El Comercio

Carmela Remigio, con el vestuario de 'Così fan tutte'.
Carmela Remigio, con el vestuario de 'Così fan tutte'. / MARIO ROJAS

«¿Quién no tiene dudas en el amor? Pues eso es lo que plantea Mozart»

  • «Amo a todos los personajes femeninos mozartianos porque representan a todas las mujeres y son complejos psicológicamente»

  • Carmela Remigio Soprano lírica, interpreta a Fiordiligi en 'Così fan tutte'

Carmela Remigio es una mujer de rompe y rasga. «Dulce y juguetona cuando toca, pero también con carácter», según definición propia. Esta italiana de Pescara nacida en 1973 que derrocha simpatía y que abandonó el violín por el canto se prepara para encarnar el papel de Fiordiligi en la nueva producción de Ópera de Oviedo, 'Così fan tutte', que subirá a escena en cuatro funciones a partir del próximo 13 de noviembre. Y es que la carrera de esta soprano lírica ha destacado por sus interpretaciones de papeles del repertorio operístico de Mozart. Una trayectoria que empezó a despuntar cuando, en 1992, se alzó como vencedora del concurso 'Luciano Pavarotti International Voice Competition' en Filadelfia, Estados Unidos, que presidía el propio Pavarotti, quien se convertiría en su mentor, maestro y amigo.

¿Qué tal van los ensayos?

Todo bien. Son muy divertidos. La producción tiene mucho de juego y mucho de amor. Porque de lo que se habla en esta ópera es del amor.

¿Su rol es exigente desde el punto de vista vocal?

Sí. Es un papel muy difícil en algunos momentos, porque, además, conjuga la diversión con la seriedad.

¿Fiordiligi se parece a usted?

Un poquito. Debo decir que tengo fuerza. En ese sentido, soy una italiana típica, sí (Risas).

¿Es de las que se enfada mucho en los ensayos si algo no sale bien?

No. Para nada. Solo me divierto.

No tiene mucho que ver entonces con lo que entendemos por una diva.

No. Soy una diva, pero no me gustan las características que se les atribuyen a las divas. En 2016, creo que mi trabajo debe ser otro. Los tiempos han cambiado y nuestro mundo es más inmediato, tenemos más contacto con todas las personas con las que trabajamos y se trata de crear una energía en grupo para hacer un espectáculo bello entre todos.

¿Manías confesables?

Ninguna. ¡Ya es bastante difícil salir a cantar como para encima tener manías! (Risas) Nada de drama. Estoy libre de fetiches.

¿A quién admira?

A la Callas. Es un gran ejemplo de voz e interpretación. Y también admiro y he escuchado durante muchísimo tiempo a la Caballé. Ella encarnó también a Fiordiligi hace muchos años. Es una gran belcantista, una gran mozartiana y, para mí, otro ejemplo. También como mozartiana admiro a la Schwarzkopf y, entre las de hoy, seguramente la Netrebko es la colega a la que más estimo porque, además, ejerce un gran magnetismo sobre el escenario.

¿Tiene algún personaje favorito en el repertorio mozartiano?

No. Aunque el personaje de doña Anna es el que he interpretado más a lo largo de mi vida artística y volveré a cantarlo el próximo mes de julio en el Liceo de Barcelona, un debut que me hace muy feliz. También he cantado 'Idomeneo' aquí en el Campoamor. Pero, si hablamos de Mozart, amo a todos sus personajes femeninos porque representan a todas las mujeres. Todas son diversas y muy profundas desde un punto de vista psicológico. Es un mundo fascinante.

«Escucho el silencio»

Háblenos de 'Così fan tutte'.

Es un ópera escrita en 1790, pero el tema es completamente actual. Hablamos del amor y de la posibilidad de enamorarse de otra persona que no es tu marido. ¿Y quién no ha tenido dudas en el amor? Pues eso es lo que plantea Mozart, porque el amor es un tema que siempre es actual, es parte de nosotros. De hombres, de mujeres, de todo el mundo. Yo amo hasta a mi gata (Ríe).

Es usted una firme defensora de la renovación de la ópera.

Sí. Creo que la música debe versar sobre la actualidad. Porque vamos al cine y al teatro y vemos un espectáculo o una película con ambientación moderna. Así que el mundo de la ópera tiene que entender que la actualidad debe entrar en nuestro universo porque la música no es solo pasado. Sí, se compuso hace mucho tiempo, pero el público quiere ver a una Mimí de cincuenta kilos, no a una de 210 kilos que muere de tisis. No es posible creérselo. Como no es posible creer que la soprano ama a un tenor que es una mole. Los tiempos han cambiado y es justo que el público que va a la ópera conecte con lo que sucede en la vida de hoy y trasladar los personajes de 1700 a nuestra época porque el melodrama habla de amor y el amor es un argumento universal y atemporal. Los celos, la pasión, la traición han estado, están y estarán.

¿Ha renunciado a muchas cosas para llegar hasta donde está?

No me arrepiento de ninguna porque este trabajo es una vocación, una pasión, un gran amor que me ha dado la posibilidad de exprimir los sentimientos a través de la voz, de ver el mundo, de abrirme a todo, de conocer a grandes personalidades de la música y del teatro y de crecer interiormente. Además, amo a un hombre maravilloso que es profesor universitario de Medicina Interna que me ama y ama mi trabajo. Me dice: «Soy feliz si tú eres feliz. Si tú tienes que ir a cantar, ve. Y, cuando vuelvas, sé feliz». En realidad, no he renunciado a nada. Soy una persona serena con la vida y con el mundo. Estoy muy agradecida.

Se ha definido usted como una nómada.

Sí, pero ahora tenemos el teléfono y Skype y nos vemos y hablamos esté donde esté. Esté en Europa, en América o en Asia, siempre estoy en contacto con mis padres, mi hermano, mi marido y mis amigos, que también son mi familia.

¿Qué escucha una soprano en casa?

El silencio (Ríe). Escucho el silencio porque cuando estoy trabajando en el teatro diez horas al día lo necesito. Ni siquiera quiero oír la televisión.

¿Le queda algún sueño por cumplir?

(Canta). Solo son deseos. No hablo de mis sueños por si acaso no se cumplen.

Es una antigua conocida del respetable asturiano. ¿Hay algún público que sea peculiar?

Para nosotros, lo más importante es ser honestos sobre el escenario. No cantamos de una u otra forma porque el público sea mejor o peor. Aunque debo decir que el público más peculiar es el de Japón, donde se hace un gran silencio durante toda la representación. Es un silencio increíble. Y el aplauso final es largo y atronador. El del resto del mundo es más o menos igual.

¿Qué espera transmitir al Campoamor?

Espero que estén felices y estén emocionados cuando le cantemos al amor en esta ópera. Que el público vuelva a casa con este sentimiento. Porque la música te tiene que tocar dentro, tiene que acariciarte el corazón.