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«He aprendido a disfrutar de estar solo»

Sergio Galán, en el Cañón del Colca, durante un viaje que hizo a Arequipa con sus padres en Semana Santa./
Sergio Galán, en el Cañón del Colca, durante un viaje que hizo a Arequipa con sus padres en Semana Santa.

Hace un año y medio que Sergio Galán cambió la tranquila Tiñana por la caótica Lima

A. VILLACORTA

Sergio Galán tiene la culpa de que el 'showman' Rodrigo Cuevas sueñe con viajar a Perú a rondarle cada vez que su apretada agenda le deja un hueco libre entre bolo y bolo. Porque este ingeniero civil de 28 años criado en la parroquia sierense de Tiñana emigró a Lima hace un año y medio dejando en Asturias pareja, amigos y familia y poniendo, de paso, a prueba un amor de los buenos. «Mis padres me apoyaron desde el primer segundo y les estoy muy agradecido, y Rodri también me apoyó y me apoya al cien por cien, a pesar de que se hace un poco dura la distancia. Pero, oye, yo creo que lo llevamos de una forma bien sana, así que p'alante».

«P'alante». Eso mismo fue lo que se dijo la Navidad de 2016, tras haber estudiado en Santander y Valencia y haber empezado su vida laboral como dependiente en un Zara, además de hacer prácticas de lo suyo en el Ayuntamiento de Avilés. «En los dos sitios me trataron de lujo y aprendí un montón. Fue una buena época, pero no tenía ni idea de lo que quería hacer con mi vida. Más o menos como ahora», bromea. Eso sí: sentía que «tenía que arrancar con el currículum cuanto antes». Y entonces los astros se alinearon para que entrase en escena su amiga Lara -asturiana también, y con la que había estudiado en Cantabria-, que aquellas Navidades estaba de visita en Asturias.

«Ella había emigrado ya cuatro años antes a Perú y me ofreció la posibilidad de contratarme en la empresa en la que estaba. Me quedé con la mosca detrás de la oreja, en febrero la llamé para preguntarle si seguía en pie la oferta y en marzo estaba en la capital peruana currando. Nunca le agradeceré suficiente la oportunidad que me dio de vivir esta experiencia, tanto en lo profesional como en lo personal».

Así -agradecido y emocionado- es como se siente Sergio Galán a día de hoy en tierras incas, donde ha trabajado en un proyecto de reemplazo de puentes en la zona de Puno y donde ahora está inmerso en las obras para los Juegos Panamericanos 2019.

Un desembarco vertiginoso: «De repente, aterricé aquí y a la mañana siguiente estaba sentado en la oficina. Creo que tardé varias semanas en asumir el cambio de vida». Pero no se le notó porque, al poco tiempo, hizo nuevos amigos con los que ir a clase de 'hula hop' y con los que quedar a beber vino y comer jamón una vez por semana, «plan de señoras total». Pero es que, además, tuvo «un flechazo» con la casita en la que sigue viviendo, que ha llenado de plantas y que comparte con tres compañeros, en pleno malecón de Miraflores. Y, de paso, descubrió las cosas que menos le gustan («el caos circulatorio de Lima y la basura por todo el país») y las que más: «Además de una naturaleza increíble con desierto, sierra, selva y altiplano, lo vivas que siguen las tradiciones y el culto a la Pachamama, con unas comunidades fortísimas que muchas veces tienen más poder incluso que sus gobiernos regionales y el hecho de que utilizan constantemente el espacio público para todo tipo de actividades. Todo eso deberíamos copiarlo».

Pero el viaje más importante ha sido el interior, en el que a Sergio Galán se le ha despertado lo que él llama «el gusanillo de explorar» más rincones de la piel de América y en el que se ha reencontrado: «Te sientes un poco solo, pero eso te ayuda a pasar tiempo contigo mismo y a conocerte mejor. Aquí he aprendido a disfrutar de estar solo y me alegro de ello».

Y ahora es cuando viene «la pregunta del siglo», dice: ¿volver o no volver? «La verdad que soy incapaz de contestar. No entra en mis planes tardar mucho, pero aún no ha llegado el momento tampoco». Y luego están sus padres, sus amigos y Rodri, que, de cuando en cuando, se acercan a rondarle por tierras de Perú como quien va a Tiñana.

 

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