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Casa Lin

Casa Lin

  • Aunque los de Collanzo o Felechosa gustan de bajar juntos, aquí, en embutidos y carnes, encontramos una verdadera embajada del Alto Nalón y más allá

Lin me dijo que era de Collanzo en Aller y, como el oído no afina con los años, le entendí Coyanza, topónimo arcaico para Valencia de Don Juan. No, lo suyo se parece poco a la estepa castellana donde –precisamente– las gentes de las Cuencas iban a secarse y sacarse las humedades del cuerpo;su pueblo queda lejos de la estepa castellana, cabeza de ferrocarril que llevaba el carbón de la cuenca del Caudal hasta San Esteban de Pravia, el puerto por donde lo exportábamos para Coruña, Santander y Bilbao.

¡Tiempos aquellos!

En ese ferrocarril trabajó su padre, mientras que Pancho, el abuelo, llevaba la cantina del Vasco. Un grado. Cantinas legendarias de chatos, pinchos y tutes por antonomasia de las estaciones de vía estrecha: no se entraba para marchar y hacer la espera corta pidiendo un vasín o un café, no, se entraba para quedar y pasar la tarde y la noche. Encima fueron pioneras, allá por 1963, en disponer de televisión: cuando el fútbol y los toros, el mobiliario propio se enriquecía con sillinas de furacu que cada cual aportaba.

Ese espíritu social, generoso y amable de las cantinas, no cabe duda que dejó huella en quien, más amigo del aire libre que de las galerías subterráneas, tras la secundaria recorrió toda España como comercial de textiles, otro de nuestros variados y diferenciados sectores industriales:del basto carbón piedra a la finura de una camisa Ike.

Infelizmente el textil también desapareció, y Lin, buscando algo a su medida, volvió metafóricamente a Ca’ Güelu y abrió un bar de vinos, embutidos y carnes: no habrá mercado para la minería allerana, pero para sus vacas, gochos y derivados, entre los marchamos de oro nacional, siempre hay bienvenida.

Y así comenzó, en Oviedo, que si los de Mieres tiran para playos los de Aller gustan de carbayonia, y con el paso del tiempo y aumento de la clientela las demandas de embutidos de Felechosa, Casomera y por San Isidro le granjearon numerosos pedidos y fidelidades.

Mientras tanto la cocina se iba enriqueciendo en un mano a mano con Gilberto, el cocinero tinetense desde los inicios.

Primero fabadas de las alleranas, que incluso disponen de himno propio (‘baxaben cuatro alleranos, /todos xuntos de madreñes /y en Santullano pidieron /fabes, tocín y morcielles’) aunque incumpliendo la segunda malévola parte (‘les fabes no yeren munches, morciella non vi d’el guna /el tocín taba n’el gochu, /válame Dios que fartura’):aquí todo se ve y flota en el denso caldín de las tiernas granxa.

Y donde hay fabada, hay pote. Y una cecina famosa, igual que las salchichas picantes de Vicente, que llevan el nombre del carnicero que las elabora en exclusiva para Lin, o el revuelto de morcilla de Boñar con gambas, combinación arriesgada y muy felizmente resuelta.

Aparte, los berberechos al ajillo, sin cáscara y en un goloso aceite de oliva, superan lo rico y dan en la diana de lo delicioso, lo mismo que la oreya de gochu picadina, picantina y con patatinas, que podría sustituir honrosamente a los callos; claro que los callos ejercen de especialidad especialísima, por lo que conviven generando indecisiones cuando el cuerpo pide casquería alegre y fijadora de mostachos.

Y de primera vedette, la carne. Por una parte el cachopo especial para cuatro (y sobrado) que además de espárragos, pimientos del piquillo y queso de pata de mulo –un soberbio queso de Mansilla, otra colonia allerana de secado desde los tiempos en que el Cid cortejaba a la asturiana Jimena– lleva por cierre dos melosos y kilométricos filetes de chamón; por otra parte el entrecot de buey de los valles del Esla, que en mimos y pastos (incluidos los del alto Aller y Redes) no bajan la testuz ante el kobe; y pues no hay dos sin tres, el adobo dorado y jugoso cierra la trilogía de la carne.

El sitio también añade valor: pequeño (resérvese preferiblemente), simpático, distendido, mesonero, con chapas de viejos anuncios, cuadros, fotos, botellas y una cocina de carbón en el lateral de la barra, guarda para nostálgicos de los pequeños detalles las baldosas de las calles de Oviedo, desaparecidas va para dos décadas:y ya se sabe, los pequeños detalles son los que marcan las grandes diferencias.

¿Qué visitar?

Arcos del acueducto de Los Pilares. Estamos muy cerca de donde transcurría, largo y majestuoso, el acueducto de Oviedo, derribado en 1914 cuando su uso se convirtió en innecesario, pero privándonos de lo que hoy sería una bellísima estampa y obligada visita para apasionados de las viejas obras públicas (y de las selfies). Por sus pilares, que sostenían cuarenta y un arcos desde las primitivas fuentes de abastecimiento en el Naranco, Pérez de Ayala dio el segundo nombre literario a Oviedo tras la Vetusta clariniana:Pilares. La magnífica obra fue terminada en 1582 y, como consuelo y recuerdo, atravesando la rotonda y en la calle precisamente llamada de Los Pilares, podemos contemplar cinco de aquellos macizos arcos en una ajardinada zona residencial. Triste.

LA RECETA RECOMENDADA: Adobu al estilo Casa Lin

Casa Lin

Ingredientes:

- 1 cinta de lomo adobado fresco de kilo a kilo y medio.

- 1 cabeza de ajos.

- 1 ramín de perejil.

- Especias al gusto.

- 4 pimientos del piquillo con su jugo.

- Aceite de oliva virgen extra.

- Sal

Elaboración:

1. Adobamos la cinta con el pimentón dulce (y mezcla de picante al gusto), el ajo, el perejil y las especias (orégano, tomillo, pimienta en grano, etc) durante, al menos, un par de día;puede hacerse bien en seco, bien añadiendo también vino blanco.

2. Terminado el tiempo de adobo sacamos la cinta.

3. La cortamos en rodajas gruesas para, seguidamente, cortar a su vez las rodajas en tacos.

4. En una sartén echamos un chorro

de oliva virgen extra, ajo muy picadino y el jugo de unos pimientos del piquillo.

5. Freímos los tacos a fuego lento hasta que los veamos hechos, reservando los últimos minutos a dorarlos poniendo la llama al máximo (que queden tiernos y jugosos por dentro y ligeramente crujientes por fuera).

6. Al tiempo que hacemos los tacos revolvemos y ligamos su salsa.

6. Los servimos acompañados de patatas fritas.