Te seguimos queriendo, Alfredo

Te seguimos queriendo, Alfredo
ANTONIO TREVÍNExpresidente del Principado

No es fácil, Alfredo, decirte adiós. Nunca me imaginé que tuviera que hacerlo. Me pasa contigo lo que me pasaba con Tini. Os consideraba a ambos indestructibles. A tí, a pesar de tu mala salud de hierro. Empezaré por el principio. Nos reunió Maravall al elegirnos para su equipo. Tú para la Universidad española, yo para la educación no universitaria asturiana. Y nos conectó en 1986 Alberto Marcos, entonces rector de la Universidad de Oviedo, al encargarme que te buscara una casa por Llanes, para veranear aquel agosto. La encontré y os aventurasteis a venir. Aquel año y treinta y dos más. No fallasteis ni uno. Parres, Celorio, Bricia y Lledías os ofrecieron alojamiento. En el Chiqui, la Parrera, el Jornu..., apostasteis por la gastronomía asturiana. Toranda, su chiringuito y el Tlaxcala os hicieron habituales de Niembro. Hace poco más de un año aceptaste presentarme en la entrega de la 'Manzana de Oro' que me concedió el Centro Asturiano de Madrid. Dejaste claro que ya solo intervenías en los actos que te apetecía. Y que en aquel estabas por amistad. Me atreví a pedírtelo porque, como dije aquel día: «Con Alfredo uno transita tranquilo por los vericuetos políticos. En cada una de las ocasiones en que mi partido, el PSOE, se encontraba ante una disyuntiva no tenía más que mirarlo. Sabía que íbamos a coincidir. Es más, solo en una ocasión no emprendí su mismo rumbo y debo confesar que me equivoqué». Ambos estábamos ya en la categoría de 'clásicos'. La de los del PSOE de siempre. El de Ramón Rubial: «Primero España, después el PSOE, por último los que militamos». El de Felipe González y Alfonso Guerra: «El PSOE no es propiedad de sus militantes, sino de la sociedad española y a ella se debe antes que a nada». El de Zapatero, que supo, como tú, unir y cohesionar al partido después de congresos que se resolvieron por mínima diferencia. Encarnaste como nadie ese espíritu de integración. El más alejado del sectarismo. Ignacio Urquizu lo resumía estos días como nadie: «No siempre estuve de acuerdo con él (con Rubalcaba). De hecho, siempre supo que no era mi opción en el Congreso de Sevilla. Eso no impidió que al día siguiente contara conmigo, me encomendara tareas relevantes en su Conferencia Política y me tratara como si le hubiese apoyado». Te fuiste, Alfredo, pero te seguimos queriendo. Pilar y los que, anualmente, acudían con vosotros a Llanes (Jaime, tu compañero del alma; las Pilares, Jose, Lourdes...). Todos tus numerosos amigos. Mucha ciudadanía anónima que hoy se siente un poco huérfana. El viejo y el nuevo PSOE. En resumen, una gran parte de España, tu país. El que siempre fue tu pasión de hombre aparentemente tranquilo. Descansa en paz, compañero y amigo del alma.