Un socialista para la historia

Un socialista para la historia
ADRIÁN BARBÓNSECRETARIO GENERAL FSA-PSOE

Todavía no nos podemos creer que nos haya dejado Alfredo Pérez Rubalcaba. Perdemos de golpe un referente esencial. Como socialistas, uno de los pilares que sostienen y permiten crecer a nuestro partido; como españoles, una de las manos que construyeron el mayor periodo de bienestar de la historia de nuestro país; como asturianos, un cómplice de nuestro futuro, un apasionado por Asturias que tenía en Llanes la patria de sus veranos y en Toronda el mar de su memoria.

Su legado es de tal dimensión que resulta muy difícil destacar alguna de las numerosas deudas que tenemos con Rubalcaba. Fue protagonista de los dos mayores logros colectivos que acometió nuestra sociedad en democracia: la construcción del formidable edificio del Estado del Bienestar y la derrota de ETA. Resalto esos dos porque es muy difícil encontrar una persona capaz de salir victoriosa ante dos retos tan descomunales como dispares. Porque esa capacidad solo puede nacer de la hondura intelectual y la enorme voluntad para el trabajo que definían a Rubalcaba. Puso la misma pasión en enseñar desde la Universidad que en construir, al frente del ministerio de Educación y Ciencia, una educación pública donde otros pudiesen enseñar con dignidad y todos pudiesen aprender en igualdad de oportunidades. Y tuvo la tenacidad, la fortaleza y la inteligencia necesarias para derrotar al terrorismo de ETA, ignorando los ataques que recibía por tener el coraje de intentarlo.

Cada vez que, como ahora, comenzamos una campaña electoral, recuerdo y repito unas palabras suyas: «Cuanto menos se tiene más importante es tu voto. Los votos construyen hospitales. Con la indiferencia no se construye nada». Entendía que sólo «un ejercicio de política grande nos permitirá recuperar la esperanza y combatir el temor de nuestros conciudadanos», porque él vivía en ese territorio donde el político se convierte en estadista y el partido en herramienta al servicio del país y su ciudadanía.

Rubalcaba decía que entre sus sueños de adolescente nunca figuró el de ser ministro. Muy lejos de eso, confesaba que se soñaba a sí mismo tomando la salida en una final de los 100 metros lisos bajo la mirada de una multitud, aunque rápidamente aclaraba con humildad que «ni siquiera pensaba en medallas, tan sólo en el honor de estar entre los mejores». Te aseguro que cumpliste aquel sueño, Alfredo. Que estuviste entre los mejores. Entre los pocos elegidos que pasan a la historia por hacer posibles los sueños de bienestar de millones de personas.