La maleza invade la zona rural de Oviedo

Sergio Huerta muestra una carretera de dos carriles en Santa Marina de Piedramuelle comida por la maleza en el que apenas puede pasar una persona. /ALEX PIÑA
Sergio Huerta muestra una carretera de dos carriles en Santa Marina de Piedramuelle comida por la maleza en el que apenas puede pasar una persona. / ALEX PIÑA

Vecinos de Latores, Piedramuelle, Olloniego y del Naranco denuncian la falta de limpieza | Advierten al Ayuntamiento que la vegetación oculta caminos, atrae jabalíes y que el mobiliario urbano está descuidado

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Una imagen vale más que mil palabras y las que ilustran este reportaje hablan por sí solas. La maleza se come, literalmente, la zona rural del municipio. Desde Latores a Olloniego pasando por el Naranco o Santa Marina de Piedramuelle, las cunetas y caminos aparecen invadidas por la maleza. Los afectados coinciden en un punto: se ha reducido el servicio de mantenimiento y la limpieza de caminos por parte del Ayuntamiento, dicen. «Es obvio que no pasan con la misma frecuencia. Antes el servicio de mantenimiento pasaba tres veces al año, ahora pasa una sola vez y en lo que llevamos de 2018 no han venido todavía», explica Sergio Huerta, presidente de la Asociación de Vecinos de Santa Marina de Piedramuelle. «Está claro que la empresa encargada del mantenimiento no realiza en tiempo y forma el cuidado de nuestros caminos».

En este punto, el pasado 12 de junio el concejal de Economía y Empleo, Rubén Rosón, anunció que el Ayuntamiento está preparando un contrato de mantenimiento de caminos y sendas rurales, para evitar situaciones de peligro «en condiciones adversas», como incendios o trombas de agua. Lo anunció en el contexto de las inundaciones sufridas en Trubia hace un mes que provocaron importantes argayos que obligaron a desalojar dos viviendas de la localidad cañonera.

Y el peligro existe, al menos para Justino Pérez. Vecino de Constante, localidad a los pies del monte Naranco y propietario de varias fincas en la zona, es tajante: «Se va a armar una gorda porque va a acabar quemando el Naranco entero. Nada más que seque este un poco y haya un incendio, aquí no queda un risco».

La maleza ha invadido todos los caminos de los pueblos y accesos a las fincas que jalonan el monte y también su carretera. Los arcenes de la vía que va desde Santa María del Naranco hasta las antenas de telecomunicaciones ubicadas en la cima están comidos por las altas hierbas que llegan hasta la propia carretera. «Si vas con la ventanilla abierta te entran en el coche», ejemplifica Justino Pérez.

Eso para los vehículos pero para la cantidad de senderistas y turistas que optan por recorrer los caminos de la zona, la situación es igual de adversa. «Desde el aparcamiento de los monumentos hasta arriba del Naranco apenas se puede transitar, hay que ir con un palo en la mano para apartar la maleza».

Este vecino cuenta que «se rumorea que la limpieza no la van a hacer hasta septiembre cuando antes se hacía los meses previos al verano», explica. «Nosotros como propietarios de las fincas limpiamos lo nuestro pero el resto está como está, abandonado y comido por la maleza».

Al crecimiento de la 'exuberante' vegetación ha contribuido también la cantidad de lluvias registradas en el municipio. Un problema añadido que en Santa Marina de Piedramuelle se traduce en un aumento de la presencia de jabalíes en la zona. «Entre la maleza de las cunetas se han creado barrizales por las lluvias y esto ha atraído a un gran número de jabalíes», explica Sergio Huerta. «Hace unos días, viniendo en coche, me topé con una pareja y sus crías, eran más de ocho y ni se inmutaron, se quedaron allí como si nada, ni siquiera se asustaron cuando toqué la bocina. Imagínate si cruzan la carretera y los atropello».

En esta localidad al oeste del municipio también hay que sumar el robo y daño en el mobiliario urbano. «En la zona de El Trigal se han llevado bancos, cables, cobre y hasta las farolas del proyecto de urbanización que estaba previsto desarrollar aquí», ejemplifica el presidente de la asociación de vecinos. «Si todo lo que pagamos de impuestos los que vivimos en la zona rural lo destinaran a su mejora aquí se viviría de lujo. Porque a los políticos se les llena la boca asegurando que iban a mirar por la zona rural y lo único que hay es abandono y decadencia», se lamenta. En este sentido, desde la asociación vecinal de Santa Marina de Piedramuelle estudian acudir al Defensor del Pueblo denunciando la situación.

«No nos conoce ni Dios»

El Codejal es un pequeño pueblo ubicado entre Olloniego y La Manzaneda. Cuenta con setenta habitantes que ahora, en los meses de verano, se duplican. Sus vecinos se lamentan de que «no nos conoce ni Dios», ta y como afirma Celestino Iglesias. «Nosotros pagamos el IBI como los que viven en la calle Uría, o más, pero aquí nos come la porquería».

No hace falta más que acercarse al parque del pueblo para comprobarlo. Sentarse en unos de sus bancos está más próximo de parecer que se hace en una selva que en un parque. «El parque lo hicimos nosotros, los vecinos, el Ayuntamiento solo nos dio el hormigón pero se comprometió a limpiar la zona y nunca lo han hecho», asegura Iglesias. Un compromiso que viene de los tiempos de Gabino de Lorenzo como alcalde. «Han pasado más de catorce años y el Ayuntamiento nunca hizo nada, lo hicimos nosotros pero ya estamos cansados». Hace dos semanas, el grupo municipal de Ciudadanos recogió las quejas de estos vecinos para trasladar en la comisión de Urbanismo la problemática.

En Codejal no solo hay problemas con el parque del pueblo sino también en las carreteras de la localidad. Celestino Iglesias pone el foco en el «penoso» estado de la vía que atraviesa el pueblo. «No caben dos coches» asegura. Pero lo más «peligroso» es un cartel indicador hacia la carretera que lleva a Santolaya. «Realmente es un camino para ganado y tractores con un desnivel muy acentuado donde el coche se te va. Tener ese indicador ahí es mandar a la gente que no conoce el lugar a la muerte», advierte por lo que exige que el Ayuntamiento retire la señal.

Otro de los puntos calientes de la zona rural de Oviedo afectada por «el abandono» es Latores. «Tenemos las carreteras y las caleyas tomadas por la maleza, la hierba ha crecido muchísimo por las lluvias y ha anegado los arcenes», señala Galo Blanco, presidente de la asociación vecinal de la localidad. Esto se traduce, según Blanco, en «serios problemas de visibilidad a la hora de conducir». El asunto ya se lo han trasladado a la concejala responsable, Ana Rivas. «En la última reunión nos dijo que había un presupuesto para que pasaran a limpiar una vez al año pero estamos en julio y aún no han pasado».

Precisamente, la Concejalía de Infraestructuras y Servicios Básicos que dirige la socialista Ana Rivas anunció hace un mes el inicio de la campaña veraniega de desbroces a través de brigadas de operarios. El plan es que cada semana se desplacen por diferentes puntos del municipio y por delante les queda mucha maleza que cortar.

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