«Quizá tardemos tres años en recuperarnos de este golpe»

Ganaderos, agricultores y apicultores hacen balance de los daños y tratar de recuperar a sus animales perdidos

BELÉN G. HIDALGO ALLANDE.

Sofocados los incendios que asolaron el suroccidente asturiano, comienza el recuento de los daños originados por el fuego. Ardieron casas, paneras, cabañas, naves ganaderas, colmenares... A estas pérdidas habrá que añadir los animales que se quedaron atrapados por las llamas o que murieron asfixiados cuando intentaban huir.

La ganadería de Dylan Canto cuenta con 65 cabezas de vacuno. Como consecuencia del incendio que también arrasó la nave ubicada justo encima de Fonteta, en el concejo de Allande, 35 de sus vacas se perdieron por la sierra del Valledor. Durante la jornada de ayer encontró dos reses: un ternero y una vaca. Su búsqueda aún no ha terminado. «Me faltan cuatro vacas aún», dice Canto. «Calculo que habré perdido unos 2.000 euros aproximadamente», calcula este ganadero, que ha perdido más de 25.000 euros en forraje.

En Villanueva del Valledor se encuentra la ganadería de Rubén López. Es dueño de unas seiscientas cabras bermeyas y cerca de 150 cabezas de vacuno. La madrugada del lunes la pasó en el monte, tratando de sacar del fuego a sus cabras. Ahora, recorre los alrededores del Pozo de las Mujeres Muertas tratando de reagrupar el rebaño que se desorientó con el humo. Por el momento, no ha contabilizado ninguna pérdida. No obstante, prefiere ser cauto.

También en el Valledor se encuentran las cerca de 500 colmenas del apicultor Celso Villanueva, de San Salvador. «El mayor problema no es la pérdida de las colmenas. El incendio arrasó el pasto del que se alimentan las abejas. ¿Qué van a comer ahora?», se preguntaba este empresario que señala que aún es temprano para hacer una valoración de los daños que han podido sufrir en este sector.

«Quizá tardemos tres años en recuperarnos de este golpe. Lo más importante es que se regenere el pasto para las abejas», concluye. Sus esfuerzos se centran en reponer los cercados con los que protegía sus colmenares de los posibles ataques del oso. «Quemaron las alambres y los pastores eléctricos».

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