«El cine sin riesgo es como pretender tener hijos sin sexo»

Francis Ford Coppola. /
Francis Ford Coppola.

Coppola ha apostado fuerte en una carrera de grandes éxitos y grandes fracasos con una filosofía clara: «El único peligro es dejar la vida pasar sin hacer nada y pensar 'ojalá hubiera hecho esto'»

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Es un maestro, pero no se siente como tal. De hecho, sostiene desde la convicción más absoluta que el suyo es un oficio en permanente aprendizaje, porque a un medio tan joven como es el cine -«tiene solo cien años»- le queda mucho por crecer, multiplicarse, desarrollarse. Y precisamente a eso ha jugado Francis Ford Coppola (Detroit, 1939) durante toda su trayectoria cinematográfica, que le ha llevado a transitar caminos poco trillados o casi vírgenes a veces con éxito notable y otras no.

El Coppola Princesa de las Artes ha sido un aventurero del celuiloide sin miedo a la caída libre en todos los sentidos. Lo mismo que ha acumulado premios ha enlazado un par de ruinas y a base de empeño y cabezonería ha conseguido rodar lo que quería y ha descubierto que para firmar ese tipo de cine lo mejor es ser autosuficiente. «La gente piensa que un realizador conocido puede hacer los filmes que quiere, pero no es cierto», ha dicho Coppola en más de una ocasión. En lugar de pedir financiación a los estudios para filmar películas viables y convencionales, merece la pena arriesgar hasta la camisa. Eso le ocurrió con 'Apocalypse Now', hoy un clásico incuestionable que a punto estuvo de dejarle sin blanca y desquiciado. O con 'Corazonada', que no le costó el divorcio de milagro. O 'La conversación', que financió con sus viñedos californianos.

La autofinanciación para afrontar los proyectos personales es uno de los principios básicos del cine de Coppola, con permiso del riesgo que, por supuesto, ordena, manda y amalgama todos los ingredientes del cóctel. Él tiene muy presente una máxima que le han enseñado los años de oficio: «No hay que preocuparse por el éxito o el fracaso de un filme, la verdadera evalución de tu trabajo llega 20 o 30 años más tarde». O dicho en otras palabras mucho más elocuentes: «Lo que te lleva al despido de joven te vale un premio a toda tu carrera cuando eres mayor».

«Cine literatura»

A Coppola le define una obra con la que ha buscado mirar más allá del entretenimiento y adentrarse en ese cine que «es literatura», con la que plantear preguntas y encontrar respuestas. Una película es eso: el interés por un tema y la persecución en pantalla de la manera de desentrañar el misterio. Lo aprendió de cineastas europeos como Fellini, Rossellini y Antonioni, también de Kurosawa, y lo sigue aprendiendo de Spike Lee, su hija Sofia o Wes Anderson, gentes que no se limitan a autoversionarse a sí mismos, que miran adelante con ganas de innovar. «El lenguaje del cine es fruto de la experimentación, de gente que no sabía lo que hacía».

El aprendizaje es continuo. Y no hay clases magistrales que valgan. Hace cinco años, en el Festival de Cine de Marrakech, fue invitado a dar una 'master class'. Rechazó de pleno la denominación y la cosa se quedó en una conversación con estudiantes. No se anduvo con chiquitas. Ya desde el principio puso los puntos sobre las íes: «¿Quieres tener éxito, ser rico y famoso, y que todo el mundo te invite a festivales de cine, o quieres hacer películas preciosas y bellas, que revelen humanidad en cierto modo y que sean útiles? Son dos maneras distintas de hacer las cosas».

Lo cierto es que él ha logrado encontrado un equilibrio entre esas dos maneras de ser y estar. Aunque le pese, es una estrella cuya presencia se rifan los festivales, y sigue siendo un amante del riesgo. «Un elemento esencial de cualquier arte es el riesgo. Si no te arriesgas, ¿cómo vas a hacer algo realmente hermoso que no se haya hecho nunca antes? Siempre me gusta decir que el cine sin riesgo es como no tener sexo y pretender tener un hijo».

En aquella charla a los estudiantes, desgranó unos cuantos consejos. Uno: apuntar, no confiarse a la memoria y tomar notas continuamente; el tiempo puede darle a un papel olvidado un valor impensable. Dos: no hay que tener miedo a copiar a quien se admira, es solo un primer paso en el camino hacia un estilo propio. Tres: el dinero no es importante, durante siglos el arte ha sido fruto del amor (al arte).

A esa terna siguen otras. ¿Qué pasa con el guión? «Tiene que ser como un haiku, muy conciso, muy claro, minimal». Entre otras razones, porque hay que escuchar a los actores y a los técnicos y desalojar el «no» del vocabulario del director. «Hay que escuchar a todo el mundo, porque el cine es colaboración». Y verdad, por encima de todo. Su consejo no deja lugar a dudas: «Haz que tu trabajo sea personal, y no mientas, para un artista es muy importante no mentir y, sobre todo, no mentirse a sí mismo».

Colaboración y mano izquierda. Lo sabe bien Coppola que tuvo que lidiar con el mismísimo Marlon Brando y conoce a fondo cómo manejar a los actores y cómo las escenas han de ir componiéndose y madurando. «Una escena es como un pastel que metes en el horno, no funciona inmediatamente, tienes que cocerla un poco. Esas hermosas secuencias de las películas no surgen inmediatamente, necesitan un poco de tiempo de maduración y paciencia». Como el buen vino. Y de eso también sabe un rato Coppola.

Así se hace el cine. Con paciencia, con creatividad y con las ideas claras. «Siempre tienes que saber cuál es el tema de la película en una o dos palabras. En 'El padrino' era la sucesión; en 'Apocalypse Now', la moralidad. Es importante que así sea porque el director tiene que tomar muchas decisiones: pelo largo o corto, vestido o pantalones, barba o no barba... Muchas veces no sabes las respuestas y conocer cuál es el tema ayuda».

Sueños y pesadillas

Coppola siempre ha mirado al futuro sin temor a la tecnología, sino todo lo contrario. Todo lo nuevo es bienvenido y el presente artístico es el que es: «La idea de que la gente pague por ver películas es extemporánea». La microfinanciación es la vía. Seguro que el bueno de Francis ya anda maquinando maneras de seguir haciendo cine -últimamente está centrado en su faceta como productor-, aunque tenga que hipotecar sus viñedos de San Francisco. Continuará buscando sueños y pesadillas con los que traspasar la pantalla aunque le atenacen las dudas del creador. «Incluso los grandes artistas tienen dudas. Hacer películas es un esfuerzo tan titático que tienes que estar loco para dedicarle tanto tiempo a algo que piensas que podría no ser bueno. Pero es más fácil y menos arriesgado fallar por falta de fe que fallar intentándolo. El verdadero riesgo está en dejar la vida pasar sin hacer nada y pensar:'Ojalá hubiera hecho esto'».