'Pochi': hombre-cura de masas

Quien lleva sotana católica no tiene derecho a la disidencia y no pueden subirse al púlpito a 'catequizar' a sus fieles. No hay, hoy por hoy, sindicato cura

PEDRO MANUEL SUÁREZ MARTÍNEZPROFESOR TITULAR DE FILOLOGÍA LATINA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO
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                             GASPAR MEANA/
:: GASPAR MEANA

CVenía yo cavilando ayer, de vuelta a casa, sobre la religiosidad, sobre el hecho de que es uno de los instrumentos más apetitosos al alcance de las minorías dominantes para imponer sus ideas a la masa. Sí, porque siendo común a todo ser humano, sea negándola sea afirmándola, permite a esas minorías doblegar su voluntad y evitar así que 'piense'. En Occidente, lo esencial es negarla, pues creen algunos gobiernos que así se impide que las jerarquías religiosas 'catequicen' a sus fieles -ciudadanos- con ideas diferentes a las suyas; en Oriente, en cambio, y, en especial, en países teocráticos, lo primordial es afirmarla, pues así se obliga a todos a pensar igual, que es lo mismo que no pensar. Dos extremos y dos concepciones de la vida radicalmente diferentes, pero un mismo fin: hacer del hombre un ser obediente, un hombre masa.

Las cosas no son tan simples, claro. Desayunábamos hace semanas la noticia de que un montón de sacerdotes guipuzcoanos rechazaban al nuevo arzobispo nombrado alegando que era muy conservador, muy afín a las ideas de la Conferencia Episcopal. Sí, sí, alguno dirá que perfecto, que los sacerdotes tienen derecho a opinar y tal y cual. ¿Quién lo niega? Pues yo mismo: ¿no han hecho acaso voto de obediencia? ¿No lo rompen con su manifiesto? ¿Desde cuándo el Papa discute decisiones con sacerdotes de una diócesis? Quien lleva sotana católica no tiene derecho a la disidencia y no pueden subirse al púlpito a 'catequizar' a sus fieles. No hay, hoy por hoy, sindicato cura.

Pero gol es gol y fútbol es fútbol, como decía el tautólogo: los curas, antes que curas, son hombres y nada de lo humano les es ajeno, aunque prediquen que lo suyo es lo divino. Ahí están las pruebas, a diario. No hace falta recordarlas. Aquello de los vascos contra un nuevo obispo, no fue sino 'peccata minuta', el órdago de unas pocas ovejas negras y blancas en un tablero sin contrario. ¡Ah, si los políticos pudieran hacer obligatorio un encuentro dominical con sus bases, bautizarlas al nacer como miembros del partido y extirparles el original pecado de pensar por libre!

Por fortuna, sin embargo, no todos los curas son iguales. Yo los he conocido de muchas clases: desde el codicioso defraudador de Hacienda que vendía su piso de protección oficial por cuatro veces más del precio legal, hasta el que entregaba a los pobres cuatro veces más de lo que no tenía. Me quedo con estos, que abundan más; olvido a aquellos.

Con todo, los curas son un bien escaso. Cada vez hay menos y tienen más trabajo, sobre todo en los pueblos. Y, en general, los hay que, por buenos que sean, en pleno oficio te invitan a salir corriendo. Con frecuencia se muestran grotescos: se sitúan de pie ante sus parroquianos y es como si levitaran; sus movimientos se ralentizan; sus gestos litúrgicos, de puro místicos, parecen hasta afeminados, ajenos al sexo, angelicales; el tono de voz se les vuelve monótono, anodino, como transpuesto; queda su mirada perdida o cerrada, quizás en trance. Parecen mediums más que predicadores. ¿Creen que así son más creíbles? Porque lo que dicen va a misa. Como si fuera un mitin, no hay réplica, crítica y poca autocrítica: para eso hacen falta siglos. A veces uno escucha barbaridades que incluso van contra la propia libertad religiosa y de conciencia. Un derecho humano. Otras veces simplifican demasiado. Pero la vida ahí fuera es muy compleja, tanto que algunos parecen estar al margen de ella, enrocados en su iglesia. Tal vez por ello la gente se harta y cada vez va menos a escuchar interpretaciones surrealistas del evangelio fraguadas a lo largo de siglos de intransigencia.

Hay excepciones. En Oviedo, como en la aldea de Astérix, el galo, una pequeña parroquia ha resistido -y resistirá- al empuje del 'progreso'. Su iglesia es la de los Santos Apóstoles. Ahí es donde ejerce su vicariato José Ramón Castañón, alias 'Pochi', profesor en la E. U. de Magisterio y cura de niños... y mayores. Es un imán, casi un druida, como Panorámix. Los domingos, a las 11.30, si no vas pronto, por lo menos un cuarto de hora antes, no tendrás sitio. Si vas en punto, tendrás que abrirte camino por las puertas taponadas, aunque llueva. El edificio, de planta baja, es pequeño: una hormiga frente al monstruo saltamontes de Calatrava. El arquitecto quería quitarla de en medio, porque tapaba su vista: total, cuatro ladrillos para un interior de largos tubos fluorescentes, desconchado por goteras y humedades. En Lieja hizo lo mismo con un montón de pequeñas viviendas, frente a la nueva estación de tren del mismo estilo. Pero aquí la gente se amotinó. En Navidades, 'Pochi' pidió que todos trajeran un trapo azul o blanco para coserlos y tapar el Calatrava. ¿Ocurrencias? Para nada: se colocaron fuera y desde ahí, situándose adecuadamente, uno podía no ver al bichón amenazante.

Los niños lo pasan en grande. Nada de rollos: la homilía la preparan los pequeños catecúmenos, los confirmandos, confirmados reenganchados y más voluntarios. Cada semana preparan una representación 'teatral' con la que explican el evangelio. Esa es la homilía. El trabajo que supone y la gracia con que lo hacen no da risa, sino sana envidia: a estos niños no los machacan con el catecismo aquel que había que saberse de memoria, pregunta y repuesta, para hacer la Primera Comunión: «¿Qué es ser cristiano? Ser cristiano es.»; y así la de dios de preguntas y la virgen de respuestas. No te enterabas de nada, pero las decías y punto. Ahora no: lo que dicen lo entienden porque lo aprenden con su lenguaje y a su manera, con historias sencillas, naturales, auténticas, que a todos encantan. Ellos son así. ¿Y las ofrendas? Los niños llevan de todo: desde botas de fútbol hasta Barbies. Y todo tiene pleno juicio. Cuando cantan, a grito pelado, nadie tiene excusa: es una misa multimedia en que se proyectan los textos y todos saben qué decir. Al final has aplaudido, reído, cantado. y también aprendido lo que de niño no entendiste. En el fondo se trata de eso y quizá por eso los mayores aprovechamos que tenemos pequeños para ir.

En otras parroquias cercanas han suprimido la misa de niños porque dice el cura que no es seria. Bueno, cada cual. pero sus iglesias están vacías o llenas de tres o cuatro beatones a la caza de una cesta reservada. Eso sí es poco serio.

Dicen que tiempo atrás, no mucho, la falta de 'seriedad' de 'Pochi' casi le cuesta el 'puesto'; que las suyas no eran formas; poco menos que un 'hereje', decían. Pero ahí sigue. Su pecado era ser como es, profundamente humano, con o sin hábitos: un hombre que los domingos hace de cura y un cura que por semana hace de hombre... como otros muchos, claro, a su manera. Una mezcla letal para la 'gran Iglesia'.