Los tres factores que influyen en la obesidad

Tania Fernández Navarro, con la directora de su tesis, Sonia González Solares y María Gómez, compañera de laboratorio. / P. LORENZANA
Tania Fernández Navarro, con la directora de su tesis, Sonia González Solares y María Gómez, compañera de laboratorio. / P. LORENZANA

Dieta, microbiota intestinal y factores sanguíneos influyen en la regulación del peso

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

La obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial. En 2016, tres de cada diez habitantes del planeta tenían sobrepeso y más de 796 millones sufrían obesidad. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren en el mundo 2,8 millones de personas por ambas causas. Son muchos los estudios que abordan este problema, pero «el enfoque tradicional, basado en el impacto de uno o varios componentes dietéticos aislados sobre el peso corporal, parece insuficiente para darle respuesta». Es la opinión de la bióloga Tania Fernández Navarro, investigadora del grupo de Dieta, Microbiota humana y Salud del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado (ISPA). A principios de marzo leyó en la Universidad de Oviedo una tesis basada en un trabajo pionero que «ofrece una visión multidisciplinar».

Lo que se hizo en esta tesis fue evaluar la interacción de todos los componentes que se consumen con la dieta habitual -haciendo especial hincapié en aquellos compuestos que tienen mayor interés para la composición y la actividad metabólica de la microbiota intestinal, como las fibras y los polifenoles- con otros parámetros fisiológicos, como la concentración de ácidos grasos en sangre y la microbiota intestinal, como «uno de los factores de mayor interés en la búsqueda de nuevos mecanismos que expliquen la relación entre dieta y obesidad».

Lo que pudo esclarecer por primera vez fue que «el efecto de una variable sobre el riesgo de obesidad depende a su vez de otra serie de factores». Entre ellos, el género. Ser hombre o mujer «condiciona una respuesta metabólica u otra». Incluso dentro del mismo género «parecen existir diferentes alternativas». Por ejemplo, «aquellas personas que presentaban mayor consumo de ácido eicosapentaenoico (EPA) eran las que presentaban menor riesgo de obesidad», expone la bióloga, que inició en 2015 una investigación en la que se estudió a 144 sujetos, con y sin obesidad. Sin embargo, «en aquellos casos en los que no se alcanzaron los niveles de EPA establecidos en nuestro estudio como protectores, era posible conseguir un peso saludable siempre y cuando hubiera unos determinados niveles de ciertas bacterias». En el caso de las mujeres, por ejemplo, se vio que los niveles de bifidobacterias «actúan como moduladores en el metabolismo lipídico».

Esto permitiría «abrir vías de tratamientos personalizados en el futuro», añade la autora de la tesis 'Dieta y obesidad: relación con la microbiota intestinal', codirigida por Sonia González Solares y Nuria Salazar Garzo. Sus resultados pueden resultar de interés para la industria alimentaria. «Abren la puerta al diseño de nuevas estrategias dietéticas personalizadas, donde tanto la administración de dietas con alto contenido en frutas, verduras y pescados grasos, fuente de fibra, polifenoles y ácidos grasos omega-3, como el uso conjunto de un ácido graso con un probiótico determinado pueden ayudar a disminuir los niveles de aquellos marcadores involucrados y a mejorar la respuesta a los tratamientos», concluye.