La fiesta está servida

Pierde todos los dedos de un pie tras una pedicura con peces
Arranque de las fiestas en la plaza de Porlier. / MARIO ROJAS

Lleno total y gran ambiente en la primera noche de los chiringuitos | «Son las mejores fiestas», afirman los ovetenses que mantienen sus tradiciones mateínas: «Salir todos los días, los bocatas de calamares y los fuegos»

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

34 años bajo el amparo de la Sociedad Ovetense de Festejos y un día bajo la Fundación Municipal de Cultura, a los chiringuitos -esos tinglados festivos que cada septiembre aparecen como setas de temporada en las plazas del Casco Antiguo- les da igual quién mande mientras llueva lo justo.

Poco cambia de año en año y, sin embargo, las ausencias se hacen notar. La segunda canción en el Pinón Folixa fue con dedicatoria. «A la memoria de alguien que ya no bailará más con nosotros», anunció el speaker en referencia a Manolín 'El Gitano', personaje nuclear del paisanaje ovetense.

Permanecen las tradiciones que respetar. Para Carlota Labajos, Pablo Rozas, Raquel García y Jesús Manuel Martínez su San Mateo -«las mejores fiestas que hay»- consistirá en «salir todos los días, comer bocatas de calamares e ir a ver los fuegos». Hitos particulares de cada cuadrilla de amigos y familias que se conservan año a año. Poco cambia, pero cuando lo hace, es para siempre. Mónica Álvarez, Alex Díaz y Blanca Varela cuidan de la pequeña Adara. «¿Nuestro San Mateo?, el de ella, que es el primero», contestan.

Las peñas del Real Oviedo amanecen con el himno del club. El trasiego no cesa y las planchas refulgen ya grasientas. La Corrada del Obispo va más lenta en llenarse y, al revés del año pasado, cuando la tormenta aguó la fiesta a los hosteleros, el Bombé roza los tres cuartos de entrada.

De vuelta a Porlier, hay quien mantiene la ortodoxia hasta el límite. Mientras unos abren antes de que el chupinazo resuene en la plaza de la Constitución y despachan cervezas a ritmo de diputado de la Junta General, otros mantienen las persianas bajadas hasta el último minuto. «Lo manda Fidel» parecen decir. Abrazos, selfies y empujones por alcanzar un mojito. Siempre hay alguien que se queja. « A cuatro euros, un atraco».

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