Svante Pääbo dedica el Premio Princesa a «los estudiantes y científicos que han hecho posible recuperar genomas de organismos extintos»

Marco de la Rasilla, responsable de la excavación de El Sidrón, y Svante Pääbo, en el yacimiento piloñés.

El científico sueco que estudió el Sidrón y alma máter del Genoma Neandertal, recibe el galardón de Investigación

M. F. Antuña
M. F. ANTUÑAGijón

La razones del jurado son elocuentes: «Ha abierto un nuevo campo de investigación, la paleogenómica, que ha hecho posible conocer la evolución reciente de numerosas especies, incluida la humana». El biólogo Svante Pääbo (Estocolmo, 1955), flamante ganador del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2018, ha sido capaz de desarrollar «métodos precisos para el estudio del ADN antiguo que han permitido la recuperación y el análisis del genoma de especies desaparecidas hace cientos de miles de años» y con ellos ha puesto su granito de arena para saber quiénes somos y de dónde venimos.

Vinculado a la cueva asturiana del Sidrón y al equipo que lleva años trabajando en ella y con sus restos fósiles de 13 neandertales desenterrados –Marco de la Rasilla, Antonio Rosas, Carles Lalueza...–, a Svaten Pääbo le han rebautizado como un Indiana Jones científico y minucioso capaz de bucear en el pasado a través de los restos de ADN. Su vida académica ha sido amplia y prolífica y le ha llevado a dirigir, desde 1997, el Instituto Max Planck de Leipzig (precisamente la Sociedad Max Planck obtuvo el Príncipe de Cooperación en 2013), desde donde abanderó la secuenciación del genoma neandertal a través del proyecto homónimo.

Pero todo comenzó por su amor a la arqueología. El hijo de una química y un bioquímico que jugaba de chiquillo a vivir en la Edad de Piedra a las fueras de la moderna Estocolmo pronto quiso viajar a Egipto. Estudió Historia de la Ciencia, Egiptología, Ruso y Medicina en la Universidad de Uppsala antes de trabajar como investigador en biología celular. La ruta de la vida le llevó a Zúrich, Londres, California, Múnich y por fin a Leipzig, donde está asentado el que está considerado uno de los padres de la paleogenética.

En los ochenta analizó ADN de momias egipcias, después hizo lo propio con los mamuts y otros animales extinguidos y en 1997 logró rescatar secuencias de ADN mitocondrial de neandertal. Fue el comienzo de un gran proyecto internacional que hizo que en 2013 se presentara la secuencia definitiva del genoma neandertal, para el que se emplearon restos hallados en Asturias, Croacia y Siberia.

Miembro de numerosas sociedades científicas, autor de libros que aportan explicaciones sobre homo sapiens, neandertales y denisovanos, el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica sigue trabajando para saber más. Desde hoy tiene un nuevo alienciente para seguir haciéndolo: «Me siento muy honrado de recibir el Premio Princesa de Asturias. Siento además, humildad, cuando contemplo el elenco de distinguidos académicos y científicos que lo han recibido con anterioridad», apuntó. Y añadió que el premio no es solo suyo, sino también un reconocimiento para «para los muchos estudiantes y científicos que, con su duro y, a veces, frustrante trabajo, han hecho posible recuperar genomas de organismos extintos o hace mucho tiempo fallecidos».

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