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«Nunca EE UU estuvo tan dividido»

«Nunca EE UU estuvo tan dividido»
Teresa, con su marido, Brett Michael Joly, y sus hijas, Victoria Covadonga, de cinco años, y Bárbara, de dos.

La gijonesa Teresa Díaz-Faes da clases de español en un instituto de Connecticut

M. F. ANTUÑA

Teresa Díaz-Faes (Gijón, 1979), licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo, se fue a hacer un curso de verano a la Universidad de San Diego, en California, se enamoró de quien hoy es su marido, Brett Michael Joly, y allí está, viviendo en Connecticut, dando clases de español en New Haven y con dos hijas: Victoria Covadonga y Bárbara.

«Me gusta mucho la enseñanza», afirma, y lamenta después que tanto teléfono móvil en las clases haga que los chicos no se centren. «Comparando con el sistema educativo español hay pros y contras», apunta. Y aclara que no es preciso pasar por una oposición para ejercer como profesor y que, por tanto, las plazas no son fijas. En el plano puramente académico, la cosa cambia: «En la enseñanza básica y de instituto, me parece que se exige más en España, pero sin embargo en las universidades americanas el nivel educativo está un poco por encima, hay más recursos para acceder a materiales, libros y sobre todo para la investigación», resume. Eso sí, llegar a la universidad es costosísimo. Hay becas, ayudas, pero al final hay que devolver el dinero con intereses. Y es muchísimo. La clase media, sostiene Teresa, es la que más difícil lo tiene: «La clase alta se lo puede pagar, la trabajadora puede conseguir becas como en España, pero la media se lo tiene que pagar pueda o no», plantea.

Aunque conoció a su marido en California, él es natural de Connecticut y es allí donde viven, en Branford, al sur del estado. Allí la vida no difiere en muchos aspectos de la española -trabajo, colegio, partidos los fines de semana...-, pero también tiene notables diferencias en las formas de socializar. «En España se sale a la calle, bares, restaurantes y sobre todo los fines de semana; aquí el americano normal, joven, mayor, lleva una vida totalmente casera, las reuniones con los amigos se hacen normalmente en la casa de uno de ellos los domingos, las barbacoas, y a las diez de la noche todo está cerrado». Dicho de otra forma: «En España se vive más la vida, se gasta más, se hace más vida con los amigos... El americano es más familiar, menos callejero, pero sin embargo es también más despegado, una persona aquí puede pasar semanas o meses sin llamar o ver a sus padres, hijos, hermanos, aunque se adoren».

Es un territorio distinto. Y un país, eso sí, de oportunidades. Es posible hacer dinero. Si bien ya no es el sueño americano tradicional el que impera, sino que ha mudado hacia «hacerse rico y popular a través de Youtube, Instagram». Ahora mandan «dinero y fama fácil y rápido».

No son buenos tiempos en el país que gobierna Donald Trump: «El mayor problema de su presidencia es la gran división que creó, nunca había estado el país tan dividido», remata. Y añade: «Su problema es que es radical, no tiene filtro a la hora de hablar porque no le importa ofender y es un un maestro de la propaganda y la demagogia».

Asturias está lejos, pero siempre ahí, con la añoranza presente. Ella tiene, como sus hijas, doble nacionalidad. Y con ellas vuelve a España cada verano para que estén con sus abuelos y el resto de la familia. «Hablan y entienden español perfectamente, yo quiero que se acostumbren a que España es su otro país, que son americanas y asturianas». La mayor tiene cinco años; la pequeña, dos.

Su casa, su trabajo, su vida en definitiva, está en EE UU, y aunque a su marido le encanta España, volver no se plantea como un objetivo a corto plazo. «En un futuro, cuando seamos mayores y jubilados, nos gustaría pasar la mitad del año aquí y la otra en España».

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