Rodrigo Cuevas reinventa la zarzuela en Madrid

Rodrigo Cuevas, anoche, en plena acción. / ESTUDIO PERPLEJO
Rodrigo Cuevas, anoche, en plena acción. / ESTUDIO PERPLEJO

El showman asturiano lleva a los Veranos de la Villa 'Barbián', un espectáculo «único»

ANA MÁRQUEZMADRID.

Rodrigo Cuevas convirtió ayer en zarzuela su cabaret electrónico en los madrileños Veranos de la Villa con el espectáculo 'Barbián', un viaje heterodoxo y nada convencional hacia el folclore y la música popular. Un concierto «único» -diseñado en exclusiva para los Veranos de la Villa- al que asistieron más de 1.500 personas que contó con un repertorio de la zarzuela «más rural y regionalista» para que «los provincianos de la capital rememorasen sus orígenes».

La palabra 'Barbián' proviene del caló «barbán», que significa aire, y en castellano se dice de alguien desenvuelto, gallardo y atrevido; la pura definición de la música de Cuevas.

El auditorio al aire libre del Parque Forestal de Entrevías fue el escenario donde el ovetense se convirtió en un «transgresor folclórico» (y hoy repite), el Freddie Mercury a la asturiana, entre lo castizo y lo cosmopolita.

«La zarzuela es inseparable de Madrid, pero curiosamente las canciones más conocidas cuentan con una fuerte reminiscencia de Asturias, Galicia o las Castillas», señala Cuevas, y añade que la intención de este espectáculo es «abrazar el ensueño rural de los desplazados a la urbe».

Bajo la dirección de Fernando Carmena, las canciones de Ruperto Chapí, Juan Vert o Francisco Alonso experimentaron una reconversión hacia el prisma contemporáneo del electrocuplé de Cuevas, junto a la producción musical de Frank Merfort y Richard Veenstra.

La obra 'Barbián' es una pausa de su actual gira 'Trópico de Covadonga' -su tercer espectáculo escénico- y él asegura que «a la gente de la ciudad le encanta» su música porque «valora lo auténtico y popular, fuera del postureo impuesto de las redes sociales».

«Disfruto haciendo un llamamiento a diferentes estratos sociales y provocar una reacción al público para crear agitación social», asegura, y, de ahí, su etiqueta de «agitador folclórico» que es capaz de hacer bailar tanto a adolescentes «hipsters» como a gente de pueblo.

Y, entre canción y canción, Cuevas narra historias como hacían «los de antes», con todo lujo de detalles, porque «hay que tomarse un tiempo entre toda la prisa para poder disfrutar»: «En mis shows quiero que la gente disfrute, se emocione, de la forma que ellos lo sientan», dice.

La definición de «moderna de pueblo» hace a Cuevas llenar sus espectáculos de feromonas que emanan para que la música popular se recubra de sensualidad.

«Dicen que la música popular es antigua, pero siempre fue algo contemporáneo porque es la expresión viva de un pueblo», zanja el showman, que defendió en Madrid que «hay que ir más al campo y reencontrarse con los orígenes».