«Me basta viajar con la imaginación»

Roberto Álvarez, en la costa occidental, donde descansa este año. «La mar de Asturias es agresividad, oleaje, incertidumbre». / CARLOS ÁLVAREZ
Roberto Álvarez, en la costa occidental, donde descansa este año. «La mar de Asturias es agresividad, oleaje, incertidumbre». / CARLOS ÁLVAREZ

Amanecía con el cornetín del cuartel de Simancas el mayor de Angelita y Aurelio, que se fue a Madrid para ser ingeniero y acabó siendo actor | Roberto Álvarez se confiesa un «asturiano radical» que ha hecho de Madrid su casa

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Se confiesa «asturiano radical». Para él no hay otro lugar en el mundo, por mucho que Madrid sea el territorio siempre acogedor en el que ha hecho su hogar. Pero para Roberto Álvarez (Gijón, 1956) todos los caminos conducen al norte. Y particulamente los de la infancia, los del guaje de El Coto, el mayor de los seis hijos de Aurelio y Angelita, el crío que se despertaba con el sonido del cornetín del cuartel de Simancas a las siete de la mañana, que temía el golpeteo de los eucaliptos contras las ventanas, que vio a las lecheras vender leche recién ordeñada en frente de su casa y a los vecinos varear los colchones de lana. El actor que nunca aspiró a serlo fue monaguillo de San Lorenzo para robar vino dulce y sacarse unas perras y nunca jamás pensó que llegaría a ocupar pantallas y escenarios. Estudió en el Corazón de María y por aquello de ponerse una capa y unas cintas, se metió en la rondalla. Y, lo que son las cosas, le pudo el miedo escénico. «En mi primera actuación, se abrió el telón del teatro del colegio y yo tenía que cantar y tocar con la bandurria 'Clavelitos', me rozó el telón la rodilla y ni canté ni toqué del pedazo de susto que tenía en el cuerpo». Y no solo eso: le hicieron una prueba para el leer el catecismo en la Comunión y tampoco le cogieron. Era tímido e inseguro aquel chaval que marchó a Madrid para estudiar ingeniería y que, «en un momento inderminado» de su vida se fue a unas clases de interpretación y acabó haciendo de Mefistófeles en 'Fausto'. «Desde ese momento soy actor y eso que estuve muchos años intentando dejar de serlo». Pero no hubo marcha atrás: el teatro, el cine y la tele decidieron por él.

En Madrid nació el intérprete versátil y en la capital encontró ese lugar en el que vivir y soñar con volver al norte. «Ahora que estamos en tiempos de exaltación de la diferencia, no solo en España con las autonomías, sino en Gran Bretaña, en Italia, se puede decir que ese sentimiento en Madrid no existe», revela el hombre de las tres pasiones: la familia, la interpretación y esa Asturias en cuya costa occidental, en Castropol, descansa este verano. «El Mediterráneo es una bañera, a los niños les gusta porque están cuatro horas y no enfrían, pero en Asturias hay otro mar que viene de muy lejos y lo sientes, con ese oleaje maravilloso, esa agresividad que es emocionante», afirma. No solo el mar, la temperatura, los veranos frescos alimentan ese amor que, sin embargo, no parece escribirse sobre un billete de vuelta de cara al futuro. «No podría profesionalmente vivir en Asturias», afirma el actor que actualmente gira con 'Intocables', que estará los días 30 y 31 en el Jovellanos, y graba la serie 'Servir y proteger'.

No hay muchos más lugares físicos importantes para Roberto Álvarez, que sí ama profundamente los enclaves literarios que le tocado leer, actuar, contar. «No me gusta viajar, soy una excepción, yo tengo bastante con viajar con la imaginación». Le entusiasma moverse por esos universos de la interpretación con la libertad de la víscera y sin método. Eso sí, sus viajes imaginarios y profesionales unidos han dado a luz a periplos tan fascinantes como el que le llevó a recorrer Italia en el rodaje de 'Los Borgia'.

Son muchos los caminos que aún están por transitar con oficio y entusiasmo. Porque si algo tiene claro Roberto es que la jubilación no es una opción: «Yo como Arturo Fernández, hasta seis meses antes encima de un escenario».