«Hemos sufrido crisis económicas, de salud y vocacionales, pero cada vez hacemos más»

Miguel Ángel Varona. /
Miguel Ángel Varona.

Miguel Ángel Varona Presidente de la Fundación Juan Ciudad y superior provincial de la Orden San Juan de Dios

PACHÉ MERAYO GIJÓN.

«Nunca he tenido que hablar tanto, que contestar a tantas preguntas», dice el hermano Miguel Ángel Varona, abrumado por la curiosidad despertada en torno a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (OHSJD) tras la concesión del Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Creía este religioso que su institución, en pie desde hace cinco siglos sin lograr grandes atenciones, pese a su enorme labor en todos los continentes, iba a seguir trabajando sin bullicio, pero su teléfono y su agenda le dicen que no. No se queja. Todo lo contrario, sabe que los altavoces son buenos para las conciencias. Médico geriátrico y enfermero, apartado de la vida activa sanitaria para presidir la Fundación Juan Ciudad y guiar, como superior, la provincia de Castilla (a la que pertenece Asturias), el hermano Varona también se hace preguntas. ¿Cómo puede una sociedad vivir de espaldas a lo que está ocurriendo en el mundo? ¿Cómo pueden dormir por las noches?

¿Usted si puede?

Sí, duermo bien. Nosotros luchamos y seguiremos luchando, aunque, a veces, nos quedamos estancados y aunque, a veces vayamos hacia atrás.

«Ayúdate a ti mismo ayudando a los demás». Lo decía San Juan y ustedes lo llevan a rajatabla.

Claro. Es nuestro modelo. El de todos nosotros, que tomamos una decisión y al hacernos religiosos asumimos su figura como un auténtico modelo a seguir.

En la Orden han miles de personas, más de 55.000 tengo entendido, sin embargo religiosos son pocos, ¿no?

Sí y cada vez somos menos. Está claro que hay muchísimas personas que llevan nuestros valores dentro, pero las vocaciones disminuyen. Eso es un hecho. Cuando hablamos de 55.000 personas, hablamos de todos los que trabajamos aquí. Los religiosos, los colaboradores y los voluntarios, incluso, también a los benefactores.

Y hablando de vocaciones, usted es médico y enfermero con una labor de despacho. ¿No echa de menos a sus pacientes?

No se puede imaginar cuánto. Me encanta la consulta y me encanta ser médico, pero me pusieron aquí y creo que la labor de gestión es también muy importante. No solo tenemos que curar y ayudar, también hay que formar a los futuros profesionales y, por supuesto, hay que hacer también una labor de relación con las administraciones.

Nada más conocer el fallo del Princesa de Asturias comentó que con él había saltado una alarma sobre lo mucho que queda por hacer.

Sí claro. Este premio es una manera de dar a conocer nuestro trabajo y reconocerlo, pero sobre todo es un altavoz ante un problema muy grave, las muchas personas que hay con necesidades básicas, enfermos, desplazados. También es un recuerdo para los que se han ido. Le diré que hay mucho de luto también en este premio.

Las muertes de los misioneros que luchaban contra el ébola está muy presente en el premio.

Lógicamente. Fueron 18 las personas que murieron allí. El ébola nos lo ha hecho pasar muy mal y seguimos trabajando para luchar contra esa enfermedad. Lejos de huir del problema nuestros hermanos se quedaron para ayudar.

Ya han abierto el hospital de Monrovia y detenido los contagios.

Tenemos un servicio de maternidad y pediatría. Tres de nuestros religiosos, dos hermanos y una hermana, estuvieron tres meses limpiando y desinfectando, hasta que no quedó rastro de la enfermedad. Hoy la actividad está casi al 90%. Ya se han atendido mil partos y la mayor parte con cesárea. Hay que entender que lo normal es que acudan a nosotros los casos difíciles y por eso la cesárea suele ser lo normal. Y sí, contagios cero pero se mantienen los controles para el ingreso.

¿Cómo logran mantener tanta actividad? Tienen 350 centros en el mundo ¿El presupuesto tiene que ser multimillonario?

-Sí, por supuesto. Ni siquiera sé a cuánto alcanza.

Los 50.000 euros del Premio se irán a la lucha contra el ébola, ¿no?

Sí, pero necesitamos tanto...

¿Les afectó la crisis económica?

Claro que sí, aunque los benefactores anónimos, por decirlo de alguna manera, no dejaron de aportar sus donaciones. Sí las instituciones que nos ayudaban. Las públicas y las privadas redujeron de manera sustancial su aportación y eso fue un corte brutal. También es verdad que para los países africanos hay aportaciones de Europa y alguna, muy pocas, de los propios países donde trabajamos. En el caso de Monrovia, por ejemplo, el estado no da nada.

De hecho lejos de retroceder han seguido creciendo. ¿Cómo?

Lo cierto es que cada vez somos menos, porque la vocación escasea y cada vez hacemos más obras. Hemos sufrido todo tipo de crisis, las económicas, las de salud y las vocacionales, pero, lo dicho, cada vez hacemos más. Claro que nos afectan, aunque si de algo estamos orgullosos es de que hemos mantenido todos los puestos de trabajo. Ni una sola de las personas que están con nosotros han perdido su empleo.

La orden lleva implícito el concepto sanitario en su nombre, pero ustedes van mucho más allá.

Sí, estamos en todos los frentes. Allí donde una persona tenga necesidades,aunque nuestra labor principal es evangelizar el mundo del dolor y de la enfermedad.

También ayudan a desplazados. ¿Cómo están viviendo la última de las crisis del presente, la migratoria?

Trabajamos desde hace mucho en ese sentido. Debajo de nuestra sede hay un albergue donde más del 50% son emigrantes, y de ellos más del 60 sin papeles. Pero este no es un problema de ahora. El Estado nos dice que ayudemos y nosotros les contestamos que llevamos haciéndolo décadas, mientras ellos parece que se acaban de enterar del problema. Lo que está pasando en el resto de Europa es terrible. Estamos en contacto con todas las administraciones para colaborar, pero aún no sabemos cómo podemos echar una mano.

¿De qué se siente más orgulloso?

De pertenecer a esta institución que está haciendo mucho por solucionar las cosas y específicamente de la labor social en España con personas sin hogar, drogodependientes y con aquellas que necesitan cuidados paliativos.

 

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