Las inundaciones de 2010, el peor momento de la historia del hospital

Pacientes del hospital, evacuados en canoas durante las inundaciones de junio de 2010. /
Pacientes del hospital, evacuados en canoas durante las inundaciones de junio de 2010.

«Quedó desguazado. Cuando acabó aquel día lloramos muchísimo. Creíamos que el Grande Covián se acababa»

TERRY BASTERRA ARRIONDAS.

Si el hospital de Arriondas ha vivido un momento crítico en sus veinte años de historia, ese ha sido el de las inundaciones de 2010. El centro, levantado en una zona inundable, quedó aislado y tuvo que ser evacuado como consecuencia de las crecidas de los ríos Piloña y Sella. Los médicos que trabajan en el Grande Covián todavía recuerdan aquel 16 de junio como una jornada fatídica y una de las más tristes que les tocó vivir, pero también en la que el compañerismo entre sanitarios, vecinos de la comarca y empresas del entorno fue más que patente y ayudó a reducir los efectos de aquella catástrofe.

«La inundación fue un momento crítico. Nos quedamos sin luz, sin agua y aislados. Tuvimos que evacuar a los enfermos. La gente de las empresas de canoas de la zona se volcó, pero también el personal del hospital y los vecinos», recuerdan estos médicos veteranos.

Aquel día, el agua inundó la planta baja del centro, alcanzando más de un metro de altura. Pese a ello, el personal del hospital se afanaba en salvar todo el material médico, equipos, medicamentos, historiales y muestras existentes en esta zona de las aguas que pudieron, mientras otros compañeros se dedicaban a bajar a los pacientes «de uno en uno» desde la primera planta, para trasladarlos a otros centros hospitalarios.

Llegaron a subir hasta máquinas de diálisis por las escaleras entre varias personas, como recuerda Pedro Abad, ya que los ascensores habían quedado inutilizados. «Nos fuimos de la planta baja cuando el agua alcanzó las ventanas y desde los servicios de emergencias nos dijeron que saliésemos de allí porque se podían romper por la presión y generarse una ola allí dentro», recuerda la doctora Alicia González Marroquín. Abad fue uno de los últimos en abandonar aquella planta. Cuando cerraron la puerta, apareció un compañero avisándoles de que había quedado sin recuperar una muestra importante para cuya obtención habían operado a una persona. Volvieron a bajar y consiguieron localizarla entre la penumbra.

«Cuando acabó el día, muchos nos derrumbamos y lloramos muchísimo. Pensábamos que el hospital se acababa. A eso se sumaba ver cómo habían quedado el pueblo y las casas de algunos de nosotros o de nuestros amigos», recuerdan.

«El hospital quedó desguazado, pero los médicos que estaban de guardia aquel día se quedaron en el centro. Aquella jornada y las siguientes todo el personal y gente de la zona vino a limpiar el Grande Covián», recuerdan con orgullo estos profesionales, para quienes su vida no se entendería sin este hospital y lo que se han dado mutuamente.