Las dudas estratégicas persisten en el PP pese al bálsamo de gobernar tras el 26-M

Pablo Casado./
Pablo Casado.

Fuentes territoriales aprueban que Casado haya contenido su exposición pública pero temen que el partido esté descapitalizado

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

La toma de posesión de Isabel Díaz Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid será para Pablo Casado el broche de un proceso por retener el poder territorial que se ha alargado casi tres meses. Los pactos con Ciudadanos y Vox han permitido, finalmente, a los populares la continuidad en tres ejecutivos autonómicos -el madrileño, Castilla y León y Murcia-, que, junto a Galicia y Andalucía, constituyen la fuerza institucional del partido en tiempos de oposición. Un bálsamo tras el derrumbe electoral del 28-A que, sin embargo, no resuelve las dudas internas sobre la estrategia de la dirección nacional.

Aunque la efervescencia de la resaca de las generales quedó atrás y ha descendido el volumen de la crítica por haber perdido buena parte del centro político, las discrepancias no se han extinguido. Fuentes territoriales observan que pese a algunas modificaciones, no ha habido rectificación de fondo. La principal prueba de ello la encuentran en la remodelación de la cúpula del PP en julio. Después de que varias direcciones autonómicas demandaran una ampliación del núcleo de Casado para integrar a todas las sensibilidades, quienes analizan el resultado concluyen que el presidente ha diseñado una organización «absolutamente a su medida».

De todos, el nombramiento más controvertido, por su cuestionamiento en las filas del PP, ha sido el de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz en el Congreso. Desde los territorios, sabedores de que la diputada por Barcelona contaba con la total confianza de Casado, habían mostrado de manera preventiva sus recelos. Fundamentalmente, por su crítica activa a la gestión de Mariano Rajoy en el Gobierno, por estar ubicada en la órbita del expresidente José María Aznar y por acrecentar, entienden, la percepción de un partido que se inclina hacia su «ala dura».

Ella será ahora la voz en el Congreso, donde las fuentes consultadas detectan, además, una «descapitalización» del PP. Lo achacan a la pérdida de referentes de anteriores etapas, a la marcha de ministros de Rajoy y a unas listas que creen que se elaboraron con «afines» y sin tener del todo en cuenta la «experiencia». «Y eso con sólo 66 escaños se nota demasiado», apunta un dirigente popular.

En cuanto al discurso, también surgen dudas sobre la conveniencia de que el debate identitario acapare el mensaje -con Cataluña y Navarra en el foco- y de que se imponga una visión excesivamente centralista del país que se lleve por delante los matices del PP en distintos territorios y anule, apunta un veterano, el carácter «regionalista que el partido, en algunos lugares, no puede perder si aspira a ganar elecciones y neutralizar al CIU de turno». «El PP es más que el PP de Madrid», añade otra voz conservadora.

Proximidad electoral

En todo caso, los populares conceden tiempo para que el proyecto de Casado cuaje. Ahora podría tener una legislatura por delante o tener que afrontar el 10 de noviembre unas nuevas elecciones si la investidura de Pedro Sánchez termina por ser inviable. En este segundo caso, las mismas fuentes ponen en valor que en los últimos meses el presidente del PP haya contenido su exposición pública y moderado el número de intervenciones. Consideran que ese factor contribuye a construir la imagen de líder de la oposición con aspiración a gobernar frente a un Albert Rivera que incluso rechaza reunirse con el jefe del Ejecutivo en funciones.

Unos y otros dan por hecho que el PP podría mejorar sus resultados en caso de que se abrieran las urnas. «Pasar, quizá, de 66 a ochenta y tantos escaños», pronostican. Y si bien contemplan cierto desgaste de Ciudadanos y, sobre todo, un debilitamiento de Vox, también advierten del riesgo de afrontar una campaña «desde la oposición y con una importante merma económica».

En los territorios intuyen, en todo caso, que la dirección nacional se prepara para todos los escenarios. Así, interpretan que se está apelando a la unidad de voto en la derecha para restar opciones al PSOE en unos hipotéticos comicios. Ese es el sentido pragmático que le encuentran a las llamadas constantes a Ciudadanos a sumar fuerzas y a que el secretario general del PP haya registrado la marca España Suma y todas sus variantes autonómicas como potencial plataforma de una coalición en el futuro.

«Va calando el mensaje -deduce un dirigente territorial- de que si no nos unimos, malo. Y, además, mostramos nuestro interés en reconstruir el centro derecha para ser alternativa a la izquierda, lo que podría premiar el electorado». Más allá de eso, a día de hoy, fuentes populares no ven recorrido a la propuesta ni creen que la alianza de Navarra Suma pueda extenderse de manera global.