El Comercio

Herr se quita en Oviedo una de sus piernas biónicas.
Herr se quita en Oviedo una de sus piernas biónicas. / EFE

«Conseguiremos superar las limitaciones de la naturaleza»

  • Herr pasará por quirófano el año que viene con la intención de comunicar a su sistema nervioso con las prótesis, y así «poder sentirlas»

Cuando Hugh Herr (Lancaster, Pennsylvania, 1964) llega a una sala, no busca dónde sentarse. Prefiere estar de pie. Quizá porque cuando con 17 años una ventisca le pilló escalando por una ruta congelada del Monte Washington, en Nuevo Hampshire, congelando sus extremidades inferiores y obligando al equipo médico a amputárselas, pensó que no volvería a hacerlo por sus propios medios. Pero lo hizo. «Me dijeron que tendría que aceptar que desde ese momento iba a estar limitado porque no había la tecnología necesaria. Aprendí que los seres humanos no estamos rotos, solo faltos de los medios adecuados y lo único que pensé fue que había que cambiar eso». A eso se dedicó entonces. Se graduó en Física en la Universidad de Millersville de Pennsylvania, se especializó en Ingeniería Mecánica por el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), se doctoró en Biofísica en la Universidad de Harvard y se fabricó unas piernas biónicas que ahora muestra en Oviedo cada vez que tiene ocasión, mientras espera a que el viernes le entreguen el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

Su experiencia humana y vital le hace tomarse la vida de otra manera; teniendo siempre presente la palabra superación y sin hacer caso a una «sociedad tan acostumbrada a la discapacidad que la considera como algo inherente, que hay que aceptar». Herr piensa que extender esta forma de pensar es «peligroso» y, contra ella, asegura que «en este mismo siglo seremos capaces de superar las limitaciones que nos impone la naturaleza». No es una idea que trata a la ligera, de hecho matiza su postura: «Lo lograremos innovando, repensando el comportamiento del cuerpo humano y trabajando mucho con vistas al futuro».

Aunque cambiar la mentalidad apostando por las teorías que lanza, convencidísimo, Herr es solo el primer paso en el largo camino que supone la innovación, desde que la necesidad permite el surgimiento de un proyecto y hasta que este se pone al alcance de la sociedad. «En mi experiencia personal, el mayor problema ha venido parejo a la dificultad para encontrar financiación», apuntó el biofísico, quien, por cierto, sigue escalando. «Es necesario lograr un marco en el que se apoye el reembolso», solicitó, y para acallar a los críticos recurrió a mencionar la historia reciente de la telefonía móvil. «Hace no muchos años, los dispositivos eran carísimos y sus prestaciones, limitadas. Mientras que ahora cada vez nos ofrecen más por menos precio», y apuntó que «a día de hoy, tan solo el 15% de la sociedad estadounidense puede acceder a unas prótesis como las mías».

De muy equivocados tacha el ingeniero mecánico y biofísico premiado a quienes piensan que una persona por tener un cuerpo diferente -no le gusta utilizar el término discapacitado- tiene menos valor. «Mucha gente tiene gafas, tiene un cuerpo inusual porque no ve bien, pero aún así hace lo que le da la gana. ¿Dónde está la diferencia con una persona, ciega por ejemplo, que también hace cosas que muchos ni siquieran lograrían entender?», se pregunta.

Pese a estas trabas de diversa índole Hugh Herr se muestra confiado cuando mira hacia el futuro. Sabe que los grandes avances que se están haciendo actualmente giran en torno a la «funcionalidad» de los miembros y no duda en responder que «en los próximos 50 años se impondrán las partes del cuerpo sintéticas» porque se está trabajando mucho y rápido en este camino.

A nivel personal, Hugh Herr está ahora interesado en fusionar las extremidades artificiales con la piel y los huesos del individuo. «El año que viene me someteré a una cirugía para introducir implantes en mi cuerpo que logren establecer esta comunicación entre el sistema nervioso y las prótesis». El futuro está, por tanto, en «lograr sentir los miembros amputados» y llegará un punto en el que «no importará de qué estemos hechos, sino de lo que hagamos y cómo lo realicemos».

Las ideas de Hugh Herr son muchas y complejas, pero, de cumplirse, volverán a ser un hito. No cabe duda que Hugh Herr hizo bien en «no sentirse más débil que los demás» como consecuencia de su accidente en la montaña. Ese el consejo que quiere transmitir a quienes, como él, pasaron a ser «diferentes» de la noche a la mañana.