Vuelve ‘Peor... ¡Imposible!’

Vuelve ‘Peor... ¡Imposible!’

La XIX edición del ciclo abarrota el Antiguo Instituto gijonés y ofrece una recopilación de «joyas ocultas» del cine popular del siglo pasado

PABLO PARACUELLOS

Que dos o más cosas maravillosas por separado, terminen al juntarse en algo irreconocible a veces, en algo desastroso casi seguro, es una idea presente en la cabeza de gran parte del mundo. Aunque de vez en cuando se escapan pequeñas aberraciones que atacan al buen gusto, presente por defecto en el código genético humano. Sin embargo, pese a las pizzas fusionadas con ensalada o las bandas de música cristina post-hardocre, esta suele ser una máxima respetada por los artistas y creadores de todo el planeta. Pero, por algún motivo, entre los años sesenta y noventa del siglo pasado, el espectador de cine medio tuvo un episodio de amnesia colectiva y ardía en deseos de ver en una misma cinta a Tarzán explorando las minas del Rey Salomón, o a un clon de Bruce Lee uniendo fuerzas con Popeye ‘el Marino’ para derrotar a las fuerzas del mal. Directores –puede que no tan reconocidos como deberían– de la época como Kei Law o José Luis Merino no pudieron hacer menos que corresponder a este ansia del tutum revolutum con un popurrí de ‘crossovers’ del folclore cinematográfico. Mientras que el alma de este asunto era el entretenimiento por el entretenimiento, su aderezo fueron actores parecidos físicamente a las estrellas originales o efectos especiales que eran reflejo de un gran ingenio con el que combatir un bajo presupuesto. Este movimiento del denominado a posteriori ‘cine popular’ de mediados del siglo pasado fue sorpredentemente prolífico. Pero, por fortuna o por desgracia, el gran público se olvidó de él con la misma rapidez que llegaron estos rollos –de celuloide– a las salas. El cine popular fue sepultado por el tiempo: «Es historia no escrita del séptimo arte», concretaba ayer Chus Parrado, el encargado de devolver a estas «joyas ocultas» al lugar que les corresponde: la gran pantalla. Parrado lo lleva haciendo desde hace 19 años con el ciclo de cine ‘Peor... ¡Imposible!’. Y, desde ayer y hasta el domingo, el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón será hogar de más de una veintena de largometrajes aglutinados bajo el lema ‘Mitos, hitos y refritos’.

‘Peor... ¡imposible!’

Martes. A partir de las 18 horas, ‘El mundo que viene’ y ‘Tarzán en las minas del rey Salomón’. A las 22.30 horas, ‘Zombie 4: After Death’.

Miércoles. A partir de las 18 horas, ‘Batwoman’ y ‘Comisario X: en las garras del dragón rojo’. A las 22.30 horas, ‘Terror en el tren de medianoche’.

Jueves. A las 12 horas, ‘Misterio en la isla de los monstruos’. A partir de las 18 horas, ‘Santo y Blue Demon contra Drácula y el hombre lobo’ y ‘Bruce Lee: el dragón ataca’. A partir de las 22.30 horas, ‘2020 Los rangers de Texas’ y sesión sorpresa.

Viernes. A las 12 horas, ‘El lago de Drácula’. A las 16 horas, ‘Bandh Darwaza: la puerta cerrada’. A las 18.30 horas, ‘Ritos y magia negra en el siglo XIII’. A las 20.30 horas, ‘Necronomicón’. A las 22.30 horas, ‘Beowulf, la leyenda’.

Sábado. A las 12 horas, ‘Dark Waters’. A partir de las 16 horas, ‘Encuentros con la maldad’, ‘El hombre perseguido por un ovni’ y ‘Aquella casa al lado del cementerio’. A las 22.30 horas, mesa redonda y ‘El retorno del hombre lobo’.

Domingo. A las 12 horas, ‘Slugs’. A las 16 horas, ‘The Simon’s Jigsaw’. A partir de las 18 horas, ‘Supersonic Man’, ‘Mil gritos tiene la noche’ y sesión sorpresa.

«El festival surgió en su día como una respuesta a una falta de presupuesto. Como no había dinero para montar el ciclo que queríamos, se nos ocurrió: ‘¿Y si lo hacemos de cine malo?’. Funcionó, y aquí estamos, pensando ya en la edición del año que viene», aseguraba Parrado a la puerta de la sala de cine a rebosar del Antiguo Instituto tras dar la charla de arranque. Puede resultar increíble, pero pocas butacas de las 120 quedaban libres para ver ‘King Kong se escapa’, una aventura dirigida por Ishirô Honda en la que, en el Polo Norte, el pérfido Doctor Who tiene una base secreta en la que ha construido un émulo robótico de Kong:Mechanikong.

«Desde el principio, el ‘Peor... ¡Imposible!’ ha tenido buena acogida del público. De hecho, existe gracias a él. Pero lo que sí que es cierto es que ha sufrido un cambio en el tipo de espectador. Cada vez son más jóvenes», aseguraba Parrado para explicar la gran afluencia de la sesión de estreno. «En sus orígenes, venían personas que perfectamente pudieron haber visto las películas en el cine. Pero ahora, sobre todo, vienen a descubrir nuevas obras», añadía. Parrado pertenece al primer grupo, porque lleva yendo al cine desde hace más de 50 años, desde que tiene «uso de razón». Motivo de sobra para que sea complicado tener un mejor anfitrión, ya que en su dilatadísima experiencia como espectador es capaz de coger un género desconocido como es la ‘serie B’, el cine popular, y dotarle de un sentido a través de una sucesión de proyecciones.

«No es posible entender el ‘Peor... ¡Imposible!’ sin tener una visión de conjunto del ciclo. No agrupo las películas cronológicamente, sino por temas, siempre con una justificación. Por ejemplo, empezamos con dos de los iconos más queridos del cine como son El Zorro y Drácula. Pero, claro, ahí entramos en el terreno de los monstruos y por eso no podemos olvidarnos de los zombies o del hombre lobo. Ydel terror pasamos al suspense y, por eso, había que incluir acto seguido a los agentes secretos. ¿Y cómo concebir el cine de finales del siglo XXsin superhéroes?», comentaba Parrado mientras hacía un repaso de la programación del festival. Ymatizaba el organizador del ciclo que, «aunque se denomine popular, hoy en día, no es un cine para todo el mundo».

Porque es cierto que resulta complicado en la actualidad deleitarse con el cine clásico como antes y que es un arte no envejece igual de bien que otros. Para muestra, un botón cortesía de Parrado: «En su día, películas como ‘Frankenstein contra Drácula’ o ‘Terror en el tren de medianoche’ entretenían a los espectadores asustándoles. Ahora les siguen entreteniendo, pero porque causan risa». Pero, para él, este cambio en la sensibilidad del público no es excusa para deslegitimizar el mérito de las cintas populares: «Es completamente lícito que algunas personas consideren estas películas placeres culpables. Lo bueno es que eso implicaría que este es un cine con el que todavía se puede disfrutar». Una serie de charlas y mesas redondas sobre el séptimo arte y literatura complementan la oferta lúdica de un festival que, si todo va bien, irá, con el tiempo, mejor imposible.

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