«Vamos a superar a los gallegos»

Daniel Meré y Fabián Fernández, en clase con su profesora, la gijonesa Clara María Suárez. / MARIO ROJAS
Daniel Meré y Fabián Fernández, en clase con su profesora, la gijonesa Clara María Suárez. / MARIO ROJAS

El Conservatorio Eduardo Martínez Torner inaugura el grado superior de gaita | Cuatro alumnos han accedido a unos estudios que les equiparan por fin a otras comunidades como el País Vasco, Valencia, Cataluña o Galicia

A. VILLACORTA OVIEDO.

Si Remis o el gaiteru de Veriña levantasen la cabeza no darían crédito, porque se encontrarían a sus sucesores, los gaiteros llamados a liderar el resurgir del instrumento tradicional asturiano en el siglo XXI, dándose unos a otros golpes en la espalda con varitas de bambú para relajarse y ayudar a corregir posturas corporales, «algo muy necesario para evitar lesiones cuando se pasan tantas horas con un instrumento».

Esa es una de las actividades incluidas en la asignatura Técnicas de Autocontrol Psicofísicas, obligatoria en el nuevo grado superior de gaita, que acaba de arrancar en el Conservatorio Eduardo Martínez Torner. Unos estudios «que por fin equiparan la gaita a cualquier otro grado universitario» y que eran una antigua reclamación de los gaiteros asturianos, que lamentan que lleguen con varios años de retraso respecto «a otras comunidades como el País Vasco, Valencia, Cataluña y Galicia, donde cuentan desde hace tiempo con enseñanzas superiores para sus instrumentos tradicionales». Y, de hecho, han sido varios los virtuosos asturianos que, ante la carencia del Principado, han tenido que hacer las maletas para cursar el superior en la comunidad vecina.

Eso es lo que cuenta Fabián Fernández (Llanera, 25 años), uno de los gaiteros que lucharon por una de las cuatro plazas ofertadas por el grado y que se hizo con ella tras superar unas pruebas de acceso marcadas por los nervios. Diez minutos de infierno ante un tribunal que le pidió que tocase ese tiempo sin parar.

«La tensión fue enorme», reconoce Fernández, que lleva pegado a una gaita desde que tenía seis años. Y es que esa era la única manera de poder cumplir su sueño de dedicarse a la docencia en un conservatorio tras concluir el nivel elemental (cuatro años) y el profesional (seis), a los que ahora se sumará el superior (cuatro más).

En total, serán catorce años de estudios reglados. Miles de horas de práctica. Incontables. «Tengo pulverizada una payuela en un año y medio», explica el llanerense, que ha convertido la gaita en una manera de vivir. «Si me cortasen las dos manos, seguiría soplando», afirma junto a uno de los ocho instrumentos que posee. Es su gaita preferida, «un 'ferrari' hecho por uno de los mejores luthiers de Asturias, Alberto Fernández, ya fallecido, y que no está a la venta. No hay dinero para pagarla».

Con ella actuó en Lorient, toca en varias agrupaciones como la banda Fonte Fuécara y ensaya todos los días un par de horas. «Y, cuando me muera, tiene que estar en perfecto funcionamiento», asegura quien la cuida como el tesoro de boj que es: «Ni se puede mojar ni coger frío. Por ejemplo, jamás la dejo en el coche».

Hoy coincide en la clase que imparte Clara María Suárez con el otro benjamín del grado, Daniel Meré (nacido en Bañugues hace 21 años), que también ha conseguido plaza junto con dos alumnos que ya son dos figuras consagradas del puntero: Marco Antonio Guardado y Pedro Pangua.

Meré empezó en la música «como una actividad extraescolar», cuando el roncón era casi más grande que él. Y hoy confía en que «la gaita asturiana tenga un gran futuro». Porque, como apunta Fernández, el grado superior implicará un avance en todos los campos: no solo a nivel interpretativo, también en cuanto a la publicación de material didáctico, la composición, la investigación o la interconexión entre los músicos, que, hasta hace bien poco, no tenían contacto entre sí. «Cada uno estudiaba con un maestro y no se relacionaban. Ahora, en cambio, todos nos conocemos. Somos todos gaiteros y compañeros y vamos a lograr cosas grandes, porque está todo por hacer». Bienvenidos, augura, a una edad de oro similar a la que ya vivió la gaita en Galicia. Porque sí: «La piquilla con los gallegos existe y los vamos a superar. La gaita asturiana se lo merece».

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