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«En EE UU se mira mucho lo material»

Carmen Diez Suárez es ovetense y se fue a Nueva York hace 32 años. / E. C.
Carmen Diez Suárez es ovetense y se fue a Nueva York hace 32 años. / E. C.

Carmen Diez llegó a Nueva York con 23 años y 32 después vive en Florida | Trabajó organizando fiestas en Manhattan y ahora es agente inmobiliario en el condado de Palm Beach

M. F. ANTUÑA

En la capital del mundo trabajó en una empresa de 'catering' y tuvo oportunidad de ver de cerca a un montón de famosos. Que si la boda de una Kennedy, que si las fiestas de Paul Newman, que si un evento benéfico para Audrey Hepburn por el que se dejaban caer David Bowie o Grace Jones. Así transcurrieron los años en una metrópoli que ha cambiado mucho: «Antes la ciudad era superbohemia, y cualquier actor, cantante, artista, tenía posibilidades de vivir allí. Ahora solo puedes si tienes muchísimo dinero, si no es imposible», resume. En aquellos felices finales de los ochenta la urbe era una «mezcla impresionante y muy divertida».

Pero trece años después de llegar, y después de trabajar también con el promotor musical Aquiles Tuero, se fue rumbo a un destino más cálido, a Miami, al condado de Palm Beach. Lo hizo siguiendo los pasos de Lars Bolander, un diseñador de interiores sueco afincado en Estados Unidos que decoraba las casas de los millonarios de la zona. «Con él trabajé hasta que llegó la crisis, y en 2008, 2009, dejaron de construir, así que ya nadie decoraba las casas».

Cambió entonces de ocupación y derivó hacia la actual. Se ha convertido en agente inmobiliario. «Aquí hay que pasar un examen del estado para serlo», aclara. «No son mansiones, suelo trabajar el mercado latino, cubano, que son más amables y que te tratan mejor que los millonarios», explica. Ahora, añade, es más fácil alquilar que vender. La crisis pasó factura y conseguir créditos no es tarea sencilla.

En el condado de Palm Beach es donde acostumbra a descansar el presidente Donald Trump. «Desgraciamente viene por aquí constantemente los fines de semana y estamos todo el día con cortes de tráfico por culpa del servicio secreto y todas esas cosas». No es santo de su devoción del presidente.

Tiene desde hace nueve años la ciudadanía estadounidense, pero no se siente muy americana en su forma de ver la vida. «Se mira mucho lo material, el coche nuevo, el poder económico y yo nunca me metí en eso». Se siente muy española en su forma de ver el mundo, de una manera más sana. Pero sí que admira de sus nuevos compatriotas algunos aspectos: «Resalto de los americanos su patriotismo, si se tienen que unir para que el país mejore se unen, están orgullosísimos de su bandera». Son muy profesionales e impecables en el servicio. «La gente ambiciosa consigue lo que busca. Hay oportunidades, cualquier emigrante que llegue el país puede hacer dinero». Porque si bien el sueño americano existe también tiene su cuota de irrealidad. «Aquí hay mucha fantasía, son los mejores para eso, todo está un poco disfrazado y es superficial», anota. Hay otros aspectos que una asturiana de pro llora y añora: «La calidad de vida, la alimentación es mucho mejor en España, como la relación con la familia, con los amigos, y que nosotros sabemos que las mejores cosas de la vida no se compran con dólares».

 

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