Sanz Montes: «Las calumnias por los casos heredados de abusos le han costado la vida»

La catedral maragata se llenó para despedir al obispo de Astorga. / FOTOGRAFÍAS: JOAQUÍN PAÑEDA
La catedral maragata se llenó para despedir al obispo de Astorga. / FOTOGRAFÍAS: JOAQUÍN PAÑEDA

El arzobispo de Oviedo presidió el funeral por el obispo de Astorga, un asturiano «querido por sacerdotes y laicos»

MARCO MENÉNDEZ ASTORGA.

No quedó un sitio libre en la catedral de Santa María de Astorga para despedir a su obispo, el asturiano Juan Antonio Menendez. Hasta 32 obispos y vicarios generales, autoridades civiles y militares y cientos de fieles abarrotaron el templo en una misa exequial, a cuyo término se procedió al entierro de Menendez en la capilla de San Jerónimo. Presidió el oficio el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, quien tuvo palabras de cariño para Menéndez. Relató cómo fue la mañana de diciembre de 2015 en la que se le comunicó que el papa Francisco le había elegido para ocupar el obispado maragato, cómo lo tuvo dos años como obispo auxiliar y que le esperaba «un horizonte tan bello, pero que ha durado tan poco». Valoró sus consejos y «le vi crecer en la alegría entre vosotros, se supo muy querido por los sacerdotes, los consagrados y los laicos».

Pero Sanz Montes también habló de las dificultades a las que tuvo que hacer frente Menéndez, «una serie de situaciones heredadas que intentó abordar con mesura, prudencia y tacto». Apuntó que no siempre tuvo el beneplácito de algunas personas, «dejando en él la huella del sufrimiento que cristianamente asumió con entereza y paciencia. Casos concretos de sacerdotes descentrados y extraviados que hicieron daño a personas inocentes, víctimas de sus desvarios». E hizo hincapié en que «no rehuyó la cruz que supuso su entrega, por más que esto haya pagado en él el alto precio de un desgaste y sufrimiento que le ha costado la vida». «Las dificultades, las heridas que deja la vida cuando nos zarandean la incomprensión, la calumnia, el ensañamiento..., quizás no se perciban cuando las críticas y desgarros quedan por dentro», añadió.

En el oficio participaron 32 obispos y vicarios generales. Entre ellos, Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, el obispo de Madrid, Carlos Osoro, y los asturianos Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza, y José Sánchez, emérito de la misma diócesis. También estaban los arzobispos de Pamplona, Granada, Valencia y Santiago, y los obispos de Zamora, Ávila, Bilbao, Orense, León, Santander, Vitoria y San Sebastián, entre otros, además de Jorge Juan Fernández Sangrador, vicario general de Oviedo.

Antes del funeral en la catedral astorgana el cuerpo de Menéndez fue velado en la capilla del seminario, de donde partió un cortejo fúnebre en el que participaron, entre otros, el alcalde Arsenio García, el presidente de la diputación de León Juan Martínez Majo, el subdelegado del Gobierno Faustino Sánchez y el consejero de Fomento Juan Carlos Suárez Quiñones. La comitiva, acompañada por la banda de música municipal y encabezada por el rector del seminario mayor, Enrique Martínez, recorrió Astorga. La entrada del cuerpo de Menéndez a la catedral, a hombros de sus compañeros de la diócesis, estuvo acompañada por una cerrada ovación de sus fieles y amigos. Las filas delanteras del templo estaban reservadas a los familiares del difunto y para los más de 300 compañeros de sacerdocio, que no pudieron ocultar su emoción, entre ellos el padre Ángel García, presidente de Mensajeros de la Paz y muy amigo del finado.

Menéndez quedará ya ligado para siempre a Astorga, pues fue enterrado en la capilla de San Jerónimo, a la derecha del altar mayor y en la que reposan los restos del obispo Casteltor, que falleció cuando visitaba las obras del palacio episcopal de Gaudi. Menéndez murió de un infarto el miércoles, a los 62 años. Natural de Grado, fue ordenado sacerdote en 1981. Tras pasar por parroquias de Cangas del Narcea, Teverga, Oviedo y Aviles, en 2013 fue nombrado obispo auxiliar de Oviedo y dos años más tarde obispo de Astorga.