Un valle moldeado por la reconversión

Pola de Lena junto a la autopista A-66./J. M. PARDO
Pola de Lena junto a la autopista A-66. / J. M. PARDO

Un estudio analiza los cambios sufridos en el Caudal con el declive en la minería desde los años 80 | El geógrafo Santos Fernández concluye que esta transformación continúa en la actualidad y que genera un grave problema poblacional

ALEJANDRO FUENTE

La comarca del Caudal ha experimentado –en el siglo XX y en el actual– un profundo cambio marcado por aspectos como la industrialización, el desarrollo de la actividad extractiva del carbón y de un importante desarrollo poblacional. Pero todo cambió desde el inicio de la reconversión, en los años 80 del siglo pasado. La transformación fue profunda desde entonces en varios aspectos: el desarrollo de nuevas infraestructuras, el impulso de nuevos espacios para facilitar el crecimiento de empresas, la propia morfología de las principales poblaciones y, sobre todo, en el ámbito demográfico. El licenciado en Geografía y doctor por la Universidad de Oviedo Santos Fernández Noguerol ha estudiado todos estos aspectos en profundidad y ha plasmado el resultado en un volumen de grandes dimensiones con gran cantidad de datos. Y con sus conclusiones. ¿Como afectó esa política de transición? «En la pérdida de población», destaca el autor del estudio, que lleva por título 'Transformaciones territoriales recientes en el Valle del Caudal como consecuencia de la reconversión industrial'. La consecuencia de esta reducción de habitantes es el envejecimiento de quienes residen en estos municipios: Mieres, Aller, Lena, Morcín y Riosa. «No nacen niños, no hay reemplazo y, a la vista de diez años, va a ser un grave problema».

En el volumen se ofrecen gran cantidad de datos sobre este asunto. Así, en Mieres, en el año 1900, había 17.867 vecinos. El pico más alto llegó en la década de los sesenta, con más de 71.092. Desde entonces, el gráfico ha ido descendiendo; en 2011 la población era de unos 40.000 vecinos. En Aller, a principios del siglo XX, eran 13.000 los habitantes cansados y llegaron ser casi 30.000 en los años 60. En el 2011 el censo ya se volvió a situar en los 12.000 habitantes. Menos acusado fue el crecimiento y la pérdida poblacional en Lena; el gráfico situaba la cantidad de habitantes en 12.289 en 1900, llegando hasta los 16.000 en los años 60. En la actualidad hay unos 12.000.

Hay casos más concretos de poblaciones que desarrollaron un gran crecimiento por el impulso minero, explica el autor, en el que este fenómeno es más evidente; «en valles como Vegadotos o Turón (en Mieres) había una actividad importante, en Rioturbio había 3.500 personas viviendo, hoy quedan 800». Señala que han quedado como restos de la despoblación muchos edificios vacíos que van quedando en ruina, «lo que da una imagen decadente en algunas zonas».

La reconversión trajo una mejora en la comarca, señala el geógrafo: las comunicaciones por carretera. Según se explica en el estudio, se subsanaron los principales problemas de la red diaria en la última década del siglo XX. Desde el comienzo del siglo actual, «puede considerarse que su estructura (la de carreteras en la comarca) está plenamente desarrollada, especialmente desde la entrada en servicio de la Autovía Minería (AS-I) y el último tramo de la vía rápida de Aller, entre Corigos y Cabañaquinta». La mejora estaba obligada por el incremento del tráfico. En los años 60, por el puerto de Pajares circulaban unos 460 vehículos al día; en 2011 la cifra era de casi 4.000. Por Mieres transitaban unos 6.000 vehículos en la década de los 60, llegando hasta los 31.000 en 2011. Por la autopista del Huerna hubo también aumento del tráfico, de 5.000 en 1995 a el doble en 2011.

Pese a todo, la mejora de las infraestructuras no ha logrado fijar población en la comarca, explica Fernández Noguerol. «La gente si vive en un sitio es porque hay trabajo y puede desarrollar ahí su vida». Al desaparecer la actividad principal en este territorio, la minería, se perdió esa masa poblacional. ¿Hubo transición con la reconversión? «El objetivo era pasar de una actividad económica a otra; pero aquí lo que hubo fue un cese. Surgieron algunas empresas, pero sin capacidad de crear empleo suficiente». Y es que Hunosa llegó a contar en los 60 con 25.000 trabajadores en un centenar de minas; ahora quedan unos 1.500 mineros». Con actividad, la gente no se habría ido, señala el geógrafo. Los fondos de la reconversión, que tenían como objetivo crear un tejido industrial alternativo, no han funcionado.

En el estudio se aborda, de hecho, la actual situación empresarial en la comarca. De este modo, se señala que Mieres cuenta con cinco polígonos industriales que suman más de un centenar de sociedades implantadas. En Lena hay dos parques industriales con casi una decena de firmas. En Aller, el área de Caborana cuenta con cinco empresas. «En la actualidad, no hay una nueva reconversión, prosigue la misma; lo que se hace es sacar la industria básica de Europa. Es un proceso de traslado hacia otros lugares. Se trata de un paso más de lo que se inició en los años 80 del siglo pasado», concluye el autor.

