«Montar esta obra me ayudó a alejar el zoom sobre mi vida»

Claudia sale a escena a contar su propia existencia. :: E. C./
Claudia sale a escena a contar su propia existencia. :: E. C.

Claudia Pablete descubrió a los 22 años que había sido 'robada' por una familia durante la dictadura argentina. Mañana lo cuenta en el Jovellanos

M. F. ANTUÑA

Lo que va a ocurrir mañana sobre el escenario del Teatro Jovellanos de Gijón es pura realidad. Convertida en teatro documento, acompañada por la belleza de la puesta en escena, del vídeo, pero pura y dura realidad. Porque 'Claudia' se llama el espectáculo y Claudia se llama la protagonista. Ella no es actriz. Su segundo nombre es Victoria y sus apellidos Poblete Hlaczik, pero no siempre fue así. Nacida en Buenos Aires en 1978, supo que su nombre y sus apellidos eran esos con 22 años, cuando descubrió que la que creía su familia no lo era.

Ella fue uno de esos niños arrancados a sus padres para ser criados por familias afines al entorno militar de la dictadura argentina y ella misma lo cuenta todo. «Recuperé mi identidad en el año 2001 cuando mi abuela me encontró, yo había sido secuestrada junto con mis padres», introduce la propia Claudia, ya sin miedo a hablar, de ese proceso de «reconstrucción de los vínculos familiares» de alguien que se había criado en el «extremo ideológico opuesto». Fue duro. Muy duro. Y años después de haberlo afrontado, le llegó la propuesta del montaje teatral. Parecía la herramienta más idónea para contar, para hablar de identidad, de justicia internacional, de tantas cosas y hacerlo en el marco de una trilogía de teatro documento de la compañía barcelonesa.

«El proceso para armarlo fue traumático, pero me ayudó a poner perspectiva, a alejar el zoom», anota esta ingeniera informática madre de dos hijos que nunca se había subido a un escenario. «El proceso duró casi un año, trabajando con Carles e Eugenio, me sirvió de mucho, al principio pensé que no iba a poder hacerlo, pero al final compartir el viaje, entrar y salir, me sigue resultando algo terapéutico», explica. Carles F. Giua y Eugenio Szwarcer la acompañan en el trance bajo la dirección del primero.

Ella vivía en Argentina y ellos en España. Y la primera parte del trabajo fue por skype, de manera virtual, luego, en el cara a cara, el ambiente de confianza le dio la tranquilidad para hacerlo. «Compartí mucha información desde mi niñez hasta que recupero mi identidad, sobre todo de ese proceso de aceptación, y juntos fuimos encontrando el hilo conductor, decidiendo qué escenas nos parecían más importantes». Así se hizo y así sale a escena. Y ocurre que unos días es más doloroso transitar por un tema y al siguiente lo es otro. «A veces me cuesta más hablar de la infancia, de lo que les sucedió a mis padres cuando fueron secuestrados; otros, de la adolescencia, pero en general me cuesta más situarme en el rol de niña», subraya.

Las heridas siguen abiertas. En Argentina en general porque aún quedan muchos casos pendientes. «Se han realizado muchos juicio y eso ayuda, siento que la sociedad ha hecho un camino en Argentina y las víctimas nos sentimos acompañadas, tenemos el apoyo que nos permite seguir trabajando, pero las abuelas todavía buscan a trescientos nietos, por eso es importante que la historia se siga difundiendo», explica. Por eso, añade, es importante, que se pueda ver aquí en Europa y en otros lugares. En el plano puramente personal, no se podrán quitar los puntos de su cicatriz hasta que no sepa qué sucedió con sus padres. «Al no tener la verdad no se puede cerrar la herida», concluye.

Esta historia llena de dolor se cuenta con la ayuda del vídeo como gran aliado, también la fotografía, la luz... Todo un dispositivo escénico que acaba de llegar de Holanda, pero que sin embargo aún no se ha podido ver en Argentina. A Claudia le gustaría. «Sería importante para mí compartirlo con la gente querida», asegura.

De momento, a Barcelona viajaron para verla su abuela y Estela de Carlotto, la presidenta de las abuelas de la Plaza de Mayo. También su familia más cercana. La emoción está siempre a flor de piel, de manera especial cuando son exiliados argentinos los que conforman el público. «Siempre hay alguien que se acerca a compartir experiencias, a agradecer, la recepción siempre es muy cálida», concluye.