«Buena situación y vistas»

El caserio se encuentra situada al sur, en un alto que se denomina la ciudad, en el cuadrante central del concejo, con una estupenda situación y vistas de la toda la capital

POR ALEJANDRO GARCÍAOVIEDO.
Tradición. Mateo Álvarez Muñiz y su esposa, en las proximidades del Caseron, negocio familiar desde hace décadas y el bar más antiguo de La Manjoya, donde elabora chorizo y morcilla./
Tradición. Mateo Álvarez Muñiz y su esposa, en las proximidades del Caseron, negocio familiar desde hace décadas y el bar más antiguo de La Manjoya, donde elabora chorizo y morcilla.

La Manjoya es un pueblo con mucha historia, aparece en fuentes diplomáticas del siglo XIV, incluso se podría remontar su origen un siglo más atrás. Por esta parroquia bajaban los peregrinos desde San Lázaro hasta Oviedo, «Ya no hay tantos como antes, pero siguen viniendo algunos», explica Pedro Gómez, vecino de la localidad, «antes, operarios municipales limpiaban la senda del recorrido, pero ahora ya no hacen nada», añade.

También era lugar de paso para los que transitaban por el Camino Real de Quirós. En esta ruta, se encuentra San Torcuato, que contaba con una ermita de la que hoy no queda resto alguno. Próxima a la iglesia parroquial de Santiago, existía antiguamente la Venta del Gallo para el servicio de los que transitaban por el Camino Real a Castilla que desde Oviedo, continuaba por La Manjoya, Olloniego, Ujo, Lena y Pajares hasta la provincia leonesa.

Hubo además, un pozo donde se conservaba la nieve traída por los arrieros, desde la Sierra del Aramo, para abastecer la ciudad y que dio lugar al topónimo La Nevera que, aún en la actualidad, se mantiene.

La parroquia tiene unos cuantos bares y restaurantes, pero el más emblemático y antiguo de la parroquia es el bar y tienda El Caserón, negocio familiar que pasa de una generación a otra. «En El Caserón hace años se celebraban bailes tradicionales asturianos, había mucho jaleo, subía y bajaba gente por el Camino de Santiago hasta el bar, ya no hay romerías y verbenas como las de antes», explica su dueño, Mateo Álvarez Muñiz, cuyos chorizos, morcillas y picadillo, elaborados artesanalmente en su trastienda, son muy apreciados en la zona, «ya casi no se puede encontrar embutido y alimentos como estos, la mayoría de las costumbres tradicionales se están perdiendo», comenta Pablo Gutiérrez, cliente del negocio.

En La Manjoya destacan los chalets y las urbanizaciones modernas, frente a los escasos restos de arquitectura tradicional que aún perduran en la zona. En un principio, la gente que se instalaba en el pueblo, vivía de la ganadería, agricultura y la industria de la zona. «Antes se trabajaba en la desaparecida fábrica de explosivos y en la explotaciones de arena, que abastecieron a Oviedo durante años, pero en la actualidad, las personas que vienen a vivir aquí, lo hace por la cercanía a la ciudad y la tranquilidad», afirma Mateo.

La parroquia tiene su propia reserva, El Bosque de La Zoreda, verdadero pulmón del concejo, formado por más de 30 hectáreas de masa forestal, entre los que destacan los castaños y los robles. A la riqueza biológica del bosque, se une la singular construcción del palacete de los Sela, edificado por la familia Figaredo en 1930 y hoy Castillo del Bosque La Zoreda. Abandonado durante muchos años, fue a raíz de los trabajos de recuperación del terreno cuando volvió a salir a la luz, siendo puesto en venta por el Ayuntamiento a mediados de 2004. En la actualidad, es un hotel de cinco estrellas, «lo han reformado y ha perdido gran parte del encanto que tenía antes, es una pena», lamenta Pablo Gutiérrez, vecino de La Bolgachina.