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«Lo que te llevas es lo que vives»

«Lo que te llevas es lo que vives»
Jessica Vallina, en Bali, uno de sus destinos preferidos.

La gijonesa Jessica Vallina pasa medio año de acá para allá por trabajo o placer

AZAHARA VILLACORTA

Si a Jessica Vallina Suárez le preguntan qué pide a los Reyes, la respuesta será un billete de avión, porque la gran pasión de esta gijonesa nacida hace 33 años es viajar. Por trabajo o por placer. Por aire, tierra o mar. Y, de hecho, se tira la mitad del año «de acá para allá, con la casa a cuestas». De Bruselas a Cuba pasando por Israel, algunos de sus últimos destinos. «En verano estoy en Ibiza y en invierno, por todo el mundo», cuenta esta mujer que tiene muy claro desde que terminó la ESO en el IES Nº1 que lo suyo era estar en movimiento. Exactamente, «desde que era una guaja» y empezó a bailar en el Tik por puro placer. «Tenía 16 o 17 años y ni siquiera cobraba».

Ya con 18, consiguió que le pagasen por animar las veladas de la mítica discoteca ovetense La Real. Y, solo un año después, dio el salto a la isla blanca, reino indiscutible de las noches de música y desenfreno, en el que, recién llegada, «no conocía a nadie». Así que los primeros pasos en el paraíso balear fueron como camarera de Amnesia.

Pero lo consiguió. Y, al poco tiempo, ya se había subido a los podios de Pachá. Y, de allí, a Las Vegas, Argentina o la República Dominicana, uno de sus destinos favoritos junto con Bali. Allí -explica Jessica- ha encontrado «un público con más alma» que en los clubes ibicencos, donde las bailarinas se convierten en una suerte de seres intocables que se elevan sobre la multitud con unos trajes que las vuelven irreconocibles: «Yo, a lo mejor, tengo a veinte tíos de seguridad debajo de mí, así que nunca se ha dado el caso de que nadie haya intentado propasarse. Como mucho, te piden una foto de la que vas caminando hacia el camerino».

El mundo de la fiesta es, desde entonces, su elemento natural, un territorio «lleno de alcohol, drogas, confusiones, peligros y perversiones en el que tienes que tener la cabeza bien amueblada».

De no haber sido así -reconoce- podría haber visto su destino «arruinado» hace tiempo. Pero en la mente de la gijonesa el baile es un negocio que, además, le interesa cada vez menos. Y, ahora que tiene 33, piensa en «estirarlo todo lo que pueda» porque sabe que «la retirada será definitiva».

Pero, antes, planea combinar el 'business' con el ocio y emplear sus ahorros en ver mundo cuando no esté trabajando. Y, de hecho, en cuanto termine de disfrutar de «las Navidades y la comida» junto a sus padres y sus hermanos en Gijón, hará la mochila para volver a Santo Domingo y recorrer, después, Perú, alojándose «en hoteles baratos, que el sueldo de bailarina tampoco da para lujos». Y, de allí, a esquiar a Andorra y a conocer Australia.

Esa es la vida nómada que Jessica Vallina ha elegido, que «tiene sus pros y sus contras» y que «no vale para todo el mundo», porque «hay mucha gente a la que le horroriza estar veinte horas en un avión o ir todo el día con la maleta sin un domicilio fijo».

Ella no tiene dudas: «Voy a viajar todo lo que pueda. Porque, al final, eso es lo que nos llevamos, lo que vivimos. Lo material se va a quedar aquí». Y no se arrepiente a pesar de que lleva «siete años sin pareja y para seguir», bromea. Un carácter que ha heredado de su abuela Tere, que, «a sus 67 años, se va sola a Benidorm y baila y liga y lo pasa muy bien y muy mal, porque las dos somos muy sufridoras por amor», confiesa.

Eso es -defiende esta mujer- el feminismo: «Creo que debe haber igualdad y libertad y que estamos en el buen camino para conseguirlo». Y, cuando las ganas de volar se le pasen, también sabrá que hacer: «Tengo muy claro que voy a acabar en Asturias porque me siento muy asturiana y no he perdido mi esencia. Me encanta su gente, que es lo mejor, y sigo manteniendo mis amigos de siempre. Pero, además, como me muevo tanto, tengo muchas ideas de lo que podría funcionar aquí y ya pienso en montar mi propio negocio». Y, por si eso falla, también tiene «un plan B y hasta C»: «Me he sacado el título de monitora de musculación porque me encanta el 'fitness' y también planeo sacarme el de técnica de educación infantil, porque me chiflan los niños. Y, a lo mejor, hasta tengo los míos y me echo un novio».