El príncipe saudí era lo único real

El príncipe saudí era lo único real
El príncipe Abdullah ibn Faisal ibn Turki, durante un debate en un foro internacional. / E. C.

El francés Maurice Jean Lauze decía representar a Abdullah ibn Faisal ibn Turki

Octavio Villa
OCTAVIO VILLA

¿Cómo se embauca a todo un equipo de gobierno de una comunidad autónoma para que llegue a estar a punto de poner sobre la mesa 100.000 millones de pesetas? La receta es compleja y no está al alcance de cualquiera. Hay que apostar fuerte y montar un escenario digno de la película 'El Golpe'. El francés Maurice Jean Lauze supo ser el componedor de ese guiso, para el que se requería, como víctima propiciatoria de la estafa, una región sedienta de inversiones, muy necesitada de una reconversión industrial (la minería se moría a ojos vista) y con un buen caudal de millones disponibles en forma de ayudas a la reindustrialización.

La receta que Lauze presentó ante el presidente del Principado en aquel entonces, Juan Luis Rodríguez-Vigil, y su consejero de industria, Víctor Zapico, tenía un ingrediente fundamental: una presunta inversión de 366.000 millones de pesetas que se suponía que iba a financiar el Saudí International Bank (SIB). Así, sin más, la receta era casi un carpaccio. Cruda y, a muchos ojos, un tanto sospechosa, sobre todo porque al anzuelo de la grandiosa inversión le seguía la poca convincente necesidad de que hubiera una aportación de fondos públicos por la poco moderada cantidad de 100.000 millones de pesetas (unos 600 millones de euros). Para darle una mejor apariencia, un bouquet y hasta un cierto glamour, Lauze era consciente de que había que aportar credibilidad. Así las cosas, el galo no solo se presentó como representante del SIB (que existía, pero con el que él no tenía ninguna relación oficial) y, en un alarde de atrevimiento rayano en la completa inconsciencia, puso la guinda al pastel que llevaba meses cocinando, también aseguró ser el representante en España del príncipe Abdullah ibn Faisal ibn Turki, un descendiente directo de Saud ibn Faisal y hermano del sultan Faisal. Para ello, Lauze presentó a los mandatarios autonómicos asturianos un poder, que resultó ser falso, para demostrar su vinculación con este miembro de la Casa Real saudita.

Las ganas de creer que aquel supuesto maná procedente de allende el Sinaí era real y consistente hicieron el resto. Había hambre de millones e inversiones, una necesidad absoluta de ir transformando empleos de sectores que iban quedando obsoletos en nuevas iniciativas como el complejo petroquímico que presuntamente avalaba Abdullah ibn Faisal a través de Maurice Jean Lauze y una escasa intención de comprobar las referencias. Junto al poder, en francés, que indicaba que Lauze contaba con una garantía de un 5% del accionariado en Kintyre Stations Service y que supuestamente firmaba el príncipe Ibn Faisal, también presentó una acreditación, en castellano y también falsa, de la embajada de Arabia Saudí en España, donde se le presentaba como director de Kintyre Sales Limited y persona «bien conocida en esta embajada por su relación de negocios con la entidad estatal saudí Samareg y su amistad personal con el director de esta empresa, a la sazón, precisamente, el príncipe Ibn Faisal. Además, el falso documento presentaba a Lauze como experimentado negociador «de inversión de capital saudí en una refinería del Principado de Asturias, así como en una red de estaciones de servicio en España» y de la «adquisición de productos refinados para Carrefour, con 1.500 estaciones de servicio en Francia». Todo era falso. Por bien que oliese el guiso, todo en torno a Lauze era cartón piedra.

Pero todo lo sustentaba él en la figura del príncipe saudí, -siempre sin el conocimiento de este- que sí era muy real. De hecho, Ibn Faisal, ingeniero de formación, fue coordinador del desarrollo de ciudades como Jubail y Yanbu, fue secretario general de la Comisión Real Saudí y presidente desde 1991 de la misma. En 2000, el príncipe Abdullah ibn Faisal fue responsable de las inversiones extranjeras y nacionales en Arabia y gobernador de la Autoridad de Inversiones de Arabia. En 2015 fue nombrado embajador de Arabia Saudí en Estados Unidos, en el segundo mandato de Barack Obama, y fue reemplazado el 23 de abril de 2017, ya con 66 años, por el príncipe Khalid bin Salman al Saud.

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