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«Necesitaba sentirme útil y demostrar que sí servía para algo»

«Necesitaba sentirme últil y demostrar que sí servía para algo»
José Alonso, ante la catedral de Bruselas. / E. C.

José Alonso dejó Asturias para acabar montando una empresa turística en Bruselas

J. L. GONZÁLEZ

Este ovetense con alma de emprendedor realizó estudios de marketing y publicidad, una formación especializada para la que no encontró salida en Asturias. «Como todo el mundo, yo también tengo pueblo en Asturias, Felechosa. Tengo el título de profesor en snowboard y mientras estudiaba trabajaba en la estación de esquí. Hice prácticas en Alsa, pero al final me quedé sin trabajo. Y no buscaba solo de lo mío», recuerda.

Así que cuando a la que ahora es su exmujer le salió la oportunidad de irse a trabajar a un hotel en Bélgica, no se lo pensó: hizo las maletas y se fue a un país desconocido a buscar las oportunidades laborales que Asturias le negaba. «Me salió la oportunidad de trabajar en un hotel y, mientras, estudiaba el idioma en la Universidad. Aquello nos permitió tener la independencia que no teníamos en Asturias, vivir juntos». Porque, según explica José Alonso, en Bélgica el salario mínimo «sí da para vivir. Da para tener una total autonomía. Son más o menos unos 1.350 euros al mes netos y el nivel de vida en Bruselas es similar al de Madrid».

El trabajo en el hotel duró un año porque de aquella primera oportunidad surgió una segunda que cambió el rumbo de su vida. «Los clientes españoles, al ver que hablaba su idioma, me preguntaban mucho cómo ir a un sitio u otro. Vi que ahí había una oportunidad», señala.

Esa idea se tradujo en una primera furgoneta con la que comenzó a mover turistas por Bruselas y que hoy es una empresa, Buendía Tours, que da empleo a 128 personas, trabaja en Bélgica, Holanda, Francia, Italia, Alemania, Portugal y España y que organiza visitas a más de 150.000 personas al año. «Empecé como autónomo y fue complicado por el tema de las licencias. En aquel momento me ayudó mucho mi exmujer, que conocía mejor el idioma. Si tuviera que hacerlo hoy, me llevaría un día ponerlo en marcha. Bélgica es el país de Europa donde más rápido se crea una empresa», afirma.

Tres años después, la empresa era una realidad que no paraba de crecer y José Alonso ya tenía una vida hecha en Bruselas. «Lo que más me llamó la atención cuando llegué fue la multiculturalidad. En las clases de idiomas de la Universidad éramos 22 personas de 22 países diferentes».

Tanta es la variedad de orígenes de los habitantes de esta ciudad que «cuesta encontrar un belga. Tienen un carácter diferente, tardan más en ser personas cercanas, pero cuando lo consigues, te lo dan para siempre», señala.

De Bruselas, además de la multiculturalidad, destaca que es una ciudad «muy divertida, muy animada, que está cerca de todo y que da oportunidades a los jóvenes». Y aunque echa de menos a la familia y viaja más a Asturias para sentirlos cerca, reconoce que en su nuevo hogar tiene «prácticamente de todo. Además, mandamos los autobuses a reparar a Asturias y volvemos con el maletero lleno de aceite, embutidos...».

Lo que no tiene en Bruselas son las montañas y la costa asturiana, los amigos ni el ambiente. No obstante, dos amigos suyos «de toda la vida» también se decidieron a dar el paso y hace años que son parte fundamental de su vida allí. «Uno trabaja con nosotros y el otro en un hotel», señala.

Sus planes de futuro pasan por seguir creciendo con su empresa, para la que ya trabajan cuatro personas de forma telemática desde Oviedo, ciudad donde espera abrir pronto una oficina. Lejos ha quedado ya la desesperación por encontrar un trabajo y la necesidad de sentirse útil en una región que le negaba las oportunidades laborales. «Me volvía loco», recuerda.

 

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