Los concejos con arte rupestre piden «voluntad política» para abrir las cuevas

Réplica de la cueva cabraliega de La Covaciella en el centro de interpretación Casa La Bárcena. / ACEBAL
Réplica de la cueva cabraliega de La Covaciella en el centro de interpretación Casa La Bárcena. / ACEBAL

Peñamellera Alta, Cabrales y Ribadedeva instan al Principado a seguir los pasos de Cantabria, con más patrimonio visitable

GLORIA POMARADA ALLES.

El arte rupestre paleolítico declarado Patrimonio de la Humanidad dista, una década después, de suponer un tirón turístico para los concejos que los albergan, especialmente para aquellos de menor tamaño. Así lo perciben desde Peñamellera Alta, Ribadedeva y Cabrales, municipios donde se encuentran las cuevas de Llonín, El Pindal y La Covaciella. Solo la ribadedense permanece actualmente abierta a las visitas, un requisito que entienden fundamental para atraer visitantes. «Tiene que haber un interés político, las cuevas pueden atraer a muchos turistas y generar movimiento, sobre todo en una zona donde hay poco», sostiene el alcalde de Ribadedeva, Jesús Bordás (PSOE). El ejemplo, añade, se encuentra en el modelo cántabro. «En Cantabria que está al lado hay más abiertas y todas con visitas guiadas, es el ejemplo de que si se quiere se puede», señala. De las nueve cuevas declaradas Patrimonio de la Humanidad el mismo año que las asturianas, siete permanecen abiertas: Chufín, La Pasiega, El Pando, Hornos de la Peña, Las Monedas, El Castillo y Covalanas. El régimen de visitas se adapta a las peculiaridades de cada espacio, con fórmulas que van desde la apertura todo el año a la limitación a grupos en temporadas concretas. Solo dos, Las Chimeneas y La Garma, permanecen cerradas. «También Francia está mucho más adelantada», recuerda el regidor de Peñamellera Alta, José Antonio Roque.

La conservación ha sido del lado asturiano el argumento apuntado para preservarlas del acceso al público, un punto que no comparten los concejos. «Por un grupo reducido no se van a deteriorar», indican, a la par que recuerdan el uso dado por los habitantes durante décadas, entre ellos el de espacio para la maduración de queso. Es el caso de la cueva de Llonín, cuyo futuro estudia ahora el Principado. Cuando concluya el informe elaborado por Cultura, previsiblemente a finales de año, una de las consecuencias podría ser su apertura, indican desde la consejería.

Para el alcalde José Antonio Roque la medida debe ir acompañada de una promoción conjunta del patrimonio de arte rupestre de la comarca. Su propuesta pasa por retomar la ruta del paleolítico, ya esbozada con anterioridad pero nunca materializada. «Hace cuatro años existió una iniciativa del Leader y se invitó al Principado a colaborar», recuerda el regidor de Ribadedeva, que considera el proyecto una «grandísima idea». «El Pindal necesita promoción», afirma. En el mismo punto coincide el alcalde de Cabrales, Francisco González (PP). «La ruta quedó en el aire, aquí tenemos la réplica de La Covaciella sin demanda, hay que publicitarla a otro nivel», sostiene. Esa reproducción se encuentra en el centro de interpretación Casa La Bárcena, en Carreña, y fue en su momento financiada por el Principado y el Ministerio de Cultura.

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Ubicación de las réplicas

La ubicación de las réplicas es otro foco de malestar en la comarca. A excepción de la cabraliega, el resto se encuentra en el Parque de la Prehistoria de Teverga. Por su parte, la cuarta cueva Patrimonio de la Humanidad de la comarca y la más conocida, Tito Bustillo, dispone en el Centro de Arte Rupestre de reproducciones de parte de los paneles. La copia exacta de la galería de los caballos se encuentra también en Teverga.

El Principado anunciaba el pasado abril que trabaja en un «novedoso» modelo en 3D para las cuevas Patrimonio de la Humanidad. Los detalles desvelados por el Gobierno autonómico hasta la fecha pasan por uno de los responsables del proyecto, Pedro de Saura, experto en arte rupestre con experiencia en la réplica de Altamira. De hecho, la conocida como 'Neocueva' cántabra fue realizada por De Saura y Matilde Múzquiz tras estudiar durante veinticinco años el techo de la caverna. Esa réplica es hoy uno de los motores turísticos del conjunto museístico del paleolítico de Cantabria, que el pasado 2017 superó los 287.000 visitantes.

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