«A Sabina le digo que ya no es un guaje»

Luis García Montero, ayer, en Gijón. / DAMIÁN ARIENZA
Luis García Montero, ayer, en Gijón. / DAMIÁN ARIENZA

Tras la Semana Negra, el poeta Luis García Montero se irá a Cádiz con su mujer y su grupo de amigos a tomar copas y reírse, «a hacer de la vida una celebración»

AZAHARA VILLACORTA GIJÓN.

Luis García Montero (Granada, 1958) es uno de los habituales de la Semana Negra «desde que venía con Ángel González». Así que el poeta, crítico y profesor volvió por sus fueros a medianoche para ofrecer una velada poética junto a José Luis Piquero, Rocío Acebal y Xuan Bello. Un espacio para el «necesario diálogo generacional», defiende quien tiene la impresión de vivir «en un tiempo muy acelerado, en el que lo que se hizo ayer ya no sirve hoy. Un tiempo lleno de viejos cascarrabias que se creen que los jóvenes son tontos y lleno de jóvenes adánicos que se creen que no tienen nada que aprender de los mayores. Eso me parece grave, porque necesitamos memoria».

-¿Además de a recitarnos versos, a qué se dedicará este verano?

-Mi mujer y yo nos hicimos una casa en Cádiz, por Rota, y dedicamos parte del verano a disfrutar con los amigos, porque muchos nos hemos comprado casa por el mismo barrio, así que cenamos, tomamos copas y nos reímos. Y, por las mañanas, desde las diez a las tres, trato de escribir.

-Sus juergas son casi épicas.

-Son veladas de amistad en las que intentamos hacer de la vida una celebración como manera también de comprometerse con el mundo.

-¿Qué más le da su gente?

-Una de las cosas que me han enseñado es a disfrutar de sus éxitos. Sin embargo, me preocupan mucho esos artistas que consideran una ofensa personal el éxito del otro. Joaquín (Sabina) estableció una ley que nos funciona muy bien: cuando uno escribe un libro o hace un disco, hay que enseñárselo antes a los amigos y que ellos sean los críticos más implacables. Eso sí, una vez que se publica el libro o sale el disco, todos como una piña a decir: «Esto es una obra de arte, lo mejor del mundo» (Risas).

-¿Qué tal está Sabina, por cierto?

-Bien. Joaquín ha hecho una gira muy larga y, en el concierto número 76, se vino abajo. Primero, por el cansancio acumulado y, después, porque él con Madrid tiene una relación muy estrecha y muy rara y muchas veces le entra una carga de responsabilidad que no puede con ella, pero espero que se ponga a escribir canciones y pueda volver al escenario cuanto antes. Eso sí, de manera más prudente.

-Concrete ese «más prudente».

-Yo acabo de escribir un libro de crisis porque voy a cumplir 60 años y por la crisis de valores democráticos que atraviesa el mundo, con el Mediterráneo convertido en un cementerio, y él tiene que darse cuenta de que va a cumplir 70, así que le digo que ya no es un guaje (Risas). Sus planes son quedarse en su casa en julio a terminar de reponerse y, a partir del 1 de agosto, irse con nosotros a Rota.

-Además de ese poemario, este año ha escrito una novela fallida...

-Sí. Me di cuenta de que no me salía. Y, además, se la dejé a leer a mi mujer, Almudena (Grandes), y a mis amigos y dijeron: «Al final, te falla completamente». Entonces, la he metido en un cajón y quiero empezar a reescribirla este verano. Los libros fallidos no deben publicarse. La papelera y el cajón son partes fundamentales de la creación artística.

-Uno de los grandes creadores y amigos que ya no está es Ángel González, mientras que su viuda carga duramente contra ustedes.

-Hay momentos en los que hay que trazar una raya. Yo evito hablar mal de una persona que fue la mujer de Ángel y muy amiga nuestra y me entristece cuando la veo hacer declaraciones metiéndose con unos y con otros y exigiendo que se le pida perdón. Lo normal es evitar conversaciones desagradables y recordar los buenos momentos con Ángel.

-¿Qué pasará con su legado?

-Me hubiese gustado que se hubiese cumplido su testamento, que hubiese una fundación que llevase su nombre, pero no fue posible porque Susana (Rivera) no aceptó las propuestas del Principado y los albaceas. ¿Pero sabes qué pasa? Que, por otra parte, la memoria de Ángel González no necesita una fundación, porque está muy viva en su cátedra y sus amigos.

-¿Hay herederos a la altura en las nuevas hornadas de poetas?

-Hay personas con talento y sin él. Lo que ocurre es que, con las nuevas tecnologías y la nueva realidad mediática, donde puede haber manipulación hasta por parte de la persona con la que te acuestas si te descuidas, se corre el peligro de que haya un poeta que se crea bueno porque, al publicar en Facebook, tenga 20.000 'me gusta' en cinco minutos. Eso no es signo de calidad. En todo caso, me resultan muy antipáticos los mayores que se meten con los jóvenes. Yo prefiero meterme con un académico, porque muchas veces hacen más daño a la cultura que los que empiezan.

-Sostiene que alguna poesía está llena de trampas. ¿Alguna más?

-Pensar que solo es de calidad aquello que no hay Dios que entienda.

-¿La confluencia entre IU, de la que fue candidato en Madrid, y Podemos también es una trampa?

-Estoy feliz de que haya salido adelante la moción de censura, de que el PSOE esté en el Gobierno y de que el PP haya dejado de gobernar. El Ejecutivo quiere ocupar el espacio del centro y quitarle votos a Ciudadanos y me parece muy bien que haya un partido a la izquierda del PSOE porque el diálogo entre IU y los socialistas siempre dio muy buenos resultados.

-¿Pero...?

-Mi deseo de que haya una izquierda sólida en la que pueda dialogarse se llena de perplejidades, porque en cada sitio hay una realidad distinta. Por ejemplo, aquí en Asturias, en Gijón sin ir más lejos, me deja perplejo que Podemos pacte con Foro y se meta con el PSOE y con IU de manera feroz. Así, es difícil el diálogo. Y, por lo que se refiere a IU, creo que no existe salvo en Asturias, donde Llamazares me parece uno de los políticos más serios que ha habido en la sociedad española. Estoy a favor de la unidad de la izquierda, pero no me gustaría que se crease una falsa unidad.

-¿Qué hacemos con Franco?

-Debemos reconocer que hubo asesinos en nuestra historia, pero lo que no puede haber es asesinos en nuestros monumentos. ¿Te imaginas que hubiese un panteón dedicado a Hitler en Alemania? Pues el Valle de los Caídos es un panteón religioso dedicado a un asesino como Francisco Franco. Me parece que estaría muy bien que se convirtiese en un sitio de visita como los campos de exterminio alemanes y polacos. Un lugar que, en vez de ser una iglesia donde se recuerda a dos golpistas, se recordase la Historia de España con objetividad.

-Más asignaturas pendientes.

-No creo que a un torturador como 'Billy el Niño' haya que meterlo en la cárcel, pero no estaría mal quitarle las condecoraciones que le dieron como policía modelo si queremos una Policía que no torture. Y también es importante que el Estado ayude a los familiares de las víctimas. Es muy triste que España sea el segundo país con un mayor número de desaparecidos por persecución política tras Camboya. Si hay familias que quieren encontrar a su abuelo, tienen derecho.

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