Una posición «estratégica»para las comunicaciones

Para el autor del estudio sobre la transformación del Caudal, Pola de Lena «es la segunda entidad de población con mayor variedad arquitectónica» de la comarca; la primera es Mieres. «Su riqueza morfológica no solo viene dada por su condición de 'pola', puesto que la práctica totalidad de su casco urbano tiene menos de un siglo, sino que se debe a su posición estratégica junto a las principales vías de comunicación de Asturias con el resto del país, destacando la A-66 y el ferrocarril entre Gijón y Madrid».

Santos Fernández Noguerol señala en su texto que son cuatro las tipologías de edificaciones las que se pueden encontrar en la localidad: «El núcleo histórico, los edificios alineados en los márgenes de las vías de comunicación, las colominas de viviendas sociales y la edificación en altura de iniciativa privada». Dentro del casco histórico, el autor se centra en el barrio de La Caleya, que está experimentando una renovación que prosigue en la actualidad desde finales del siglo XX. «En primer lugar, se peatonalizaron sus calles; en segundo, comenzó a renovarse su caserío mediante rehabilitaciones o nuevas construcciones de vivienda unifamiliar. Por todo ello, la imagen descuidada que presentaba el barrio ha cambiado considerablemente».

En relación con las colominas, son barriadas que comenzaron a levantarse en 1956 al sur del colegio Nuestra Señora del Pilar. «Éstas son prácticamente idénticas a las presentes en el barrio de San Pedro de Mieres, al de San Isidro de Moreda o las de Campomanes».

Los bloques de viviendas privadas ocupan casi la totalidad del espacio urbano. Su distribución se caracteriza porque los usos residenciales comparten espacio con otros de uso industrial. También por su diseño 'abierto' de las manzanas de edificios.

Un cambio urbano propiciado con el cierre del Pozo Barredo

Hasta 15.000 habitantes por kilómetro cuadrado llegó a tener el área urbana de Mieres a finales de la década de los años 50 del siglo pasado. En los años 60, el censo superaba los 71.000 habitantes. En la actualidad, la cifra es inferior a 40.000. Además del aspecto poblacional, la localidad ha experimentado cambios por la reconversión industrial. «La pérdida de la actividad minera ha hecho desaparecer no solo los pozos mineros como Barredo, situado al sur de Mieres y convertido en campus universitario, sino también la mayoría de las infraestructuras de las que aquella servía», se desprende del texto del geógrafo Santos Fernández Noguerol. «A día de hoy, solo se conservan, al norte de la ciudad, las instalaciones del lavadero Batán».

El estudio señala que el espacio urbano se ha seguido viendo afectado por el proceso de renovación de los edificios más antiguos, «hecho que ha conllevado una densificación de la edificación debido al aumento de las alturas». Al margen de los dos ensanches de la localidad, «este hecho ha sido especialmente visible en los barrios históricos de La Villa y Requejo, donde los nuevos edificios, a pesar de tratar de mimetizarse, han supuesto una desvirtuación total del carácter rural de estos espacios».

El estudio aborda el actual plan de reforma del último ámbito urbano libre del centro, La Mayacina. «El proyecto, a mediados de 2011, aún no estaba concluido, aunque se había terminado la primera fase –con la construcción de viviendas de protección– y la segunda tenía los primeros avances, especialmente en lo referente a los equipamientos públicos».

El Ayuntamiento, precisamente, se encuentra en la actualidad ultimando el proceso para habilitar un parque en la explanada que queda libre y que se va a financiar con fondos europeos.

Una localidad dibujada por las minas y las infraestructuras

El estudio de Santos Fernández Noguerol indica que el conjunto urbano en el fondo de valle del río Aller por Moreda y Caborana es, desde el punto de vista morfológico, «uno de los más complejos» del Caudal. «Esto se debe, principalmente, a la importancia que tuvo la minería en este espacio, donde en menos de dos kilómetros se concentraban tres pozos de extracción». Esto provocó una ocupación muy intensa desde el punto de vista residencial, pero también del industrial y de infraestructuras.

El autor señala que dentro de los espacios de predominio residencial, a diferencia de otras villa del Caudal, Moreda y Caborana carecen de un núcleo histórico. «Por tanto, la morfología de sus edificios se pude resumir en tres tipologías: aquellos alineados en torno a ejes de comunicación, las barriadas de viviendas para mineros y los bloques de pisos.

Las carreteras, especialmente el corredor del Aller (la AS-112), son un elemento fundamental para entender la distribución y ordenación urbana de ambas localidades, explica el geógrafo.

Sobre las barriadas mineras, el autor explica que «su diversidad es llamativa y, a la vez, expresiva de la importancia que tenía el colectivo en esta parte del valle». La estructura urbana curvada pero ordenada» surge de la necesidad de adaptarse a las condiciones topográficas de su situación». La estructura actual de estas edificaciones es bastante similar a la que mostraban a finales de la década de 1960. «Su precio de mercado en 2007, cuando la crisis del sector inmobiliario no se había agudizado, rondaba los 30.000 euros, lo que, a pesar de ser similar al de otras barriadas del valle del Caudal o del Nalón, expresa su escasa valoración». Esto se debe a su reducido tamaño, que ronda los 50 metros cuadrados de media.

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