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«En Asturias solo veo chigres»

«En Asturias solo veo chigres»

José Manuel Serrano trabaja en una multinacional electrónica en la Costa Azul

Azahara Villacorta
AZAHARA VILLACORTAGijón

«Hace dos años, estaba atravesando mi peor momento personal, pero, de repente, recibí una llamada que me cambió la vida». Quien hace la confesión es el avilesino del barrio del Carbayedo José Manuel Serrano desde su piso en Antibes, en plena Costa Azul francesa. Una décima planta desde la que, mientras habla, divisa el mar y, allí, atracado frente a su ventana, «el yate del millonario ruso Abramóvich. Una pasada».

Serrano, que estudió Trabajo Social en Oviedo y curró en casi de todo menos en lo suyo –desde en un supermercado hasta como comercial–, estaba empleado por aquel entonces en una empresa de Madrid en la que empezó a «facturar mucho dinero» y, aunque «no tenía ni idea de electrónica», aquella llamada era para ofrecerle trabajo en Converge, una multinacional del ramo que lo quería tener entre sus filas después de que una cazatalentos británica se fijase en él.

Y, claro, dijo que sí a un trabajo que consiste, básicamente, en «ser un conseguidor». Olo que es lo mismo, ahora explicado para los no iniciados:«Soy un ejecutivo que se encarga de que, cuando una empresa tiene un problema con cualquier componente, te llame a ti y tú se lo consigas. Porque, a lo mejor, una parada de un día en la producción de un 'gadget' puede suponer unas pérdidas de un millón de dólares para esa compañía».

En eso, Serrano –que habla inglés, y un poco de portugués, además de estar aprendiendo francés– es «uno de los cinco mejores de España y Latinoamérica». Una habilidad que le ha llevado al llamado 'Silicon Valley francés', el parque tecnológico y científico 'Sophia Antipolis', a las afueras de Antibes.

Allí, ha encontrado un ambiente laboral en el que «se valora mucho el buen rollo, el compañerismo», y un grupo de amigos de distintas nacionalidades: galos, ingleses, alemanes... «Eso sí, todos mucho menos emotivos que los españoles. En general, son bastante pasotas. Los franceses todo lo solucionan con un 'C'est la vie'».

Él, en cambio, desde hace cuatro años ha encontrado la manera de aportar su granito de arena al tejido productivo asturiano, porque José Manuel Serrano ha donado miles de euros en componentes electrónicos a la región, excedentes de empresas españolas «que a ellas no les suponen prácticamente nada» y que han tenido como destinos la Universidad de Oviedo o centros educativos como el IES Lastra de Mieres.

Con todo, siente José Manuel que cada vez que regresa a casa se le cae el alma a los pies:«En Asturias solo veo negocios que se cierran o se traspasan y chigres y más chigres. ¿Cómo quieren que los jóvenes se queden?, ¿a trabajar en qué?», pregunta.

Y, a él, que suele viajar cada dos meses a España y que lleva «una Cruz de la Victoria enorme» en el coche, le duele que «el Principado no haya entrado todavía en la cuarta revolución industrial y se haya quedado en la tercera:la del metal». Que «lo que prime entre la clase política sean los mamoneos» y que «haya tanta gente que se mete en un partido como quien está una empresa:para vivir de ello toda la vida».

Él –que cuenta que militó en las filas socialistas y que reconoce que no le va nada mal entre fiestas en la playa en verano y esquí en invierno (los Alpes quedan a una hora)– podría también decir que nunca va a volver, porque además tiene la nevera «bien surtida de compango», pero no se lo lleva el cuerpo porque él no es francés, sino del barrio del Carbayedo:«La vida te va llevando y nunca se sabe lo que va a pasar. La prueba es que, yendo para Antibes, me paró un gendarme y me pidió la documentación del vehículo. Había visto la bandera de Asturias y me preguntó:'¿Guaje, de qué equipo yes? Si no dices que del Sporting, te pongo una multa'. Resulta que el padre era de Candás y, aunque dije que era del Oviedo, al final no hubo multa».

 

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