Asturias prepara una revolución educativa para atajar el fracaso y la falta de motivación

Alumnos del IES de la Laboral, en el aula, sin mesas y sillas, con pufs, gradas, iPads, un croma y mucha participación. / ARNALDO GARCÍA
Alumnos del IES de la Laboral, en el aula, sin mesas y sillas, con pufs, gradas, iPads, un croma y mucha participación. / ARNALDO GARCÍA

La consejería dará un giro total a la forma de enseñar para atajar el fracaso, absentismo y falta de motivación | En los próximos años cambiará la forma de las aulas, la organización del horario, la relación de los colegios con la sociedad y la manera de evaluar

OLGA ESTEBAN GIJÓN.

Decía el último informe PISA que, en Asturias, el 28% del alumnado de 15 años no está en el curso que le corresponde por edad, esto es, cuarto de la ESO. Ese 28% ha repetido un curso o incluso dos. Según informes del Ministerio de Educación, la región también registra un 14,8% de abandono escolar: jóvenes entre 18 y 24 años que no han completado la Educación Secundaria. Aunque la tasa es mejor que la media española (18,3%), está aún por encima del promedio europeo (10,6%). Todos los estudios sobre el absentismo indican que la desmotivación es una de las principales causas para que nuestros niños y jóvenes prefieran no asistir a clase. Curso tras curso se repiten las críticas de familias con niños de necesidades educativas especiales. Y los padres de pequeños con altas capacidades no se cansan de repetir que el sistema educativo no está respondiendo a su demanda, abocando a muchos de ellos al fracaso escolar.

No tiene Asturias las peores estadísticas de España. De hecho, en muchas de ellas está por encima de la media, pero sí tiene suficientes pistas como para saber que el sistema educativo tradicional, la forma en la que durante muchos años se ha enseñado en nuestros colegios, se ha quedado obsoleta. Los niños aprenden de forma distinta, con herramientas distintas. Van, en muchas ocasiones, a una velocidad distinta a la de los colegios. Y, por supuesto, distinta a la de la administración. La Consejería de Educación lo sabe y se ha puesto manos a la obra, partiendo en algunos casos de lo que algunos colegios e institutos ya estaban aplicando por su cuenta, gracias a profesores y equipos directivos más que voluntariosos.

Más información

Lo que está en marcha, aunque la consejería no le haya dado aún una forma ni nombre oficial, es una auténtica revolución de la enseñanza. Ese 'aula del futuro' que veíamos de lejos, en Madrid, en el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y deFormación del Profesorado (el INTEF) ya ha llegado, de alguna forma, aquí. Y se extenderá. Porque el futuro pasa por ahí y todo un equipo de personas del área de Orientación Educativa y Formación del Profesorado de la Consejería de Educación del Principado están trabajando en ello, con María Vallina al frente. Lo hacen sin plazos aún concretos, porque «no queremos repetir errores del pasado». Aunque lo cierto es que en algunos de los documentos que maneja la consejería se hace referencia a la Declaración de Incheon 2030 para la Educación, del Foro Mundial sobre la Educación, que fija en esa fecha, el año 2030, el plazo para haber logrado una «transformación hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad».

¿En qué se traduce esa transformación? Nada ni nadie será ajeno a los cambios. Todo, realmente todo, lo relacionado con la forma en la que se enseña en las escuelas e institutos va a ser sometido a cambios. Para ir dando pasos y concretar actuaciones, el plan de estudio se ha dividido en siete grandes bloques. A saber: infraestructuras, plan de centros, contenidos, prácticas de enseñanza y aprendizaje, formación del profesorado, relación y colaboración con las familias y el resto de agentes sociales y, finalmente, la evaluación de los alumnos. Y de los propios centros, que también serán evaluados.

Por el momento, lo que se está haciendo es una radiografía de la situación: qué medios tienen los centros, cómo los usan y cómo les gustaría usarlos, qué objetivos de centro tienen, qué métodos de aprendizaje se están utilizando y cuáles deberían ser los usados. Hay que «repensar» casi todo, partir de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) para dar paso a las TAC (tecnologías del aprendizaje y el conocimiento) y las TEP (tecnologías para el empoderamiento y la participación). Mientras se analiza todo eso se construyen también las nuevas herramientas digitales que los centros van a necesitar (correo del profesorado y alumnado, plataforma de formación a distancia, posibilidad de habilitar escritorios virtuales para trabajar desde casa...).

'Zonas de crear'

Cambiará la forma de los centros. Desaparecerán las aulas de informática, porque el futuro pasa por la incorporación de esas herramientas al resto de la vida del colegio. Centros que contarán con 'zonas de crear', 'zonas de desarrollo', 'zona de proyectos'... «La tecnología estará al servicio de la pedagogía y no al revés». Los alumnos dejarán de ser solo consumidores de contenidos, sino que deberán ser capaces de crearlos. El aprendizaje se basará en la acción, la experimentación, los proyectos, el trabajo en equipo. La robótica estará presente. Las materias, los horarios y los espacios serán flexibles. Habrá proyectos multidisciplinares. No habrá actividades mecánicas y repetitivas, sino que habrá que buscar la aplicación a lo que se aprende. Se buscará una enseñanza individualizada.

Parece lejano, pero ya se han dado «algunos pasitos». Están en marcha proyectos pioneros. El más importante, quizás, las Aulas Dinámicas, en el que tres centros asturianos están mostrando el camino a seguir y experimentando ya una nueva forma de enseñar y aprender.