puede entrar, por los chiringuitos y los montajes, pero se ve que no tienen otro sitio mejor. No solo es una molestia para la vista y las entradas a la Catedral, sobre todo la entrada al Jardín de los Reyes, que incluso un día estuvo cubierta la rampa de acceso, sino también por la música tan estridente que hay en ciertos momentos. No obstante, están respetando los horarios de las celebraciones de doce a seis y media. Aun así, nosotros, a partir de las cinco, cuando comienzan los ensayos de los grupos, aquí estamos confesando y no hay manera de entenderse. El sábado pasado, por ejemplo, fue un exceso.

–Los arquitectos dicen que es algo sumamente perjudicial para la estructura del edificio. ¿Es así?

–Efectivamente. Solo con poner la mano en alguna de las paredes basta para comprobar que las vibraciones, tan fuertes y mantenidas, son un daño claro para la estructura. Puede causar un envejecimiento brutal e incluso desprendimientos. No todo está perfecto y esto, año tras año, puede agravarlo.

–¿La alternativa del futuro podría estar en San Lázaro?

–Me parecería bien que lo trasladaran a otra parte. No obstante, no soy el más indicado para decidir dónde o cómo. Solo pido que se alejen las fiestas del entorno de la Catedral.

–¿Qué están preparando para la Noche Blanca?

–Aún estamos trabajando en el programa, pero hemos decidido sumarnos un año más.

–¿Hay fecha para comenzar las obras de la capilla de los Vigiles?

–Se nos ha adelantado que el Instituto Nacional de Patrimonio va, por fin, a restaurar la capilla de los Vigiles y posiblemente podamos empezar con los retablos de la girola. En teoría las obras van a comenzar a finales de año y se van a llevar a cabo en dos ejercicios, con una extensión aproximada de cuatro o cinco meses.

–¿Cómo avanzan el resto de restauraciones pendientes?

–Todo tiene que ir acompasado con las posibilidades económicas de la Catedral y con los permisos necesarios de Patrimonio. Están necesitadas de restauración y mantenimiento, aparte de los cinco retablos de la girola, distintas zonas como la cubierta de la capilla de Santa Eulalia o las vidrieras de la zona sur, que sufren los estragos de la lluvia. Siempre hay que estar vigilantes.

–¿La odisea del presupuesto? ¿Tienen ayudas municipales, regionales o estatales?

–Para la capilla de los Vigiles, sí, que es una actuación del plan director del Ministerio. En cuanto al resto, no, solamente utilizamos los fondos propios de la Catedral, que se recaudan casi absolutamente de la venta de entradas.

–¿Entradas vendidas en lo que va de 2018?

–Se han vendido menos que el año pasado por estas fechas. Ha habido cerca de ochocientos visitantes menos al mes durante todo el verano. El año pasado se vendieron unas 117.000 entradas, pero este año no se llegará a las 115.000.

–¿Esa recaudación es suficiente?

–Nunca es suficiente, porque el edificio siempre requiere más. No obstante, mantenemos sin tanto agobio el desarrollo ordinario de la Catedral, las nóminas de los empleados y los distintos gastos que se generan como la reposición de luminarias, etcétera.

–¿Qué tal las relaciones con el equipo de gobierno?

–Las relaciones que existen en estos momentos son institucionalmente correctas. Cuando hay que pedir algo, como hemos hecho para que se respeten los horarios de los oficios durante las fiestas, se pide. Aun así, no veo que hayan dicho o hecho nada al respecto de estas casetas que se han puesto prácticamente en el jardín (en referencia al punto violeta), al lado de Alfonso II o que se hayan dado pasos en favor de alejar las fiestas de la Catedral. Por nuestra parte, no hay problema, aunque tampoco sean ideales. El equipo de gobierno pertinente tiene que gobernar en favor de todos los ciudadanos y no solo de algunos. La Iglesia está acostumbrada a vivir con todo tipo de gobernantes y lo único que pedimos es que no tengan un comportamiento sectario.

–¿Las fiestas de San Mateo han aumentado las visitas a la Catedral?

–Al contrario, han disminuido. Tenemos los accesos prácticamente cortados. Además, y poniendo un simple ejemplo, hace unos días hemos oficiado una boda a las cinco de la tarde, en pleno estruendo. Algo impensable.

–La restauración del Arca Santa ha sido uno de los hitos más importantes de los últimos años. ¿El balance es positivo?

–Por supuesto. Fue una operación magnífica de colaboración entre el Instituto Nacional de Bienes Culturales, la consejería de aquí y la Catedral que se realizó sin contratiempos. El Arca Santa, cuyo arreglo pagó la Catedral, quedó magníficamente restaurada. Este es un modelo de colaboración entre la Iglesia y la institución pública.

–Como teólogo y conocedor de aquello que perturba el sueño de quienes se confiesan, ¿cuáles diría que son los males espirituales que aquejan a Oviedo?

–No solo a Oviedo, es algo generalizado. Faltan espíritu de servicio, sentido de la reciedumbre, para hacer lo que cada uno tiene que hacer por uno mismo, o sentido sobrenatural cristiano, que se ha ido perdiendo con el paso de los años. El individualismo, el materialismo y el hedonismo, que dirían algunos, están en Oviedo y son actitudes que algunos padecen muy a mi pesar. Por desgracia, las nuevas generaciones han perdido el sentido del esfuerzo.