Navantia mantiene las movilizaciones porque no se fían de Defensa

El presidente del comité de empresa del astillero de Navantia San Fernando, Jesús Peralta. / Foto: Román Ríos (Efe) | Vídeo: Europa Press

Borrell reconoce contactos diplomáticos con Arabia Saudí al haber «intereses contradictorios» en la venta de armamento

CECILIA CUERDOSevilla

Cortes de carreteras, manifestaciones, paros parciales. Los trabajadores de los astilleros de Navantia en Cádiz aprobaron hoy por unanimidad un calendario de movilizaciones para exigir garantías de que se mantendrá en vigor el contrato para construir cinco corbetas con Arabia Saudí que garantizará 6.000 empleos durante los próximos cinco años. La plantilla no se fía del Ministerio de Defensa e ignoró sus llamamientos a la calma. Reprochan al departamento que dirige Margarita Robles el anuncio de rescisión del contrato de venta de bombas de precisión al país árabe porque puede tener repercusión en el resto de acuerdos, y reclaman al Gobierno un comunicado oficial con garantías de que el contrato sigue vigente.

La plantilla celebró hoy una asamblea multitudinaria en la que se acordó abandonar la factoría y cortar el tráfico en la CA-33 y la A4, provocando colas kilométricas y problemas en los accesos a Cádiz. Más de 1.500 trabajadores se sumaron a la concentración, donde se volvieron a escuchar cánticos tristemente recientes en la zona como «si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra». La comparecencia de la ministra de Defensa en el Senado de estelunes para apaciguar los ánimos tras un fin de semana tenso no hizo sino acrecentar unas dudas instaladas desde que conocieron la anulación de una misión árabe a la factoría.

«Sus palabras estaban llenas de ambigüedades y en lugar de transmitir certeza y seguridad, han generado incertidumbre», protestaron desde CC.OO. de Andalucía. Para el comité de empresa, «se ha perdido el hilo de esperanza» que todavía tenían. El comité de empresa subraya además el mensaje de «pérdida de credibilidad» que se lanza a unos clientes al «revisar el contrato una vez firmado».

La plantilla de trabajadores insiste en que la decisión anunciada la pasada semana por Robles de rescindir o la menos revisar «con rigor» los contratos de venta de armamento del Ejército a Arabia Saudí a fin de evitar que sea usado contra población civil en Yemén, como ocurrió en agosto en el ataque contra un autobús con niños, «es nefasta y sin precedentes». Y por tanto defenderán su trabajo «con uñas y dientes».

Con un importe de 1.800 millones de euros para construir cinco corbetas, es el mayor acuerdo comercial para los astilleros del país y garantizaría siete millones de horas de trabajo y unos 6.000 empleos anuales directos e indirectos durante los próximos cinco años en las factorías de la Bahía de Cádiz, Ferrol y Cartagena y su industria auxiliar. Desde Galicia, donde se realizarían parte de los componentes, ya han rechazado sumarse a las movilizaciones después de que el presidente del Gobierno haya trasladado a los responsables sindicales de UGT y CC.OO. un mensaje de tranquilidad.

Fricciones en el Gobierno

La hipotética anulación de los contratos que darían empleo a una de las comarcas más lastradas por el paro ha impactado en el PSOE, que calienta ya motores para la campaña electoral. De hecho, los trabajadores aseguran que desde el Ejecutivo regional se les ha alentado a seguir con las protestas contra el Gobierno y «mantener la tensión». No obstante, la presidenta andaluza, Susana Díaz, expresó hoy su confianza en el compromiso que le transmitió Pedro Sánchez la pasada semana sobre el mantenimiento del contrato de las embarcaciones.

El asunto ha creado fricciones incluso en el propio Gobierno, después de que la portavoz del Ejecutivo matizara el anuncio de la rescisión del contrato. Después de que la ministra de Defensa negara la existencia de tensiones con el Gobierno de Riad, su homólogo de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, reconoció desde Bruselas la existencia de contactos diplomáticos para lograr una solución y mantener el contrato de las corbetas, ya que hay «intereses contradictorios» que deben ser «tomados en cuenta». «Se me está poniendo una oreja en forma de península arábiga a base de tener que ocuparme continuamente de un problema que ciertamente es importante», ironizó sobre las conversaciones con embajadores y el Ejecutivo.

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