El Comercio

El PSOE se pliega a la gobernabilidad

En el otoño de 2013, tras las elecciones del 22 de septiembre, el Partido Socialdemócrata alemán (SPD) recibió de la CDU/CSU la invitación a formar una ‘gran coalición’, semejante a la que ya se había formado entre 2005 y 2009. Merkel había ganado con holgura las elecciones, con el 41,5% de los votos y 311 escaños de los 631 del Bundestag, pero le faltaban cinco para la mayoría absoluta en un parlamento en que los liberales del FDP, que tradicionalmente completaban la mayoría del partido hegemónico, habían quedado sin representación por no alcanzar el 5% de los sufragios (lograron sólo el 4,8%).

Las otras dos formaciones, la izquierdista radical Die Linke (La Izquierda), con 64 escaños, y la ecologista Alianza 90/Los Verdes, con 63, no apoyarían en ningún caso al centro-derecha por lo que la coalición de los dos grandes antagonistas ofrecía la solución más estable. El SPD del candidato Peer Steinbrück, consciente de los pros y los contras de aquella decisión, decidió someter el asunto a la militancia.

El referéndum se celebró el 14 de diciembre de 2013; enviaron su voto 370.000 de los casi 475.000 militantes del SPD, alrededor del 78%. De ellos, 260.000 se pronunciaron a favor. Sigmar Gabriel, el líder del partido socialdemócrata, que había obtenido el peor resultado de su historia, respiró aliviado, ya que una parte del partido -entre las bases y algunos influyentes barones regionales- estaba radicalmente en contra de aquella alianza, pero Gabriel había conseguido abrir la ruta de acercamiento a Merkel sin rebeliones estrepitosas ofreciendo dos señuelos a sus adversarios: la exigencia de un salario mínimo profesional de 8,5 euros por hora (no existía salario mínimo en Alemania) y la consulta a las bases.

Hay parangones evidentes entre aquella experiencia y la actual encrucijada del PSOE, con una diferencia: la alianza entre las dos grandes formaciones alemanas tenia precedentes: en 1966 se formó el primer gobierno de gran coalición bajo la presidencia del canciller Kurt Georg Kiesinger, de la CDU, con el SPD, que duró hasta las elecciones en 1969. En la legislatura siguiente, el SPD ya formó gobierno con los liberales del FDP.

En nuestro sistema político surgido de la Constitución de 1978, no había sido necesario hasta hora explorar el pacto PP-PSOE entre quienes han sido los antagonistas naturales y se han alternado en el desempeño del gobierno. Las elecciones de diciembre de 2015, en las que irrumpieron los ‘nuevos partidos’, arrojaron sin embargo una aritmética parlamentaria endiablada que generó un bloqueo que tampoco pudieron resolver directamente las siguientes elecciones del 26J. Porque el pacto PP-Ciudadanos-Coalición Canaria, que reúne 170 escaños en una cámara de 350, era como se sabe insuficiente para permitir la investidura de Rajoy.

La actitud del PSOE, permisiva o no con ese gobierno, resultaba pues determinante, pero el 'no', esgrimido unánimemente por toda la organización desde el primer momento, se había ostentado con tanto alarde que las dificultades de un cambio de actitud eran aparentemente insuperables. Y ha sido necesario implosionar el partido socialista para que esta opción, que evita nuevas elecciones y pone fin a diez meses de provisionalidad, se haya impuesto trabajosamente en la organización socialista. Tras la dimisión forzada de Pedro Sánchez el pasado primero de octubre, Ferraz no tenía de hecho otro camino practicable que condescender con la gobernabilidad ya que, roto el partido, llevarlo a unas nuevas elecciones hubiera supuesto condenarlo a la irrelevancia.

El comité federal de hoy, tres semanas después del estallido del 1 de octubre, ya con los ánimos más templados, ha planteado de entrada las dos opciones en juego, que han sido inicialmente defendidas por la eurodiputada Elena Valenciano, mano derecha de Rubalcaba, y por el diputado vasco Txarli Prieto, afín a las tesis de Pedro Sánchez.

Aquella ha propuesto el voto negativo de todos los diputados socialistas en la primera votación de la investidura de Rajoy y la abstención del grupo parlamentario en la segunda. Prieto ha defendido en cambio el ‘no’ sin matices de los socialistas en ambas votaciones. Tras dichas intervenciones, han tomado la palabra 54 intervinientes, que han defendido las dos posiciones discrepantes; ha cerrado el turno de intervenciones Susana Díaz, con una apelación a la unidad del partido y sin mencionar la palabra “abstención”.

Finalmente, la abstención -el 'sí'- ha obtenido 139 votos a favor y 96 en contra. La apuesta por permitir la investidura de Rajoy ha ganado por 43 votos, diferencia superior a los 25 votos de margen con que se consumó la derrota de Pedro Sánchez.

Falta por ver cómo se materializarán las abstenciones y si el PSC tendrá l posibilidad de votar 'no' sin que ello produzca la ruptura con el PSOE. Pero la noticia relevante es la que es: Rajoy será investido la próximo semana. Concluyen así diez meses de desconcertante provisionalidad. Tiempo habrá de someter a análisis el futuro apasionante que acaba de abrirse.