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«El tráfico en Lima es un infierno»

María Luisa Carro Hevia, con su marido y su hijo./
María Luisa Carro Hevia, con su marido y su hijo.

La arquitecta ovetense María Luisa Carro Hevia vive en Perú con su marido y su hijo | Cruzó el charco tras quedarse sin empleo en Asturias como consecuencia de la crisis y no descarta volver

M. F. ANTUÑA

La crisis la empujó a cruzar el charco. Y pese a que las añoranzas son muchas, en Perú ha hecho su vida María Luisa Carro Hevia (Oviedo, 1980, criada en La Fresneda). Esta arquitecta formada en la Universidad de Valladolid está casada con un peruano y tiene un hijo de cuatro años. Una vez acabados los estudios en la capital castellana, regresó a Oviedo y estuvo tres años trabajando. Pero la crisis de la construcción hizo que los proyectos desaparecieran y el estudio redujera personal. «Una de mis amigas arquitectas tuvo la oportunidad de ir a trabajar con su empresa a Perú y fue la que me impulsó a buscar oportunidades allí», explica. El envío de currículos acabó por dar sus frutos y en 2012 hizo la maleta. «Finalmente contacté con la empresa J. M. Polo Arquitectos, donde tenían interés en jóvenes arquitectos que vinieran de fuera y pudieran aportar un aire fresco a la empresa. Me ofrecieron trabajar dos meses y allí me fui», relata. Al final fueron tres años. Pero se casó, nació Paul y compaginar vida laboral y maternidad se tornó imposible «en un país en que no hay prácticamente ninguna ayuda de conciliación».

Su marido es arquitecto y tiene su propia empresa, Paux Arquitectura. Aunque más enfocada en la imagen 3D y el marketing inmobiliario, también hace diseño interior y edificios de viviendas, un área que ella puede impulsar. Así que ahora mismo hace un máster en Gerencia de Proyectos al tiempo que colabora con su esposo.

No es fácil trabajar por cuenta ajena en el país andino. «Los salarios son bastante bajos», apunta. Y añade que el salario en Perú sería el equivalente en España a unos 250 euros. «Para tener un nivel de vida similar al que tendrá un español medio tendría que tener un cargo importante en la empresa o bien emprender por sí mismo un negocio». Ahora esa es la tendencia para quienes quieren ganar dinero. Porque, además, «crear una empresa en Perú no es muy costoso».

El gran problema de la vida en Lima es el tráfico. «Es la única ciudad en Sudamérica que para su población no tiene un sistema integrado de transporte. Solo existe una línea de metro que recorre la ciudad de Norte a Sur y está colapsada», asegura. El transporte público funciona a base de autobuses libres incontrolados. «Moverse de un punto a otro de la ciudad es un infierno, incluso a veces para recorrer seis kilómetros en coche puedes tardar 45 minutos». Ese es el reto de una ciudad que, como consecuencia de ese caos, sufre un gran problema de contaminación. No hay espacios verdes, no llueve y la urbe es, en definitiva, «muy sucia».

Así las cosas, no es raro que eche de menos el país y su forma de vida. «Por ejemplo, salir es muy caro, todo está muy lejos, no hay cafeterías, ni bares tal y como los conocemos aquí», asegura. Lo habitual es mirar con envidia a los amigos que regresan a España. Ella también quiere hacerlo y su marido peruano está por la labor. «Una de las cosas que más extraño de Asturias es su paisaje y su naturaleza, poder ir a la playa todos los días en verano, en quince minutos perderte en un bosque, que en verano puedas salir a la calle sin desintegrarte por el sol asfixiante que hay en Lima». Pero hay más. También se echa en falta ese café a diez minutos de casa, ir al supermercado y cruzarte con un conocido, y «que llueva de vez en cuando».

 

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