Mario y Lola viven un epílogo inolvidable

Los pequeños Mario y Lola, en el centro, con la plantilla del Sporting en Mareo. / ARNALDO GARCÍA

La plantilla agasaja por sorpresa al niño que perdió su camiseta ante el Lugo | El pequeño seguidor, que rebosó ilusión al charlar con los jugadores, recibió la segunda equipación, con otra elástica para la niña que se la devolvió

I. A. GIJÓN.

Lo que iba camino de convertirse en una historia triste, de berrinche prolongado durante al menos varias semanas por la pérdida de su preciada camiseta sportinguista tras el partido en El Molinón contra el Lugo, terminó con un epílogo inolvidable para el pequeño Mario. La frustración que generó el resultado en el aficionado de 6 años se multiplicó cuando comprobó que no tenía su idolatrado regalo de Reyes, una elástica rojiblanca con un elevado valor sentimental firmada por todos los componentes de la plantilla dirigida por José Alberto López.

Unos futbolistas que sorprendieron ayer al joven e incondicional aficionado, socio rojiblanco desde la cuna. Antes de comenzar el entrenamiento para preparar el duelo de mañana contra el Albacete, le regalaron la camiseta verde correspondiente a la segunda equipación del club gijonés y conversaron unos minutos de forma distendida con él.

«¿Esta es la famosa camiseta?», le preguntó Pablo Pérez señalando la prenda que vestía, la indumentaria sportinguista firmada y recuperada gracias a la buena voluntad de la joven Lola, una niña de diez años que la encontró y la devolvió a su dueño.

Hubo obsequio también en forma de camiseta para ella, que atendió a la viralizada llamada de socorro en las redes sociales por parte de Arancha, la madre de Mario, y le entregó la prenda extraviada. Mientras el niño se afanaba en reconstruir el proceso por el que no regresó a casa con su casaca rojiblanca en una calurosa tarde que terminó con momentos de angustia, el capitán Canella bromeaba sobre la identidad del culpable del descuido.

Feliz con la sorpresa de sus ídolos y su nueva camiseta, Mario posó junto a Lola con toda la plantilla para inmortalizar una mañana guardada para siempre en su memoria. El final de una historia iniciada con muestras desasosiego y concluida con caras sonrientes por doquier.