Elogio de la cultura como motor

Eduardo Chillida junto a Vicente Álvarez Areces en la inauguracíon del 'Elogio del Horizonte'. :: CITOULA/
Eduardo Chillida junto a Vicente Álvarez Areces en la inauguracíon del 'Elogio del Horizonte'. :: CITOULA

En Gijón su sombra es muy alargada y remite a la escultura de Chillida, la municipalización y rehabilitacíon del Teatro Jovellanos y la apuesta por los grandes conciertos La Laboral, el Niemeyer y el Jurásico fueron algunos de los proyectos de la era Areces

GIIJÓN.

A Areces el amor al arte le dio algo más que un dolor de cabeza. Literal y figuradamente. Para la historia queda el guantazo que un propio le propinó en la inauguración del 'Elogio del horizonte', la escultura de Eduardo Chillida que fue criticada, odiada y vilipendianda y hoy es un símbolo, un icono, un lugar mágico a la vera del Cantábrico del que ya no solo nadie reniega si no todo lo contrario. Era alcalde de Gijón Tini en aquellos felices ochenta en los que la cultura empezaba a hacerse hueco cuando supo que un escultor vasco reconocidísimo en medio mundo buscaba enclave para una escultura de gran formato. Y lo vio claro, meridiano, evidente: el cerro de San Catalina, ese espacio ganado para la ciudad después de décadas en manos del Ejército, era el lugar perfecto. Se fue a San Sebastián, convenció a Chillida de que le diera una oportunidad, el donostiarra pisó Gijón y decidió que allí iba a colocar su 'Elogio'. En 1990 se inauguró y Tini se ganó el celebre puñetazo, que no fue el único de su vida política (en 2010 se llevó otro durante la llegada del Tren Negro).

Pero ni la violencia física ni la verbal le hicieron renegar de un convencimiento: que la cultura es un motor turístico, económico, que aporta belleza, disfrute, goce y mucho más que eso, que es negocio, es vida para la ciudad, para la región, que un museo es un reclamo, un lujo y un honor. Por eso, en Gijón bajo su mandato se impulsó el trabajo de la Fundación Municipal de Cultura que se fusionó con la Universidad Popular, los grandes conciertos de figuras internacionales y en sus años nació también la Semana Negra, a cuyo corte de cinta no falto ni como alcalde ni como presidente ni como senador ni como ciudadano de a pie. Fue en 1988 cuando se celebró la primera edición del festival literario que había de mezclar renglones y calamares, caballitos y debates, tómbolas y exposiciones. Y fue un año después cuando se produjo la expropiación del Teatro Jovellanos para convertirlo en equipamiento municipal. En 1995 reabría sus puertas con la cara lavada y la apuesta por una programación de calidad para públicos dispares por bandera.

En Gijón la sombra cultural de Areces es enormemente alargada, como alcalde primero y como presidente autonómico después, puesto que no hay que olvidar que Laboral Ciudad de la Cultura fue uno de sus grandes logros. Y que Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, que no pasa ahora por su mejor momento después de muchos años de vaivenes económicos y de que el público siempre le haya dado la espalda, abrió las puertas durante su mandato.

Fueron múltiples los desafíos de Areces en pro de la cultura, aunque los partidarios de la oficialidad del asturiano siempre le reprocharon -y aún lo hacen- la falta de una apuesta clara por la llingua. De modo que en sus años de presidente no era raro verle en diferentes actos lidiando con la Pita Pinta de la Xunta que reclamaba para el asturiano la consideración de oficial aquí y allá. Siempre dijo no. Sí le dio un sí contundente a otro de esos grandes iconos culturales de la Asturias de principios del siglo XX. En el año 2011 se inauguraba el Centro Oscar Niemeyer de Avilés. A orillas de la ría, se levantó una arquitectura impactante y se programó lo mejor de lo mejor. Hasta el mismísimo Brad Pitt se dejó ver. También tuvo sus horas bajas y sus presuntos desmanes económicos están pendientes de resolución judicial.

Sea como fuere, es indiscutible que el Niemeyer es un icono de una Asturias en la que todos los municipios buscaron en algún momento su propio hito, su Guggenheim. No todos lo consiguieron, pero uno de los que sí tiene el suyo es el concejo de Colunga: el Museo del Jurásico abrió sus puertas en el año 2004. Rufino García Uribelarrea diseñó un edificio que representa el contramolde de una huella de dinosaurio que cada año recibe miles de visitantes.

En Teverga, otra arquitectura singular destacando entre el verde rural se alzó para viajar a la prehistoria mediante reproducciones de cuevas emblemáticas, incluidas las asturianas, como la de Candamo. En 2007 se inauguró el Parque de la Prehistoria.

No lo inauguró él, pero sí durante su mandato se dio el paso al frente definitivo para asumir la esperada y siempre postergada ampliación por mil razones del Museo de Bellas Artes de Asturias. El arquitecto navarro Patxi Mangado se hizo con la reforma de los edificios del Antiguo para unirlos, darles unidad y abrirlos a primera línea de la plaza de la Catedral siendo Areces presidente, que en 2007 colocó la primera piedra.

Con sus luces y sus sombras, con sus victorias y sus fracasos, Areces siempre tuvo una altura de miras estratosférica a la hora de hablar de cultura. Optimista y con un espíritu guerrero y ganador, siempre miraba lejos, aspiraba a más y mejor. En una ocasión resumió en el Niemeyer lo que él buscaba fomentando la cultura: «Prestigio en todo el mundo, con un sello de excelencia y de calidad». Y dijo entonces y siempre más: «Significa desarrollo económico». Un elemento dinamizador, un motor. Eso fue la cultura para Areces.

 

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