Un chispeante y sentimental 'Elixir'

Joan Anton Rechi da un gran protagonismo escénico a la boda de Giannetta, de tintes felinianos. / IVÁN MARTÍNEZ/ÓPERA DE OVIEDO
Joan Anton Rechi da un gran protagonismo escénico a la boda de Giannetta, de tintes felinianos. / IVÁN MARTÍNEZ/ÓPERA DE OVIEDO

José Bros y Beatriz Díaz protagonizan una divertida y aplaudida versión de la ópera de Donizetti | El público del Campoamor aplaudió todos los aspectos de la obra, tanto los cantantes como las direcciones musical y de escena

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

De la aldea bucólica vasca en la que Donizetti y el libretista Felice Romani ambientan 'L'elisir d'amore' no queda nada en esta nueva producción de la Deutsche Oper am Rhein. Pero de los aspectos fundamentales de la ópera, como el belcantismo bien hecho, la comicidad despreocupada, el sentido paródico y una delicada vena sentimental, la representación de ayer, tercer título de la 70 Temporada de Ópera de Oviedo, ha estado bien servida. Se percibía en el público cierta expectativa, no defraudada por volver a escuchar a José Bros y a Beatriz Díaz en las tablas del Campoamor; el tenor, un veterano del teatro ovetense, es la segunda vez que interpreta en Oviedo a Nemorino. Respecto a nuestra soprano más internacional, que celebra con esta ópera sus 15 años en los escenarios, hace unos tres años hemos disfrutado en la temporada ovetense de su interpretación de la Norina, de 'Don Pasquale', prima hermana de esta Adina. Con el teatro lleno, el público arrancó un poco frío pero progresivamente fue aplaudiendo y entrando en la función. En la segunda parte, se volcó con generosos bravos y concluyó con una cerrada ovación a todo el elenco, tanto a los cantantes, como a los directores de orquesta y escena. En definitiva, el público salió feliz y contento.

El director de escena Joan Anton Rechi es bien conocido en el Campoamor. La pasada temporada se llevó a Mozart, en el 'Cosi fan tutte', a dar un paseo por Pigalle; hace un mes, en la actual temporada, ambientó 'Il Trovatore' en la época de Goya; ayer, trasladó 'L'elisir d'amore' del mundo rústico del XIX, a una boda con algunos rasgos felinianos, de la actualidad. Se casa Giannetta, la amiga de Adina, un papel pequeño, inicialmente para soprano debutante, que con el concepto escénico de Rechi adquiere mayor presencia. El escenario es un salón rectangular de bodas y lo más curioso es el techo, repleto de copas invertidas de vino que parecen burbujas, lo que da una gran profundidad al teatro. Hay una iluminación que va cambiando los colores de las copas e incluso el techo sube y baja para sugerir una idea surrealista: que esas burbujas envuelven a los protagonistas. En realidad, el mensaje que se transmite es que el verdadero elixir del amor es el vino. Hay algunas 'morcillas' en esta producción, como «tócala otra vez Sam» para hacer una repetición, el tarareo de los primeros compases de la marcha nupcial de Wagner, y gags como las tartas que se estrellan en las caras de algunos de los protagonistas, que se relacionan con escenas clásicas del cine.

Pese a su juventud, Óliver Díaz tiene una larga experiencia como director en el mundo de la zarzuela, de cuyo teatro es director musical, con incursiones operísticas, algunas muy lejanas y entonces prometedoras al frente de la OSGI, la extinta orquesta gijonesa, caída en el campo de la política municipal. Óliver conoce bien a la OSPA, y posee esa mezcla de intuición estilística y capacidad concertante que hace de él un buen director. Ayer, el asturiano llevó la partitura con agilidad, con mucho acento en las dinámicas, buen color, sobre todo en la flauta y el fagot, y arropando muy bien a los cantantes.

Un coro de ópera canta y actúa, especialmente en obras en las que tiene una función escénica continua, como en 'L'elisir d'amore'. Bien el coro, tanto en los aspectos musicales como en los escénicos, moviéndose de forma muy acertada en escena, cohesionado en las voces y concertando correctamente en las escenas con los solistas. Muy aplaudido ya desde la primera intervención.

'L'elisir d'amore' es una comedia belcantista que coloca la belleza y la emisión de la voz, con arias y concertantes exquisitos, en primer plano. José Bros, como Nemorino, tuvo un éxito rotundo, incluso después de cantar 'Una furtiva lágrima' se oyeron peticiones de bis, que no llegaron a cuajar. Le dio al personaje una fuerza lírica, pero también agilidad y frescura. Sin duda, fue la persona más aplaudida de la noche.

Beatriz Díaz interpretó a una Adina pizpireta, encantadora y sentimental. Recreó muy bien su papel, vocalmente con brillantes coloraturas, ligereza, pero también con dulzura y expresividad. Su 'Cavatina per me sei libero' cosechó numerosos bravos y una cerrada ovación.

Las dotes interpretativas de Alessandro Corbelli, un gran barítono bufo, quedaron muy bien reflejadas en su creación del papel de Dulcamara, el charlatán y supuesto doctor, vendedor del elixir milagroso. Corbelli se mueve muy bien en escena, incluso, como al final, en el patio de butacas. Posee esa ligereza de los bufos en una voz comedida, pero por encima de todo es muy buen actor.

Edward Parks interpretó un Belcore convincente, mejor en la primera parte que en la segunda. En escena es un hombre alto, fuerte, que encarna muy bien ese papel un poco fatuo del sargento. Finalmente, Marta Ubieta, la soprano vasca que ya había cantado el papel de Giannetta en el Campoamor, cobra, en esta versión relevancia escénica y se podría decir también que vocal. Sus actuaciones con el coro fueron muy aplaudidas.

Casi dos horas y cuarto de una ópera que llegó con una versión muy moderna y llena frescura, encanto poético, visual y, sobre todo, musical. El público de Oviedo lo disfrutó y lo agradeció.

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